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jueves, 29 de septiembre de 2011

En la hora del desamor (por María Mercedes Carranza)

Ahora en la hora del desamor
y sin la rosada levedad que da el deseo
flotan sus pasos y sus gestos.

Las sonrisas sonámbulas, casi sin boca,
aquellas palabras que no fueron posibles,
las preguntas que sólo zumbaron como moscas
y sus ojos, frío pedazo de carne azul.

Días perdidos en oficios de la imaginación,
como las cartas mentales al amanecer
o el recuerdo preciso y casi cierto
de encuentros en duermevela que fueron con nadie.
Los sueños, siempre los sueños.

¡Qué sucia es la luz de esta hora,
qué turbia la memoria de lo poco que queda
y qué mezquino el inminente olvido!

8 comentarios:

Anónimo dijo...

La otra noche, en una duermevela,
escribí una carta de amor en mi cabeza,
y me parecía hermosa y digna de mi amada.
Las palabras brotaban insensibles, sin esfuerzo,
y deseé enardecido que llegara la mañana.
Y cuando el sol se deslizó por los resquicios
del negro cortinón que vela la ventana,
y se evaporaron los efluvios de la noche
y reparé otra vez en la grieta que cruza
de lado a lado el techo, en el cuadro...
Me pareció ridículo, pueril, una bagatela
aquello que entre sueños tenía por magnífico:
Todo quedó en fuego fatuo de duermevela.

casa de citas dijo...

Para crear, me he destruido.

(PESSOA)

Aldonza Lorenzo dijo...


No hay miel sin hiel.

Dimes Y Diretes dijo...


Desde hace cuatrocientos años los países subdesarrollados tienen un gran porvenir.

(FENETH)

hAiKu dijo...


Si ya detesto
verme en fotos, figúrense
verme en estatua.

(RAFAEL BALDAYA)

cajón desastre dijo...


Los lectores crean de nuevo los libros que leen. Shakespeare es más
rico hoy que cuando escribió. Cervantes también. A Cervantes le
enriqueció Unamuno; a Shakespeare le enriquecieron Coleridge y
Bradley. Así es como crece un escritor. Después de su muerte, sigue
desarrollándose en la mente de sus lectores. Y la Biblia, por ejemplo, es hoy más rica que cuando se escribieron por primera vez sus diversas partes. Un libro se beneficia del paso del tiempo. Todo le puede beneficiar. Hasta los malentendidos pueden ayudar a un autor. Todo ayuda, incluso la ignorancia o el descuido de los lectores. Después de haber leído un libro, se puede retener una impresión inexacta del mismo, pero eso significa que ha sido modificado en la memoria. A mí me sucede con frecuencia. ¡Caramba! No
sé si atreverme a confesarlo, pero siempre que cito a Shakespeare
¡me doy cuenta de que lo he mejorado!

(BORGES)

Aldonza Lorenzo dijo...

Aunque no tengan olores, valen más frutos que flores.

hAiKu dijo...

Ruidosamente,
antimusicalmente
roncaba Mozart.

(RAFAEL BALDAYA)