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viernes, 13 de enero de 2017

Ni lo uno ni lo múltiple (por A. R. Ammons)


Mantener el equilibrio

entre lo uno y lo múltiple sin

perder en la operación ni lo uno ni lo múltiple:

guárdate de la consistencia excesiva, la imposición

arbitraria

y descendente del uno abstracto

en las realidades de lo mucho:

de ese modo la unidad

no deriva del equilibrio de lo múltiple

sino de la destrucción de lo diverso:

es una unidad

inaccesible al cambio,

cercenada de las posibilidades reordenadoras de

la variedad:

cuando intenté resumir

los acontecimientos que esta tarde

hubo en un momento en la orilla del riachuelo,

la corriente ganando ímpetu aparente,

vencejos

revoloteantes

lanzándose a ensartar los bajos,

una banda

de mojarras

titubeando entre aguas hondas y someras,

el siseo con que la arena

formaba imágenes nuevas,

a ese compás y esa simetría,

la hierba componiendo

semicírculos de viento

en arena,

el escarabajo muerto en una huella,

titilando

bajo ráfagas de viento,

los tábanos

en su canción y su vértigo,

cuando procuré pensar cuántos

millones de retazos de eventos

han alterado el curso del riachuelo marino,

cuando me propuse hacer solo

una relación

de las olas del movedizo riachuelo azul,

quedé librado a un poder superior a mis fáciles fracasos,

librado a pensar

cómo puede tanta libertad

conservar ese ancho aspecto de calma

y equilibrio casi consignable:

una unidad que no aventa diferencias,

una unidad no insustancial y flaca como la abstracción,

no anodina como la teoría:

pienso en California, sus ciudades y praderas,

desiertos y campos de petróleo,

autopistas, bosques, riscos blancos,

valles, costas,

cabos rocosos;

y en los despintados

faros de Maine

en extremos de península,

las trampas y las ollas de langostas,

los lagos de agua dulce; en Chicago

colgado como una bolsa de huevos del borde

del lago Michigan, con

su Museo de Arte, su Prudential Building, su hotel

Knickerbocker (donde paraba Cummings);

en Carolina del Norte, los

estrechos de Pamlico y Albermarle, los bancos de arena,

las golondrinas en los cables de teléfono;

en el condado de Columbus

donde hierven

cacahuetes frescos

en ollas de acero, para que la sal

se filtre por las cáscaras hervidas (una exquisitez

tan grande

como los espárragos de Jersey o

las alcachofas): y sin parar atravesando pueblos,

por caminos de polvo, zanjones, barrancos de grava, y

más, hasta las casas, los ciudadanos y sus historias,

invenciones, anhelos:

pienso cómo enriquecen las diferencias, por inasimilables

que sean en total al arte: el pequeño

comerciante de

Kansas City declara un dividendo extra

y la hija

que es maestra en Duquesne

compra un Volkswagen, segundo coche para la familia:

de lo múltiple, uno:

de lo vario, una unidad preponderante, expresión de

la diversidad:

ningún libro de leyes, a falta de la inalcanzable realidad,

puede anticipar todos los acontecimientos,

controlar todos los acontecimientos: solo el libro de leyes

fundado contra sí mismo,

fundado en la libertad de que cada acontecimiento ocurra en sí,

perdura en el inevitable equilibrio que adoptarán los acontecimientos.



3 comentarios:

F. (una de romanos) dijo...

TRICLINIO


Gayo, amigo, tu triclinio alzado maltrata mis caderas.
Echo de menos la esclava nubia que tenías desde marzo, y ahora solo veo a un tracio fornido que ceba pebeteros y que me voltea con tirones de auriga de la túnica de lino, si me quejo de que me estoy entumeciendo. Harías bien, amigo, si compraras una esclava madura de Bitinia, de manos avezadas a tratar a un comensal que come poco.
Noto sombras en el patio peristilo que da al sur; sombras que no había la semana pasada a estas horas. Y esa fastidiosa melopea de tus viejos amigos ebrios...
El can de la puerta me ladra siempre, pese a lo asiduo que voy siendo. Veía hace dos meses una onza enjaulada que mercaba un africano en Ostia. Haría mejor cerbero que esa bestia que guarda ahora tu casa.
He notado cómo en el caldario se desmigajan los rollos de Suetonio. Por contra, parecen intactos los procaces pergaminos de Metelo. Mucho se ha perdido desde que vine la primera vez... Ya nada queda de Livio, acaso algo de Marcial.
Harías bien en podar la parra y en mandar que apilen la leña de forma más estable.
El columbario rezuma cagarrutas y me martillea en las sienes el batir del hierro de tu herrero.
Me hago viejo, Gayo. Pero tu domus se está desmoronando.

TóTUM REVOLùTUM dijo...

La mitad de una gota de agua sigue siendo una gota de agua.

ORáKULO dijo...

A diferencia de la ficción, a la realidad le da igual ser o no verosímil.