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domingo, 18 de septiembre de 2011

Correrá todo sin ti (por Fernando Pessoa)

Si te quieres matar, ¿por qué no te quieres matar?
¡Ah, aprovecha! Que yo, que tanto amo la muerte y la vida,
si osase matarme, también me mataría...
¡Ah, si te atreves a hacerlo, atrévete!
¿De qué te sirve el cuadro sucesivo de las imágenes externas
a las que llamamos mundo?
¿La cinematografía de las horas representadas por actores de convenciones
y poses determinadas, el circo polícromo de nuestro dinamismo sin fin?
¿De qué te sirve tu mundo interior que desconoces?
Tal vez, matándote, lo conozcas finalmente...
Y de cualquier forma, si te cansa el ser, ¡Ah, cánsate noblemente,
y no cantes, como yo, la vida, por ebriedad, no saludes como yo la muerte en literatura!
¿Haces falta? ¡Oh, sombra fútil llamada gente!
Nadie hace falta; no haces falta a nadie...
Sin ti, correrá todo sin ti.
Tal vez sea peor para todos tu existir que el que te mates...
Tal vez peses más durando que dejando de durar...
¿El dolor de los otros?...
¿Tienes remordimiento adelantado de que te lloren?
Descansa: poco te llorarán.
El impulso vital apaga las lágrimas poco a poco,
cuando no son por cosas nuestras,
cuando son por lo que les sucede a los otros, sobre todo la muerte,
porque es la cosa después de la cual nada sucede a los otros...
Primero es la angustia, la sorpresa de la venida del misterio y de la falta de tu vida hablada.
Después es el horror del féretro visible y material,
y los hombres de negro que ejercen la profesión de estar allí.
Después la familia para velar,
inconsolable y contando anécdotas lamentando la pena de que hayas muerto,
y tú, mera causa ocasional de aquella lamentación,
tú verdaderamente muerto, mucho más de lo que calculas...
Mucho más muerto aquí de lo que calculas aunque estés mucho más vivo más allá...
Después la trágica retirada para la sepultura o la fosa,
y después el principio de la muerte de tu memoria.
Hay primero en todos un alivio de la tragedia un poco inoportuna de que hayas muerto...
Después la conversación se aligera cotidianamente, y la vida de todos los días retorna a su día...
Después, lentamente te olvidan.
Sólo eres recordado en dos fechas anualmente:
cuando hace años que naciste, cuando hace años que moriste.
Nada más, nada más,
absolutamente nada más.
Dos veces al año piensan en ti.
Dos veces al año suspiran por ti los que te amaron,
y una u otra vez suspiran si acaso se habla de ti.
Encárate en frío, y encara en frío lo que somos...
Si quieres matarte, mátate.
¡No tengas escrúpulos morales, recelos de inteligencia!
¿Qué escrúpulos o recelos tiene la mecánica de la vida?
¿Qué escrúpulos químicos tiene el impulso que genera las savias,
y la circulación de la sangre, y el amor?
¿Qué memoria de los otros tiene el ritmo alegre de la vida?
Ah, pobre vanidad de carne y hueso llamada hombre.
¿No ves que no tienes absolutamente ninguna importancia?
Eres importante para ti, porque es a ti que te sientes.
Eres todo para ti, porque para ti eres el universo,
y el propio universo y los otros satélites de tu subjetividad objetiva.
Eres importante para ti porque sólo tú eres importante para ti.
Y si eres así, oh mito, ¿no serán los otros así?
¿Tienes, como Hamlet, el pavor a lo desconocido?,
pero, ¿qué es lo conocido? ¿qué es lo que tú conoces, para que llames desconocido
a cualquier cosa en especial?
¿Tienes, como Falstaff, el amor aceitoso de la vida?
Si así la amas materialmente, ámala todavía más materialmente,
¡tórnate parte carnal de la tierra y de las cosas!
Dispérsate, sistema fisicoquímico de células nocturnamente conscientes por la nocturna
conciencia de la inconsciencia de los cuerpos,
por la gran manta no-cubre-nada de las apariencias,
por el césped y la hierba de la proliferación de los seres,
por la neblina atómica de las cosas, por las paredes remolineantes del vacío dinámico del mundo.

11 comentarios:

F. anti Pessoa, dijo...

Este Pessoa empieza a caerme gordo. Admiraba sus poemas cuasi filosóficos, que te abisman en un mundo subterráneo que alguien menos escéptico que yo, pudiera pensar que lo emplazaban ante las puertas del mismísimo Averno. Pero con esta apología del suicidio me parece que tiene un morro que se lo pisa.
Porque perora con lo fácil que es sustraerse de la menor adversidad quitándose de en medio. Y viene a decir que a qué soportar la humillación del jefe que nos canea; o soportar a que la parienta esté de morros por más de una semana por cualquier nimiedad; o ahora que la Crisis nos hiela el corazón a tantos (ahí ya tengo mís dudas de que la incitación sea temeraria), salir de ella; o que no se haya de soportar un mal resfriado, con lo facil que es darle al interruptor de la vida...
Nada habla de la experiencia que supone acercar un filo a la delicada piel de venas azuladas de la muñeca. Y luego desgarrarla y ver salir la sangre a borbotones. O abrir la espita del gas y acostarse sobre el colchón mientras el corazón está a punto de quebrar las costillas y esperar
a los primeros síntomas del tóxico letal.
Fácil sí que es; quien tenga en casa una bolsa de Mercadona y un rollo de cinta adhesiva, lo tiene a güevo... Pero falta lo principal: el impulso suicida que obvie tento horror.
Yo pensaba que don Nano era más sólido, intelectualmente hablando. Y él no dio ejemplo de esto que propugnaba y prefirió morirse en el hospital con el hígado hecho fosfatina. Y eso dolía. Con lo fácil que era que pidiese a alguno de sus amigos -a Ricardo Reis, por ejemplo- que le procurase el Veronal para la última singladura. Pero no, eso quedaba para Stefan Zweig, que tuvo agallas para ello con menor motivo. Pienso.
O sea, los consejos para los demás, que yo lo haré my way.

PD.- Hace un par de días, estaba yo sobre el puente de San Pablo, en Cuenca, para admirar la panorámica que se vé desde allí de las Casas Colgadas. Abajo, el abismo en cuyo fondo corre el Huécar. Pensé qué facil lo iba a tener un suicida con redaños. Imaginé el último vuelo... Pero no iba a haber tal vuelo, sino una caída vertical, como una piedra. Y que se iba a despanzurrar como un perro muerto de autopista. Nada poético ni digno había en ello.
Pero ya se sabe: hay gente pa to.
Ellos mismos.

Anónimo dijo...

Pessoa no se suicidó, pero siguió bebiendo alcoholes fuertes como un cosaco, aunque los médicos se lo habían prohibido tajantemente por la grave enfermedad hepática que padecía. Esto sí revela una cierta tendencia autodestructiva. En todo caso el suicida-suicida tiene que vencer al instinto más poderoso, que es el de supervivencia, el cual no cede así como así. Algunos psiquiatras consideran que un suicida es, por definición, un enfermo mental. Claro que eso depende de qué se entienda por enfermedad mental, no?

Agridulce dijo...

Un poco fantasmón sí que era Pessoa. Dicen que tenía varias decenas de heterónimos. Este poema, en concreto, es del heterónimo Álvaro de Campos, siempre pesimista y amargado. Claro que Pessoa también escribió que

El perfecto fingidor
finge tan perfectamente
que hasta finge que es dolor
el dolor que en verdad siente.

F. puntualiza dijo...

Obviamente (o casi), lo que digo de don Pessoa es una broma: él es descomunal forever.

Y el que quiera autoultimarse, aquí tiene mi Colt 45. Ni lo juzgo, ni lo critico, ni lo aplaudo, ni lo ayudo...
Lo malo sería que yo esté equivocado y que después del tránsito le espere el Gran Barbudo Cejijunto.
Y que le entierren a uno fuera de sagrado, tampoco mola.
Creo que debemos aguantar lo que nos echen.
Total pa lo que dura la fiesta...

Anónimo dijo...

Pessoa, que en portugues significa persona, era en realidad muchas personas. Mas o menos como todos, que tenemos varios yoes, solo que el les puso nombre y apellidos a sus multiples pessoas/ personas.

Mar Proceloso dijo...

¿Y me olvidarán pronto las mujeres que me han amado? Y, ¿qué ha de importarme si ya no existo? Pero me duele la simple idea de que no perviva más, en ellas y en mí, la improbable esperanza de un encuentro, ese rescoldo de esperanza que siempre asiste aún en las causas perdidas, en los naufragios sin almadía a qué agarrarse, en los enfermos terminales, en los condenados que tensan los tímpanos por oír la lejana campanilla de un teléfono salvador...
Siempre resta un átomo de esperanza mientras vivimos. Es duro admitir que con la muerte dejamos un sutil efluvio que apenas dura unos momentos. Y todo va a seguir..., pero nosotros estaremos ausentes por toda la Eternidad.

Anónimo dijo...

Después de leeros a todos, creo que Fernando, simplemente fue ineludiblemente coherente con su heterónimo. Mal que le pesase.

CC dijo...

Pessoa era una especie de kafka a la portuguesa. En vida apenas publicó, salvo poemas sueltos en una revista literaria llamada Orpheu. Casi todos sus poemas (y su prosa: concretamente el Libro del Desasosiego) se encontró manuscrita e inédita tras su muerte, en un baúl que Pessoa (quien nunca tuvo casa propia y vivía de alquiler o en pensiones) llevaba a todas partes.

TAN TONTíN dijo...

Quien ríe el último... probablemente no ha entendido el chiste.

casa de citas dijo...

La invención del fútbol es uno de los mayores crímenes de Inglaterra.

(BORGES)

Cide Hamete Benengeli dijo...

Me puse a cortar un pino
en el pinar del amor.
Del pino saltó una astilla,
se clavó en mi corazón.