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sábado, 10 de septiembre de 2011

Plenitud de una ola (por Luis Rosales)

Es curioso saber que todo empieza en la transmigración de la saliva
y mis ojos dentro de poco van a cumplir dos años.
Lo cierto está tan cerca que el silencio me ha cortado los pies
y la sangre gotea sobre la alfombra
ya que no basta ver lo que se ve, es necesario adivinarlo.
Lo que se ve es un cuerpo en la penumbra,
un cuerpo que en la noche de amor tiene la plenitud de una
ola inmóvil,
que está siempre en su altura de dominio.
¿Nunca has pensado, amiga mía, que el cuerpo al desnudarse
está más junto?
y luego,
en el momento en que lo miras,
cobra su exactitud porque el mirar lo va configurando.
Todo consiste en la transmigración,
y hoy al verte he sabido
que el tacto es el recuerdo más antiguo que tiene el hombre,
y a veces puede aterrorizarnos
con su temblor de miel
lenta y originaria y envolvente.
El tacto es como el mar
y el cuerpo amado es de agua despacísima que no se mueve
sino hacia adentro,
desnaciéndose,
ya que la carne tiembla porque mira y al entregarse está
mirándonos.
Hay zonas de tu cuerpo que en la sombra relumbran
y tienen un calor reverberante
y un temblor desciñéndose que es la memoria de su origen,
y ya sabes que a veces
el cuerpo participa de la luz
pues el que toca lo cierto muere,
y noche adentro sientes que la profundidad del mar se hace
inmediata
con el roce más leve
pues lo profundo aterra: es desnacer,
y el agua de tu cuerpo está muy junta y muy temblada
ascendiendo de la sombra a la luz,
y nunca acaba su ascensión,
su encendimiento gradual,
y el pulso empieza en las estrellas,
y la creación del mundo se suspende hasta que ya en el mar
sólo queda una ola,
sólo cabe una ola que al llegar a la playa queda en vilo,
sabiendo
que no puede romper sino acabándose.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Qué gran poema. Una vez oí, no sé sin fundamento o con él, que Rosales, en su día, no hizo todo lo posible por salvar a Lorca cuando se lo llevaron para asesinarlo. Desde entonces le tengo un poco de manía. Pero hay que reconocer que éste que publicáis es un maravilloso poema de amor.

Carlos Cay dijo...

No son ciertas las imputaciones a Luis Rosales. Éste estuvo en grave peligro por haber acogido en su casa a García Lorca. De hecho, estuvo a punto de ser fusilado, pero intervino un hermano suyo, falangista significado, y el incidente terminó imponiéndose al poeta una multa de 25.000 pesetas. En aquellos dramáticos momentos, la vida de Luis Rosales peligró. Se ha exagerado mucho la importancia, dentro de la jerarquía nacionalista granadina, de la familia Rosales, llegándose a afirmar que los hermanos eran los jefes todopoderosos de la Falange granadina. Nada más lejos de la verdad, y menos a mediados de agosto, cuando el que mandaba en Granada era el gobernador civil, comandante José Valdés Guzmán.

Valdés era, técnicamente, falangista, habiendo sido nombrado jefe de milicias antes del Movimiento. Siendo así, no es de sorprender que Valdés decidiera proceder contra los Rosales por haber tenido en su casa a un rojo tan destacado como Federico García Lorc (acusado de ser, entre otras cosas, "espía de Rusia", amigo de Fernando de los Ríos, miembro de la Asociación de Amigos de la Unión Soviética y escritor que había criticado la España tradicional).

Durante muchos años Luis Rosales vino afirmando que, una vez detenido Lorca, mandó a las distintas autoridades granadinas un documento en el cual explicaba las razones que le habían impulsado a llevar a Lorca a su casa. Rosales siempre ha insistido en que, de localizarse una copia de dicho documento, se vería claramente que su actuación en todo lo relacionado con la detención del poeta había sido limpia. Pero el documento no aparecía. Ahora, por fin, gracias a las investigaciones del periodista granadino Eduardo Molina Fajardo, fallecido en noviembre de 1979, se puede leer la declaración de Rosales, que se reproduce en el libro de Molina "Los últimos días de García Lorca" (Plaza y Janés).

El texto de Rosales es de una extraordinaria relevancia, no sólo porque demuestra la veracidad de lo que éste vino diciendo durante tantos años, sino por la luz que arroja sobre los registros efectuados en la Huerta de San Vicente. Resulta que el primero de éstos, llevado a cabo el 5 de agosto de 1936, fue dirigido por Manuel Rojas Feijespan, capitán de la Guardia Civil y protagonista de la matanza de Casas Viejas del 12 de enero de 1933. Rojas estaba cumpliendo en Granada cuando empezó el Movimiento, siendo nombrado en seguida para sustituir a Valdés como jefe de milicias de Falange en aquella zona. Según Rosales, Lorca sería informado por Rojas, a raíz de aquel primer registro, que no había nada contra él, y el documento demuestra que en días sucesivos tampoco hubo orden para su detención.

Fascinante es la revelación de que el día antes de la detención del poeta (ésta se practicó en la tarde del 16 de agosto) ya se habían iniciado los trámites para prenderlo, sin informar de ello a Rosales, presentándose en la Huerta de San Vicente una escuadra al mando de Diez Esteve, miembro de la pandilla que rodeaba a Valdés en el Gobierno Civil.

Ahora es más evidente que nunca que la denuncia contra el poeta no emanó de la Falange granadina, sino de las gentes, cedistas en su mayoría, que asesoraban al gobernador civil.

F. y los rosales dijo...

Amigo Cay (eta, no): Yo también creo en la inocencia de Luis Rosales. Pero no porque nos haya inundado con la plenitud de olas de la belleza de la presente, y haga ello pensar que quien de tal marejada del espíritu es capaz, malamente pudo haber cometido semejante vileza criminal. Simplemente porque los hechos parecen eximirle de ella.
Porque el sublime Borges fue capaz de dar el parabién a la dictadura videliana. Pensaría -como Goethe- que mejor la injusticia que el desorden: cosas de ciegos. Aunque es cierto que después renegó de aquella, a la vista de tanto horror.
Y el bueno de Unamuno, se decantó -en un primer momento- a favor de los rebeldes genocidas... Lastimosamente, este gesto suyo ayudó a la causa del fascismo, ya que un intelectual de su fuste marcó la ruta de muchos indecisos. Pero, después, es cierto que abominó de tanta iniquidad con valentía, nada menos que ante las botas de un general tuerto y enloquecido. Y murió al poco, de pesar y de remordimiento...
Pero hay otros intelectuales -y artistas- que nos regalan sus joyas sin que su corazón albergue ni la bondad, ni el altruismo, ni el hambre de justicia.
Todos conocemos a alguno de ellos.
Pero Luis Rosales -creo- era inocente.

Anónimo dijo...

Me parece temerario acusar sin pruebas, mas aun de un hecho tan grave y aunque fuera por pasividad

Cide Hemete Benengeli dijo...

Yo no sé que tiene, madre,
no sé qué tiene la jota,
que hace llorar a los viejos
y hace bailar a las mozas.

Círculo Cultural FARONI dijo...


Quien fue mordido por una serpiente se asusta hasta de una lombriz.

(proverbio nigeriano)

ORáKULO dijo...

La extrañeza ve lo que la rutina oculta.

ORáKULO dijo...

El pasado es impredecible.