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jueves, 22 de junio de 2017

Plátanos al sol (por Fernando Pessoa)



He salido de casa con un gran objetivo, que era, al final, llegar a tiempo a la oficina. Pero, este día, la propia compulsión de la vida participaba de aquella otra buena compulsión que hace que el sol venga a las horas del almanaque, conforme a la latitud y a la longitud de los lugares de la tierra. Me he sentido feliz porque no podía sentirme desgraciado. He bajado la calle reposadamente, lleno de seguridad, porque, en fin, la oficina conocida, la gente conocida que hay en ella, eran seguridades. No es de admirar que me sintiera libre, sin saber de qué. En los cestos puestos en los bordes de las aceras de la Calle de la Plata los plátanos en venta, bajo el sol, eran de un amarillo grande. Me contento, después de todo, con muy poco: el que haya cesado la lluvia, el que haya un sol bueno en este Sur feliz, plátanos más amarillos porque tienen manchas negras, la gente que los vende porque habla, las aceras de la Calle de la Plata, el Tajo al fondo, azul verdoso tirando a oro, todo este rincón doméstico del sistema del Universo. Llegará el día en que ya no vea esto, en que sobrevivirán los plátanos del borde de la acera, y las voces de las vendedoras sagaces, y los periódicos del día que el pequeño ha desplegado de un lado a otro de la esquina en la otra acera de la calle. Bien sé que los plátanos serán otros y que las vendedoras serán otras, y que los periódicos tendrán, para quien se incline a verlos, una fecha que no es la de hoy. Pero ellos, porque no viven, duran aunque sean otros; yo, porque vivo, paso aunque sea el mismo. Este momento, podría solemnizarlo comprando plátanos, pues me parece que en éstos se ha proyectado todo el sol del día como una linterna sin máquina. Pero me da vergüenza de los rituales, de los símbolos, de comprar cosas en la calle. Podrían no envolver bien los plátanos, no vendérmelos como deben ser vendidos por no saber yo comprarlos como deben ser comprados. Podrían extrañar mi voz al preguntar el precio. Más vale escribir que atreverse a vivir, aunque vivir no fuera más que comprar plátanos al sol, mientras hay sol y hay plátanos en venta. Más tarde, quizás... Sí, más tarde... Otro, quizás... No sé...




4 comentarios:

hAiKu dijo...

Para construir
y para demoler,
las mismas manos.

(RAFAEL BALDAYA)

cajón desastre dijo...

La realidad es como un programa de televisión que sólo usted puede ver y que no puede apagar.

(EAGLEMAN)

cajón desastre dijo...

Yo quiero seguir jugando a lo perdido,
quiero ser a la zurda más que diestro,
quiero hacer un congreso del unido,
quiero rezar a fondo un Hijonuestro.

(SILVIO RODRÍGUEZ)

ORáKULO dijo...

Hay más cosas vivibles que vida para vivirlas.