zUmO dE pOeSíA

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de todos los colores, de todos los sabores

ALEATORIUM: Saca un poema de nuestro almacén

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domingo, 29 de septiembre de 2013

Un salto (por Tomas Tranströmer)


Despertar es un salto en paracaídas desde el sueño.

Libre del agobiante torbellino, se hunde

el viajero hacia la zona verde de la mañana.

Las cosas se encienden. Él percibe —en la vibrante

postura de la alondra— las oscilantes lámparas subterráneas

del poderoso sistema de las raíces de los árboles. 


Pero a flor

de tierra

—en abundancia tropical— está el verdor

con los brazos al aire, en escucha

del ritmo de una bomba invisible. Y él

se hunde hacia el verano, se descuelga por

el cráter cegador, hacia abajo

a través de grietas de edades verdehúmedas

palpitantes bajo la turbina del sol. Así es detenido

este viaje vertical por el instante y las alas se ensanchan

hasta ser la quietud del gavilán sobre aguas torrenciales.

Tonos desamparados

de las trompetas de la Edad de Bronce

cuelgan sobre el abismo.

En las primeras horas del día, la conciencia puede abarcar

el mundo

como la mano oprime una piedra entibiada por el sol.

El viajero está bajo el árbol. ¿Se extenderá,

después de la caída por el torbellino de la muerte,

una gran luz sobre su cabeza?

sábado, 28 de septiembre de 2013

Y volvimos a encontrarnos (por Susana Thénon)


me he casado
me he casado conmigo
me he dado el sí
un sí que tardó años en llegar
años de sufrimientos indecibles
de llorar con la lluvia
de encerrarme en la pieza
porque yo —el gran amor de mi existencia—
no me llamaba
no me escribía
no me visitaba
y a veces
cuando juntaba yo el coraje de llamarme
para decirme: hola, ¿estoy bien?
yo me hacía negar

llegué inconcluso a inscribirme en una lista de clavos
a los que no quería conectarme
porque daban la lata
porque me perseguían
porque me acorralaban
porque me reventaban

al final ni disimulaba yo
cuando yo me requería

me daba a entender
finamente
que me tenía podrida

y una vez dejé de llamarme
y dejé de llamarme
y pasó tanto tiempo que me extrañé
entonces dije
¿cuánto hace que no me llamo?
añares
debe de hacer añares
y me llamé y atendí yo y no podía creerlo
porque aunque parezca mentira
no había cicatrizado
sólo me había ido en sangre
entonces me dije: hola, ¿soy yo?
soy yo, me dije, y añadí:
hace muchísimo que no sabemos nada
yo de mí ni mí de yo

¿quiero venir a casa?

sí, dije yo

y volvimos a encontrarnos
con paz

yo me sentía bien junto conmigo
igual que yo
que me sentía bien junto conmigo
y así
de un día para el otro
me casé y me casé
y estoy junto
y ni la muerte puede separarme

viernes, 27 de septiembre de 2013

Para la desnudez última (por Gonzalo Rojas)

Que no pasen por nada los parientes, párenlos
con sus crisantemos y sus lágrimas
y aquellos acordeones para la fiesta
del incienso; nadie
es el juego sino uno, este mismo uno
que anduvimos tanto por error
de un lado a otro, por error: nadie
sino el uno que yace aquí, este mismo uno.

Cuesta volver a lo líquido del pensamiento
original, desnudarnos como cantando
de la airosa piel que fuimos con hueso y todo desde
lo alto del cráneo al último
de nuestros pasos, tamaña especie
pavorosa, y eso que algo
aprendimos de las piedras por el atajo
del callamiento.

A bajar, entonces, áspera mía ánima, con la dignidad
de ellas, a lo gozoso
del fruto que se cierra en la turquesa de otra luz
para entrar al fundamento, a sudar
más allá del sudario la sangre fresca del que duerme
por mí como si yo no fuera ése,
ni tú fueras ése, ni interminablemente nadie fuera ése,
porque no hay juego sino uno y éste es el uno:
el que se cierra ahí, pálidos los pétalos
de la germinación y el agua suena al fondo
ciega y ciega, llamándonos.

Fuera con lo fúnebre; liturgia
parca para este rey que fuimos, tan
oceánicos y libérrimos; quemen hojas
de violetas silvestres, vístanme con un saco
de harina o de cebada, los pies desnudos
para la desnudez
última; nada de cartas
a la parentela atroz, nada de informes
a la justicia; por favor tierra,
únicamente tierra, a ver si volamos.

jueves, 26 de septiembre de 2013

Antes del cuerpo (por Rafael Alberti)


1. PRÓLOGO

No habían cumplido años ni la rosa ni el arcángel.

Todo, anterior al balido y al llanto.

Cuando la luz ignoraba todavía

si el mar nacería niño o niña.

Cuando el viento soñaba melenas que peinar

y claveles el fuego que encender y mejillas

y el agua unos labios parados donde beber.

Todo, anterior al cuerpo, al nombre y al tiempo.

Entonces, yo recuerdo que, una vez, en el cielo…


2. PRIMER RECUERDO


Paseaba con un dejo de azucena que piensa,

casi de pájaro que sabe ha de nacer.

Mirándose sin verse a una luna que le hacía espejo el

sueño

y a un silencio de nieve, que le elevaba los pies.

A un silencio asomada.

Era anterior al arpa, a la lluvia y a las palabras.

No sabía.

Blanca alumna del aire,

temblaba con las estrellas, con la flor y los árboles.

Su tallo, su verde talle.

Con las estrellas mías

que, ignorantes de todo,

por cavar dos lagunas en sus ojos

la ahogaron en dos mares.

Y recuerdo…

Nada más: muerta, alejarse.


3. SEGUNDO RECUERDO

También antes,

mucho antes de la rebelión de las sombras,

de que al mundo cayeran plumas incendiadas

y un pájaro pudiera ser muerto por un lirio.

Antes, antes que tú me preguntaras

el número y el sitio de mi cuerpo.

Mucho antes del cuerpo.

En la época del alma.

Cuando tú abriste en la frente sin corona, del cielo,

la primera dinastía del sueño.

Cuando tú, al mirarme en la nada,

inventaste la primera palabra.

Entonces, nuestro encuentro.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Situado en el istmo (por Alexander Pope)


Conócete a ti mismo, no supongas que hay un dios que investigar;
el estudio propio de la humanidad es el hombre.
Situado en el istmo de este estado intermedio,
un ser de oscura sabiduría y ruda grandeza:
con demasiado conocimiento como para alinearse con los escépticos,
con demasiada debilidad como para como convertirse en el orgullo de los estoicos,
pende en medio del camino, dudando si actuar o descansar,
dudando si considerarse como un Dios o como una Bestia,
dudando si preferir su cuerpo o su mente,
nacido sólo para morir y razonando sólo para errar;
tan ignorante, pues tal es su razón,
si piensa demasiado poco como si lo hace en exceso:
un caos de Pensamiento y de Pasión confundidos;
siempre por sí solo engañado o desengañado;
creando a medias para elevarse a medias para caer;
gran señor de todas las cosas, pero presa de todas ellas:
único juez de la verdad, arrojado al error sin fin:
¡Gloria, burla y enigma del mundo!
¡Ve, criatura maravillosa! Sube donde la ciencia te guía,
ve, mide la tierra, pesa el aire y fija las mareas;
instruye a los planetas qué órbitas seguir,
corrige el Tiempo y regula el Sol;
ve, elévate con Platón hasta la empírea esfera,
hasta el bien primero, hasta la perfección y la justicia primigenias;
o recorre el laberinto que recorrieron sus seguidores;
y perdido el juicio clama imitando a Dios;
igual que corren en vertiginosos círculos los sacerdotes orientales
y giran sus cabezas para imitar al Sol.
Ve, enseña a la Eterna Sabiduría cómo gobernar,
luego vuelve en ti y sé estúpido.

martes, 24 de septiembre de 2013

Con vistas a tu piel (por Joaquín Sabina)


Pedí dos camas con ventanas al mar.
Mejor que salgas sola del ascensor.
Conozco un chino cerca para cenar.
Inventa un nombre falso y déjalo en Recepción.
Le he dicho al camarero que nos suba champán.
Un siglo y tres minutos. 

¿Cuándo vas a llegar?
Prepararé un canuto bien cargado en tu honor.
La llave está en la puerta: 
cuarto 72.
Tal vez se deje seducir el azar.
Abriga más cuando es furtivo el amor.
Con seis ducados arrugados y un par de botas medio rotas 
se camina mejor.
Te besaré la nuca mientras miras saltar 
las olas entre las farolas del malecón.
Ponte el liguero que por Reyes te regalé.
Ven a la cama, nos persigue el amanecer.
Tú sabes que en el purgatorio no hay 
amor doméstico con muebles de eskái.
No es que no quiera, es que no quiero querer 
echarle leña al fuego del hogar y el deber.
La llama que me quema cada vez que te veo 
me dice que es absurdo programar el deseo.
Al cabo de unos años estaríamos los dos 
adustos y aburridos frente al televisor.
Hotel, dulce hotel. 
Hogar, triste hogar.
Estatuas de sal. 
Habitación con vistas a tu piel.

lunes, 23 de septiembre de 2013

Sobreviviendo épicamente (por Félix Grande)


Tanta desolación
nevando
sobre la emocionante calavera del hombre,
tanta amenaza
torturando
con sus bíceps laboriosos y oscuros,
tanta mentira
obstaculizando
el caminar bovino de la historia,
tanta guerra
empujando conciencias a su origen selvático
donde no conocieron más que el miedo y el hambre
-dos fracasos entonces, dos fracasos ahora-,
tanto reojo, tanta pesadilla diurna,
tanta infamia ensuciando con vómitos de fuerza
al cráneo liberal del hombre,
tanto anticipo funerario
inyectado en las sienes meditativas
como un residuo líquido de horror,
tanto odio eyaculando lápidas,
tanta diarrea de asesinatos,
tanta infección, tanto desprecio

ensordecen la melodía y agrietan al descanso,
enmudecen al sol sonoro, carcomen la noche solemne,
ciegan las calles, astillan las ciudades,
sofocan las naciones y quieren refutar al mundo;

en cuanto al hombre y la mujer,
los retuercen, los desfiguran, los recubren de caries,
los contaminan de desastre,
los ensucian, los pisan, los ultrajan.

Aplaudida, llorada, amada sea
la ofendida pareja de mi siglo
que con dificultad y obstinación mellizas
se coge de las manos sobreviviendo épicamente,
tratando de soltar el quebrado sentido de la tierra
por debajo del tiempo epilepsíaco, la ruina y el crimen.
Amado sea tan machacado e inmortal desafío.

domingo, 22 de septiembre de 2013

Todos se han quedado (por César Vallejo)

-No vive ya nadie en la casa –me dices–; todos se han ido.

La sala, el dormitorio, el patio, yacen despoblados.

Nadie ya queda, pues que todos han partido.

Y yo te digo: Cuando alguien se va, alguien queda.

El punto por donde pasó un hombre, ya no está solo.

Únicamente está solo, de soledad humana,

el lugar por donde ningún hombre ha pasado.

Las casas nuevas están más muertas que las viejas,

porque sus muros son de piedra o de acero, pero no de hombres.

Una casa viene al mundo, no cuando la acaban de edificar,

sino cuando empiezan a habitarla.

Una casa vive únicamente de hombres, como una tumba.

Sólo que la casa se nutre de la vida del hombre,

mientras que la tumba se nutre de la muerte del hombre.

Por eso la primera está de pie, mientras que la segunda está tendida.

Todos han partido de la casa, en realidad,

pero todos se han quedado en verdad.

Y no es el recuerdo de ellos lo que queda,

sino ellos mismos. Y no es tampoco que ellos queden en la casa,

sino que continúan por la casa.

Las funciones y los actos se van de la casa en tren o en avión o a caballo,

a pie o arrastrándose.

Lo que continúa en la casa es el órgano, el agente en gerundio y en círculo.

Los pasos se han ido, los besos, los perdones, los crímenes.

Lo que continúa en la casa es el pie, los labios, los ojos, el corazón.

Las negociaciones y las afirmaciones, el bien y el mal, se han dispersado.

Lo que continúa en la casa, es el sujeto del acto.

sábado, 21 de septiembre de 2013

Toda la noche (por Alejandra Pizarnik)


Los ausentes soplan grismente y la noche es densa.
La noche tiene el color de los párpados del muerto.

Huyo toda la noche, encauzo la persecución y la fuga, canto un
canto para mis males, pájaros negros sobre mortajas negras.

Grito mentalmente, me confino, me alejo de la mano crispada,
no quiero saber otra cosa que este clamor, este resolar en la noche,
esta errancia, este no hallarse.

Toda la noche hago la noche.

Toda la noche me abandonas lentamente como el agua cae
lentamente. Toda la noche escribo para buscar a quien me busca.

Palabra por palabra yo escribo la noche.

viernes, 20 de septiembre de 2013

El otro (por Ray Bradbury)


No escribo yo…
El otro que hay en mí
pide aflorar constantemente.
Pero si me apresuro a volverme y mirarlo
vuelve a escabullirse
al momento y al lugar en donde estaba antes
ya que sin saberlo entorné la puerta
y lo dejé salir.
A veces un grito encendido lo llama;
comprende que lo necesito,
y yo también. Su tarea
será decirme quién soy bajo la máscara.
Él es fantasma, yo fachada
que oculta la ópera que él escribe con Dios,
en tanto yo, ciego del todo,
espero impávido a que su mente
se me deslice brazo abajo,
por la muñeca, hasta la mano
y las puntas de los dedos
y furtiva encuentre
esas verdades que caen de las lenguas
con sonido ardiente,
todo surgido de una sangre secreta
y alma secreta de secreto suelo.
Con alegría
se asoma a escribir, y luego corre
a esconderse una semana
hasta que reanuda el juego
en el que yo finjo, diligente,
que no es mi propósito tentarlo.
Pero lo tiento, mientras simulo mirar hacia otro lado
para que no se esconda todo el día.
Echo a correr e inicio un juego simple,
un salto distraído.
¿Quién convoca del sueño
la bestia que brilla y acecha?
¿De quién las reservas y el coto de caza?
De mi aliento, mi sangre, mis nervios.
Pero ¿qué lugar de esa materia
habita él?
¿Dónde está su madriguera?
¿Tras esta oreja de goma?
¿Tras esa oreja de grasa?
¿Dónde cuelga el sombrero
el joven descarriado?
No hay caso. Ermitaño nació
y vive recluido.
Nada que hacer sino
seguir sus triquiñuelas,
dejar que corra y cosechar la fama.
En la cual yo pongo el nombre
a una materia que le he birlado,
y todo porque le atraje
con dulces aromas creativos
¿Escribió R.B. ese poema,
ese diálogo, esa línea?
No: el simio interior, invisible,
fue quien lo instruyó.
Vestido con mi carne,
su alcance es misterioso.
No digan mi nombre.
Mencionen a ese otro.

jueves, 19 de septiembre de 2013

El frío (por Almudena Guzmán)


Nada.

No pegaba nada con tanta lluvia,

esa chaqueta de angorina rosa y botones de nácar

que él me regaló.

Tampoco encendimos una velita al apóstol,

porque un niño a nuestro lado acababa de darse un cabezazo

tremendo contra la pila bautismal

y hubo que consolarlo hasta que llegaron sus padres.

El museo nos desilusionó.

Yo me puse rara y él venga a mirar al cielo,

y al final un paseo dudosamente conciliador por los

soportales

-basta que a mí me hicieran gracia los punkies, para que

a él lo escandalizasen-,

después de mi vaso de leche y su maniática ginebra

“MG con Schweppes de naranja, por favor”.

Ah,

se me olvidaba contaros

que el frío fue la nota predominante del día

y que la noche, a pesar de todo, la pasamos juntos.

Espalda contra espalda.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

En lo de los relojes (por John Latham)


Siempre he respetado a los estudiosos, las ideas nuevas,

y he leído sobre su trabajo

en el Sunday Empire News, sobre la relatividad esa.

Y tiene razón, las cosas se ven diferentes

de ambos lados de la cerca, de cada extremo de la botella, también.

Pero en lo de los relojes está equivocado.

Piénselo, Albert. Yo me largo en una nave espacial

y regreso siendo unas semanas más joven que mi gemelo.

Está bien, supongo,

no hay mucho de lo que preocuparse.

Pero, ¿qué pasaría si mi papá se fuera, en un viaje largo

y volviera como un niño,

un niño bastante más joven que yo?

Bueno, mi madre estaría confundida,

lo arroparía de noche en su cuna, quiero decir, en mi cuna,

y se vendría a dormir conmigo, ¿no?

Eso sería incesto, doctor Einstein.

¿Es usted ateo? No se moleste en contestar.

Ahora lo veo claro, un complot alemán.

Por eso sus libros no se publican

allá en su tierra, sólo aquí,

para que leamos ese sinsentido sobre relojes

y la gente lo creerá porque su cabello es cano

y los periódicos dicen que es usted un sabio

y pronto todos los hombres de Inglaterra

estarán durmiendo con sus madres.

Millones de niños nacerán malformados,

se derrumbará nuestro imperio. ¡Kraut!

He sido pintor de brocha gorda toda mi vida,

veo el mundo desde mi escalera,

puedo reconocer un fraude cuando lo veo.

No me provoque, Einstein.

Si yo estuviera en sus zapatos, en Crewe me bajaría del tren.

martes, 17 de septiembre de 2013

La isla Aquí (por Wislawa Szymborska)


Ciertos pescadores sacaron del fondo una botella.


Había en la botella un papel, y en el papel estas palabras:


“¡Socorro!, estoy aquí. El océano me arrojó a una isla desierta.


Estoy en la orilla y espero ayuda. ¡Dense prisa. Estoy aquí!”


-No tiene fecha. Seguramente ya es demasiado tarde.


La botella pudo haber flotado mucho tiempo, dijo el pescador primero.


-Y el lugar no está indicado. Ni siquiera se sabe en qué océano,


dijo el pescador segundo.


-Ni demasiado tarde ni demasiado lejos. La isla “Aquí” está en todos lados,

dijo el pescador tercero.


El ambiente se volvió incómodo, cayó el silencio.

Las verdades comunes tienen ese problema.

lunes, 16 de septiembre de 2013

Las compuertas del llanto (por Oliverio Girondo)

Llorar a lágrima viva.
Llorar a chorros.
Llorar la digestión.
Llorar el sueño.
Llorar ante las puertas y los puertos.
Llorar de amabilidad y de amarillo.
Abrir las canillas,
las compuertas del llanto.
Empaparnos el alma, la camiseta.
Inundar las veredas y los paseos,
y salvarnos, a nado, de nuestro llanto.
Asistir a los cursos de antropología, llorando.
Festejar los cumpleaños familiares, llorando.
Atravesar el África, llorando.
Llorar como un cacuy, como un cocodrilo...
si es verdad que los cacuíes y los cocodrilos
no dejan nunca de llorar.
Llorarlo todo, pero llorarlo bien.
Llorarlo con la nariz, con las rodillas.
Llorarlo por el ombligo, por la boca.
Llorar de amor, de hastío, de alegría.
Llorar de frac, de flato, de flacura.
Llorar improvisando, de memoria.
¡Llorar todo el insomnio y todo el día!

domingo, 15 de septiembre de 2013

Cierva de un solo lado (por Jorge Luis Borges)


¿De qué agreste balada de la verde Inglaterra,
de qué lámina persa, de qué región arcana
de las noches y días que nuestro ayer encierra,
vino la cierva blanca que soñé esta mañana?

Duraría un segundo. La vi cruzar el prado
y perderse en el oro de una tarde ilusoria,
leve criatura hecha de un poco de memoria
y de un poco de olvido, cierva de un solo lado.

Los númenes que rigen este curioso mundo
me dejaron soñarte pero no ser tu dueño;
tal vez en un recodo del porvenir profundo
te encontraré de nuevo, cierva blanca de un sueño.

Yo también soy un sueño fugitivo que dura
unos días más que el sueño del prado y la blancura.

sábado, 14 de septiembre de 2013

Dos puertas (por César Vallejo)



En el rincón aquel, donde dormimos juntos

tantas noches, ahora me he sentado

a caminar. La cuja de los novios difuntos

fue sacada, o tal vez qué habrá pasado.


Has venido temprano a otros asuntos,

y ya no estás. Es el rincón

donde a tu lado, leí una noche,

entre tus tiernos puntos,

un cuento de Daudet. Es el rincón

amado. No lo equivoques.


Me he puesto a recordar los días

de verano idos, tu entrar y salir,

poca y harta y pálida por los cuartos.


En esta noche pluviosa,

ya lejos de ambos dos, salto de pronto…

Son dos puertas abriéndose cerrándose,

dos puertas que al viento van y vienen

sombra a sombra.

viernes, 13 de septiembre de 2013

De otra parte (por Rosario Castellanos)


Miro las herramientas,
el mundo que los hombres hacen, donde se afanan,
sudan, paren, cohabitan.

El cuerpo de los hombres prensado por los días,
su noche de ronquido y de zarpazo
y las encrucijadas en que se reconocen.

Hay ceguera y el hambre los alumbra
y la necesidad, más dura que metales.

Sin orgullo (¿qué es el orgullo? ¿Una vértebra
que todavía la especie no produce?)
los hombres roban, mienten,
como animal de presa olfatean, devoran
y disputan a otro la carroña.

Y cuando bailan, cuando se deslizan
o cuando burlan una ley o cuando
se envilecen, sonríen,
entornan levemente los párpados, contemplan
el vacío que se abre en sus entrañas
y se entregan a un éxtasis vegetal, inhumano.

Yo soy de alguna orilla, de otra parte,
soy de los que no saben ni arrebatar ni dar,
gente a quien compartir es imposible.

No te acerques a mí, hombre que haces el mundo,
déjame, no es preciso que me mates.
Yo soy de los que mueren solos, de los que mueren
de algo peor que vergüenza.
Yo muero de mirarte y no entender.

jueves, 12 de septiembre de 2013

De todos mis momentos (por Charles Bukowski)


Tuve que ir al baño por alguna cosa
y toqué
y estabas en la bañera
te habías lavado la cara y el cabello
y te vi de la cintura para arriba y
(excepto por los senos)
parecías una niña de 5 u 8 anos
regocijándose suavemente en el agua
Linda Lee.

No sólo eras la esencia de ese
momento
sino de todos mis momentos
hasta entonces
bañándote gustosamente en el marfil

sin embargo
nada había
que pudiera decirte.

tomé lo que quería del baño
algo
y me salí.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Cómo quisiera (por Julio Cortázar)


Esta noche, buscando tu boca en otra boca,
casi creyéndolo, porque así de ciego es este río
que me tira en mujer y me sumerge entre sus párpados,
qué tristeza nadar al fin hacia la orilla del sopor
sabiendo que el placer es ese esclavo innoble
que acepta las monedas falsas, las circula sonriendo.

Olvidada pureza, cómo quisiera rescatar
ese dolor de Buenos Aires, esa espera sin pausas
ni esperanza.
Solo en mi casa abierta sobre el puerto
otra vez empezar a quererte,
otra vez encontrarte en el café de la mañana
sin que tanta cosa irrenunciable
hubiera sucedido.
Y no tener que acordarme de este olvido que sube
para nada, para borrar del pizarrón tus muñequitos
y no dejarme más que una ventana sin estrellas.

martes, 10 de septiembre de 2013

La jaula se ha vuelto pájaro (por Alejandra Pizarnik)


Señor
La jaula se ha vuelto pájaro
y se ha volado
y mi corazón está loco
porque aúlla a la muerte
y sonríe detrás del viento
a mis delirios

Qué haré con el miedo
Qué haré con el miedo

Ya no baila la luz en mi sonrisa
ni las estaciones queman palomas en mis ideas
Mis manos se han desnudado
y se han ido donde la muerte
enseña a vivir a los muertos

Señor
El aire me castiga el ser
Detrás del aire hay monstruos
que beben de mi sangre

Es el desastre
Es la hora del vacío no vacío
Es el instante de poner cerrojo a los labios
oír a los condenados gritar
contemplar a cada uno de mis nombres
ahorcados en la nada

Señor
Tengo veinte años
También mis ojos tienen veinte años
y sin embargo no dicen nada

Señor
He consumado mi vida en un instante
La última inocencia estalló
Ahora es nunca o jamás
o simplemente fue

¿Cómo no me suicido frente a un espejo
y desaparezco para reaparecer en el mar
donde un gran barco me esperaría
con las luces encendidas?

¿Cómo no me extraigo las venas
y hago con ellas una escala
para huir al otro lado de la noche?

El principio ha dado a luz el final
Todo continuará igual
Las sonrisas gastadas
El interés interesado
Las preguntas de piedra en piedra
Las gesticulaciones que remedan amor
Todo continuará igual

Pero mis brazos insisten en abrazar al mundo
porque aún no les enseñaron
que ya es demasiado tarde

Señor
Arroja los féretros de mi sangre

Recuerdo mi niñez
cuando yo era una anciana
Las flores morían en mis manos
porque la danza salvaje de la alegría
les destruía el corazón

Recuerdo las negras mañanas de sol
cuando era niña
es decir ayer
es decir hace siglos

Señor
La jaula se ha vuelto pájaro
y ha devorado mis esperanzas

Señor
La jaula se ha vuelto pájaro
Qué haré con el miedo

lunes, 9 de septiembre de 2013

Volando a la semilla (por Ray Bradbury)


De las brasas y cenizas,

del polvo y los carbones,

como doradas salamandras,

saltarán los viejos años,

los verdes años;

rosas endulzarán el aire,

las canas se volverán negro ébano,

las arrugas desaparecerán.

Todo regresará volando a la semilla,

huirá de la muerte,

retornará a sus principios;

los soles se elevarán en los cielos occidentales

y se pondrán en orientes gloriosos,

las lunas se devorarán al revés a sí mismas,

todas las cosas se meterán unas en otras como cajas chinas,

los conejos entrarán en los sombreros,

todo volverá a la fresca muerte,

la muerte en la semilla, la muerte verde,

al tiempo anterior al comienzo.

Bastará el roce de una mano,

el más leve roce de una mano.

domingo, 8 de septiembre de 2013

Sólo entonces (por Isabel Bono)


cuando sea vieja
recordaré cómo nos conocimos
y la vez que me dijiste que no

porque los síes no cuentan

mi memoria de cigüeña
enumerará fechas y ciudades

estábamos de visita, diré
camuflados para el invierno

me temblará la voz
al nombrar la luz los olores
tus advertencias y mis promesas

igual que ahora
al recordar los últimos días de mayo

estábamos en ninguna parte, diré
contestándonos preguntas
sin aire en los pulmones

y sólo entonces
adivinaré el peso de este amor

de estas palabras
que ya empiezo a olvidar

sábado, 7 de septiembre de 2013

Sencilla gracia equilibrada (por Tomás Segovia)


El día
está tan bello
que no puede mentir:
comemos de su luz nuestro pan de verdad.

Su cuerpo se desciñe
y se tiende y se ofrece.
Esta dicha no engaña: nada quiere.

Di: ¿no es más fuerte
que nuestro amor altivo de la muerte
esta sencilla gracia equilibrada
que nada
ejerce?

Pero cuánto pavor,
violenta alma mediata,
te infunde todavía esa burlona voz
que a solas te susurra «estás salvada».

No, no,
tu destino ni ha muerto ni es tu esclavo.
Soberbia y Miedo, confesad:
la vida toda fue verdad.

viernes, 6 de septiembre de 2013

Lento, amargo animal (por Jaime Sabines)


Lento, amargo animal

que soy, que he sido,

amargo desde el nudo de polvo y agua y viento

que en la primera generación del hombre pedía a Dios.


Amargo como esos minerales amargos

que en las noches de exacta soledad

—maldita y arruinada soledad

sin uno mismo—

trepan a la garganta

y, costras de silencio,

asfixian, matan, resucitan.


Amargo como esa voz amarga

prenatal, presustancial, que dijo

nuestra palabra, que anduvo nuestro camino,

que murió nuestra muerte,

y que en todo momento descubrimos.


Amargo desde dentro,

desde lo que no soy,

—mi piel como mi lengua—

desde el primer viviente,

anuncio y profecía.


Lento desde hace siglos,

remoto —nada hay detrás—,

lejano, lejos, desconocido.


Lento, amargo animal

que soy, que he sido.

jueves, 5 de septiembre de 2013

Están pasando siempre (por Fernando Pessoa)


Nubes... Hoy tengo consciencia del cielo, pues hace días que no lo miro pero lo siento, viviendo en la ciudad y no en la naturaleza que la incluye. Nubes... Pasan del muelle hacia el castillo, de Occidente hacia Oriente, en un tumulto disperso y despojado, blanco a veces, se van desharrapadas a la vanguardia de no sé qué; medio negras otras, acaso, más lentas, tardan en ser barridas por el viento audible; negras de un blanco sucio, tal vez, como si quisieran quedarse, ennegrecen más por su llegada que por la sombra a eso que las calles abren como espacio falso entre las líneas del caserío que confinan.

Nubes... Existo sin saberlo y moriré sin quererlo. Soy el intervalo entre lo que soy y lo que no soy, entre lo que sueño y lo que la vida hizo de mí, la media abstracta y carnal entre cosas que no son nada, siendo también yo nada. Nubes... ¡Qué desasosiego si siento, qué incomodidad si pienso, qué inutilidad si quiero! Nubes... Están pasando siempre, unas muy grandes, pareciendo, porque las casas no dejan ver si son menos grandes de lo que parecen, que van a cubrir todo el cielo; otras de tamaño incierto, pudiendo ser dos unidas o una que va a partirse en dos, sin sentido en el aire alto contra el cielo fatigado; otras incluso pequeñas, que parecen juegos de cosas poderosas, abalorios irregulares de un juego absurdo, sólo hacia un lado, en un gran aislamiento, frías.

Nubes... Me interrogo y me desconozco. Nada he hecho que sea útil y nada haré que sea justificable. He gastado la parte de la vida que no perdí en interpretar confusamente ninguna cosa, haciendo versos en prosa a las sensaciones intransmisibles con que vuelvo mío el universo incógnito. Estoy harto de mí, objetiva y subjetivamente. Estoy harto de todo, y del todo de todo. Nubes... Son todo, desarreglos de lo alto, hoy sólo ellas cosas reales entre la tierra nula y el cielo que no existe; harapos indescriptibles del tedio que les impongo; niebla condensada en amenazas de color ausente; sucias motas de algodón crudo de un hospital sin paredes. Nubes... Continúan pasando, continúan siempre pasando, pasarán siempre continuando, en un enrollamiento discontinuo de madejas opacas, en un alargamiento difuso de falso cielo deshecho.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Están por todos lados (por Charles Bukowski)



Los oledores de tragedias están
por todos lados
se levantan por la mañana
y empiezan a encontrar las cosas
mal.
Y se sumergen
en la rabia,
una rabia que dura hasta
que se van a la cama,
e incluso ahí
se retuercen en su
insomnio,
incapaces de quitar
de sus mentes
los pequeños obstáculos
que han hallado.

Se sienten en contra,
es un complot.
Y por estar constantemente
furiosos sienten que
siempre tienen
razón.

Los ves en el tráfico
tocando la bocina como salvajes
ante la más leve infracción,
puteando
desparramando sus
insultos.

Los sientes
en las colas
de los bancos,
de los supermercados,
de los cines
presionan
en tu espalda
te pisan los talones
están impacientes como
una furia.

Están por todos lados
y en
todas las cosas,
esas almas
violentamente
infelices.

En realidad están asustados,
como siempre quieren
tener razón
fustigan
sin cesar…
es un mal
una enfermedad de
esa raza.

El primero de ellos
que vi fue
mi padre

y desde entonces
he visto mil padres
malgastando sus vidas
en el odio,
arrojando sus vidas
al pozo ciego
y gritando
enloquecidos.

martes, 3 de septiembre de 2013

Y túneles de yedra y hojarasca (por Andrés Trapiello)



Mi corazón es una vieja casa.
Tiene un jardín y en el jardín un pozo
y túneles de yedra y hojarasca.
En esa casa a la que tiran piedras
los niños cuando pasan al volver de la escuela,
después de haber robado de su huerta
magro botín de unas manzanas agrias.
En su tejado hay nidos de pájaros que cantan
y de noche un cuartel de escandalosas ratas.
La glicina cubrió los viejos arcos
y una verja de lanzas
y una terraza alta a donde llega
la copa de un granado con granadas
y un palomar y en ruinas unas cuadras.
Y un trozo de camino y la lejana
claridad del mundo.
Está fuera del pueblo y es indiana
su arquitectura, ya sabéis:
todo un poco mezclado, pero es blanca,
es grande, es vieja, es solitaria.

lunes, 2 de septiembre de 2013

Ellas, las sombras (por Pedro Salinas)



¿Las oyes cómo piden realidades,

ellas, desmelenadas, fieras,

ellas, las sombras que los dos forjamos

en este inmenso lecho de distancias?

Cansadas ya de infinitud, de tiempo

sin medida, de anónimo, heridas

por una gran nostalgia de materia,

piden límites, días, nombres.

No pueden

vivir así ya más; están al borde

del morir de las sombras que es la nada.

Acude, ven conmigo.

Tiende tus manos, tiéndeles tu cuerpo.

Los dos les buscaremos

un color, una fecha, un pecho, un sol.

Que descansen en ti, sé tú su carne.

Se calmará su enorme ansia errante,

mientras las estrechamos

ávidamente entre los cuerpos nuestros

donde encuentran su pasto y su reposo.

Adormirán al fin en nuestro sueño

abrazado, abrazadas. Y así luego,

al separarnos, al nutrirnos sólo

de sombras, entre lejos,

ellas

tendrán recuerdos ya, tendrán pasado

de carne y hueso,

el tiempo que vivieron en nosotros.

Y su afanoso sueño

de sombras, otra vez, será el retorno

a esta corporeidad mortal y rosa

donde el amor inventa su infinito.

domingo, 1 de septiembre de 2013

En esta noche en este mundo (por Alejandra Pizarnik)


en esta noche en este mundo
las palabras del sueño de la infancia de la muerte
nunca es eso lo que uno quiere decir
la lengua natal castra
la lengua es un órgano de conocimiento
del fracaso de todo poema
castrado por su propia lengua
que es el órgano de la re-creación
del re-conocimiento
pero no el de la resurrección
de algo a modo de negación
de mi horizonte de maldoror con su perro
y nada es promesa
entre lo decible
que equivale a mentir
(todo lo que se puede decir es mentira)
el resto es silencio
sólo que el silencio no existe


no
las palabras
no hacen el amor
hacen la ausencia
si digo agua ¿beberé?
si digo pan ¿comeré?


en esta noche en este mundo
extraordinario silencio el de esta noche
lo que pasa con el alma es que no se ve
lo que pasa con la mente es que no se ve
lo que pasa con el espíritu es que no se ve
¿de dónde viene esta conspiración de invisibilidades?
ninguna palabra es visible


sombras
recintos viscosos donde se oculta
la piedra de la locura
corredores negros
los he recorrido todos
¡oh quédate un poco más entre nosotros!


mi persona está herida
mi primera persona del singular


escribo como quien con un cuchillo alzado en la oscuridad
escribo como estoy diciendo
la sinceridad absoluta continuaría siendo
lo imposible
¡oh quédate un poco más entre nosotros!


los deterioros de las palabras
deshabitando el palacio del lenguaje
el conocimiento entre las piernas
¿qué hiciste del don del sexo?
oh mis muertos


me los comí me atraganté
no puedo más de no poder más


palabras embozadas
todo se desliza
hacia la negra licuefacción


y el perro de maldoror

en esta noche en este mundo
donde todo es posible
salvo
el poema


hablo
sabiendo que no se trata de eso
siempre no se trata de eso
oh ayúdame a escribir el poema más prescindible
el que no sirva ni para
ser inservible
ayúdame a escribir palabras
en esta noche en este mundo.

sábado, 31 de agosto de 2013

Se me cayó una parte (por Roberto Juarroz)


En una noche que debió ser lluvia

o en el muelle de un puerto tal vez inexistente

o en una tarde clara, sentado a una mesa sin nadie,

se me cayó una parte mía.


No ha dejado ningún hueco.

Es más: pareciera algo que ha llegado

y no algo que se ha ido.


Pero ahora,

en las noches sin lluvia,

en las ciudades sin muelles,

en las mesas sin tardes,

me siento de repente mucho más solo

y no me animo a palparme,

aunque todo parezca estar en su sitio,

quizá todavía un poco más que antes.


Y sospecho que hubiera sido preferible


quedarme en aquella perdida parte mía

y no en este casi todo

que aún sigue sin caer.

viernes, 30 de agosto de 2013

Hecha de risa y de entresijos (por Sánchez Santiago)



Miro tu boca tajante y llena de semillas. 

No da palabras célebres. 
No invoca. 
No espera en sus ángulos húmedos
esos negocios crujientes de los hombres.
Y sin embargo
un curso de agua ciega no apagaría su luz, 

hecha de risa y de entresijos.
Pido
que me caliente en el invierno su lengua, 

por donde pasan piedras blancas 
y peces resbaladizos 
y frutos sin ánimo
hasta que tú los nombras.



jueves, 29 de agosto de 2013

Spleen (por Charles Baudelaire)



Cuando el cielo bajo y grávido pesa como una losa
sobre el espíritu gimiente víctima de largos enojos,
y el horizonte abrazando todo el círculo
nos depara un día negro más triste que las noches;

cuando la tierra se ha convertido en un calabozo húmedo,
donde la esperanza, como un murciélago,
va golpeando los muros con sus tímidas alas
y chocando la cabeza con los techos podridos;

cuando la lluvia extendiendo sus inmensos regueros
de una vasta prisión imita los barrotes,
y un pueblo mudo de infames arañas
viene a tender sus hilos en el fondo de nuestros cerebros,

las campanas de súbito saltan con furia
y lanzan hacia el cielo un horrísono aullido
como los espíritus errantes y sin patria
que se disponen a gemir obstinadamente.

Largos coches fúnebres, sin tambores ni música,
desfilan lentamente en mi alma. La esperanza,
vencida, llora, y la angustia atroz, despótica,
en mi cráneo abatido planta su bandera negra.

miércoles, 28 de agosto de 2013

Reajustando tu conciencia (por Brian Patten)


En un nuevo amanecer
reajustando tu conciencia
te despiertas, y

despierto sueñas
o por lo menos lo parece,
con bosques por los que has pasado

y vidas que habrías atravesado a nado
si hubieras sido lo suficientemente fuerte.

martes, 27 de agosto de 2013

Otros hijos nacieron (por Nazim Hikmet)


Su madre
me dio un hijo.
Un hijo rubio, sin cejas.
Una bola de luz
hundida
en sus pañales azules.
Tres kilos pesa solamente.

Cuando mi hijo nació
otros hijos nacieron en Corea.
Eran semejantes a los girasoles.
Mac Arthur los ha segado.
Se fueron, hambrientos aún
de leche materna.

Cuando mi hijo nació
otros hijos vinieron al mundo
en las cárceles de Grecia.
Sus padres fueron fusilados,
y como si fuera lo primero
que se ha de contemplar en la tierra,
vieron rejas.

Cuando mi hijo nació
otros hijos nacieron en Anatolia.
Eran niños de ojos negros,
ojos azules,
ojos castaños.

Niños aún
estaban llenos de piojos.
Quién sabe cuántos de ellos
milagrosamente
sobrevivirán.

Cuando mi hijo nació
otros hijos nacieron en los paraísos más grandes del mundo.
En seguida fueron felices.
Cuando mi hijo tenga mi edad
ya no estaré en este mundo.

Pero ese mundo habrá de ser
como una cuna soberbia.
Una cuna que mecerá
en sus pañales de seda azul
a todos los niños
negros
amarillos
blancos.

lunes, 26 de agosto de 2013

Es tan hermoso ahora (por Norma Jean Baker -Marilyn Monroe-)



Mi amor duerme junto a mí.

Es tan hermoso ahora

como el niño que fue,

pero un niño que fuera

un león poderoso.

Es tan hermoso como

si ya estuviera muerto

y no pudiera dejar de amarme.

domingo, 25 de agosto de 2013

Sí, es extraño (por Philip Larkin)

Es extraño no saber nada, nunca estar seguro
de qué es verdad o correcto o real,
pero forzado a calificar o “Siento que”
o “Bueno, parece” o
“Alguien debe saber”.

Es extraño ignorar la forma como las cosas funcionan,
sus habilidades para encontrar lo que necesitan,
su sentido de la forma, la puntual semilla esparcida
y la voluntad de cambio;
sí, es extraño

incluso usar ese conocimiento para nuestra carne
que nos rodea con nuestras propias decisiones
y todavía gastar toda nuestra vida en imprecisiones.
Es por eso que cuando empezamos a morir
no tenemos ni idea del porqué.

sábado, 24 de agosto de 2013

Allí hablabas (por José Lezama Lima)

Vi de nuevo el rostro de mi madre.
Era una noche que parecía haber escindido
la noche del sueño.

La noche avanzaba o se detenía,
cuchilla que cercena o soplo huracanado,
pero el sueño no caminaba hacia su noche.

Sentía que todo pesaba hacia arriba,
allí hablabas, susurrabas, casi
para los oídos de un cangrejito,
ya sé, porque vi su sonrisa.

Que quería llegar
regalándome ese animalito,
para verlo caminar con gracia,
o profundizarlo en una harina caliente.

La mazorca dura como un diente de niño
en una gaveta con hormigas plateadas.

El símil de una gaveta como una culebra,
la del tamaño de un brazo, la que viruta
la lengua en su extensión doblada, la de los relojes
viejos, la temible y risible gaveta parlante.

Recorría los filos de la puerta
para empezar a sentir, tapándome los ojos,
aunque lentamente me inmovilizaba,
que la parte restante pesaba más.

Con la ligereza del peso de la lluvia
o las persianas del arpa.

En el patio asistían
la luna completa y los otros meteoros convidados.

Propicio era y mágico el itinerario de su costumbre.

Miraba la puerta
pero el resto del cuerpo permanecía en lo restado,
como alguien que comienza a hablar,
que vuelve a reírse,
pero como se pasea entre la puerta
y lo otro restante.

Parece que se ha ido, pero entonces vuelve.

Lo restante es Dios tal vez,
menos yo tal vez,
tal vez el raspado solar
y en él a horcajadas el yo tal vez.

A mi lado el otro cuerpo,
al respirar, mantenía la visión
pegada a la roca de la vaciedad esférica.

Se fue reduciendo
a un metal volante con los bordes
asaltado por la brevedad de las llamas,
a la evaporación de una pequeña
taza de café matinal,
a un cabello.

viernes, 23 de agosto de 2013

Tu voz (por Juan Ramón Jiménez)


No morirá tu voz, tu voz, tu voz, tu voz...

Tu voz seguirá siempre resonando

-ceniza tú en la tierra de la vida-,

tu voz seguirá siempre resonando

-tu voz, tu voz, tu voz, tu voz-

por la bóveda inmensa de la noche;

tu voz seguirá siempre resonando

por la bóveda inmensa de mi alma

-tu voz, tu voz, tu voz, tu voz, tu voz-

con ecos mágicos de estrellas...



jueves, 22 de agosto de 2013

Por aquel disparo (por Miguel d´ Ors)



Perdón pido a la vida por aquel

disparo con el que una mañana de verano,

allá en mil novecientos quizá cincuenta y nueve,

le arrebaté de golpe una oropéndola.



Cayó precipitada entre las hojas

ásperas y las gruesas ramas grises,

con algo de elefante, de la higuera

del Portal, donde, orondas de dulzura,

relucían al sol, tentadoras, las brevas.



Y quedó en la mañana

un extraño silencio que olía a pólvora.



Al cabo de los años, todavía

a veces veo en mi mano

aquella alhaja voladora, el velo

con que la muerte iba empañando sus ojos,

aquel rubí brotándole del pecho.



Perdón pido a la vida ahora que el tiempo

va expulsándome de ella,

ahora que sé el valor de cada vuelo,

de cada canto y cada nuevo día.



Ojalá que estos versos tuvieran el poder

de alzar en esta página unas ramas de higuera

con sol y grandes brevas, y en ellas devolverle

al mundo una oropéndola.

miércoles, 21 de agosto de 2013

En el río (por Wislawa Szymborska)

En el río de Heráclito
un pez está ocupado pescando
un pez mata a otro pez con un pez afilado
un pez construye otro pez, un pez vive en otro pez
un pez escapa de otro pez en una persecución

En el río de Heráclito
un pez ama otro pez
sus ojos, eso dicen, brillan como los peces del cielo
yo nadaría a tu lado al mar que compartiríamos
o al mejor para nuestro banco

En el río de Heráclito
un pez ha imaginado el pez de peces
un pez se arrodilla ante el pez, un pez le canta al pez
un pez ruega al pez para que le ayude con su vida de pez

En el río de Heráclito
yo, el pez solitario, el pez apartado
(apartado por lo menos del pez árbol o el pez piedra),
escribo, en momentos solitarios, un pez u otro
cuyas escamas brillantes, tan efímeras,
pueden ser solamente el guiño avergonzado de la oscuridad

martes, 20 de agosto de 2013

La noche cíclica (por Jorge Luis Borges)


Lo supieron los arduos alumnos de Pitágoras:
los astros y los hombres vuelven cíclicamente;
los átomos fatales repetirán la urgente
Afrodita de oro, los tebanos, las ágoras.

En edades futuras oprimirá el centauro
con el casco solípedo el pecho del lapita;
cuando Roma sea polvo, gemirá en la infinita
noche de su palacio fétido el minotauro.

Volverá toda noche de insomnio: minuciosa.
La mano que esto escribe renacerá del mismo
vientre. Férreos ejércitos construirán el abismo.
(David Hume de Edimburgo dijo la misma cosa.)

No sé si volveremos en un ciclo segundo
como vuelven las cifras de una fracción periódica;
pero sé que una oscura rotación pitagórica
noche a noche me deja en un lugar del mundo.

Qué es de los arrabales. Una esquina remota
que puede ser del norte, del sur o del oeste,
pero que tiene siempre una tapia celeste,
una higuera sombría y una vereda rota.

Ahí está Buenos Aires. El tiempo que a los hombres
trae el amor o el oro, a mí apenas me deja
esta rosa apagada, esta vana madeja
de calles que repiten los pretéritos nombres

De mi sangre: Laprida, Cabrera, Soler, Suárez...
Nombres en que retumban (ya secretas) las dianas,
las repúblicas, los caballos y las mañanas,
las felices victorias, las muertes militares.

Las plazas agravadas por la noche sin dueño
son los patios profundos de un árido palacio
y las calles unánimes que engendran el espacio
son corredores de vago miedo y de sueño.

Vuelve la noche cóncava que descifró Anaxágoras;
vuelve a mi carne humana la eternidad constante
y el recuerdo, ¿el proyecto?, de un poema incesante:
«Lo supieron los arduos alumnos de Pitágoras...»

lunes, 19 de agosto de 2013

Solo con mis labios (por Pedro Salinas)

Ayer te besé en los labios.
Te besé en los labios. Densos,
rojos. Fue un beso tan corto
que duró más que un relámpago,
que un milagro, más.
El tiempo
después de dártelo
no lo quise para nada
ya, para nada
lo había querido antes.
Se empezó, se acabó en él.

Hoy estoy besando un beso;
estoy solo con mis labios.
Los pongo
no en tu boca, no, ya no
-¿adónde se me ha escapado?-.
Los pongo
en el beso que te di
ayer, en las bocas juntas
del beso que se besaron.
Y dura este beso más
que el silencio, que la luz.
Porque ya no es una carne
ni una boca lo que beso,
que se escapa, que me huye.
No.
Te estoy besando más lejos.

domingo, 18 de agosto de 2013

Tan grande y bello (por Eduardo Lizalde)


Buenos días, mundo.
Me alegra verte afuera al despertar.
Celebro que no hayas
-la ocasión la pintan calva-
aprovechado el manto de la noche maldita
para irte por siempre al inframundo.
También me reconforta
que aún te habiten pájaros cantores,
meistersinger del bosque en el jardín;
que el sol severo nos escalde aún
y nos torture el rudo ozono
-como todos los días-.

Soñé que te habías ido
conmigo hacia el infierno,
y que se habían quedado aquí
sin mundo todas las demás criaturas:
piedras, grajos, insectos o personas.
Te veo tan grande y bello,
que me río de los siniestros solipsistas
de antaño.
No has de esfumarte cuando yo me extinga.
Canto tu salud de hierro,
tu verde corazón y tu estructura
de granito.
Buenos días, querido, hermoso mundo.

sábado, 17 de agosto de 2013

Más allá del peligro (por Sharon Olds)


Una semana después de que murió
de pronto entendí
que su amor por mí estaba seguro:
ya nada podría alterarlo. A veces,
durante el último año, su rostro se iluminaba
cuando yo entraba en su habitación,
y una vez, medio dormido,
sonrió al pronunciar mi nombre.
Respetaba mi arrojo:
la vez que me ataron a la silla
ataron a alguien que él respetaba, y cuando
dejaba de hablar durante semanas enteras,
yo era uno de los seres a quienes no le hablaba,
alguien con un lugar en su vida.
La última semana lo dijo sin querer:
entré a su cuarto y le pregunté
"Cómo estás," y contestó, "Yo a ti también".
Desde entonces, temí perder esas palabras.
Hasta el último momento podía equivocarme,
ofenderlo. Bastaría una de sus muecas de disgusto
para que volviera a joderme la vida.
Intenté no pensar demasiado,
ayudaba a cuidarlo, le limpiaba el rostro,
lo acompañaba.
Pero un rato después de que murió,
de pronto pensé, con asombro, ahora
siempre me amará, y me reí:
estaba muerto, ¡muerto!

viernes, 16 de agosto de 2013

Muñeca (por Nika Turbina)


Soy como una muñeca rota.

En el pecho olvidaron

poner un corazón

y me dejaron innecesaria

en un rincón oscuro.

Soy como una muñeca rota,

sólo escucho, antes del amanecer,

al sueño quedamente susurrarme:

"Duerme, querida, larga-largamente.

Volarán los años

y, cuando despiertes,

la gente querrá de nuevo

cargarte en brazos,

acunarte, simplemente jugar,

y latirá tu corazón..."

jueves, 15 de agosto de 2013

Brindis (por Amalia Bautista)


Alégrate conmigo, celebremos la suerte
de compartir una ciudad y un siglo,
la bendición del sol dorado de este invierno,
la cerveza y su espuma en nuestros labios.

Brindemos contra el tiempo de oscuras amenazas,
toquémonos osados, riamos complacidos,
conjuremos los monstruos del dolor y la culpa,
callemos nuestra inmensa soledad.

Que el don de la ebriedad nos bañe al mediodía.

miércoles, 14 de agosto de 2013

Yo estaba allí (por Lúcia Aizim)


Yo, allí.
Entre la aurora y la noche,
la luz y las tinieblas
desde el primer día.

Hay todo un linaje espiándome,
espiando mis pasos.

No importa dónde vaya.
Por ciudades, aldeas, mares
llevo conmigo sus voces,
sus vestidos, sus pesares.
A veces sus alegrías, también.

Voces ancestrales: imploran, ordenan.
No nos dejen en el olvido.

Salida de su desierto la multitud.
Entre ellos, allí estaba yo.

Yo allí.
Estaba entre la aurora
y la noche, la luz y las tinieblas,
desde el primer día.

Cuando de la nada fueron creados
las aves y las aguas, el aire y las aguas.
Cuando lo Eterno encendió
las estrellas del cielo. Yo estaba allí.

Hay todo un linaje espiándome
hace siglos, milenios.

Hija de la cepa de los profetas,
familia de pastores.

martes, 13 de agosto de 2013

Tu desnudez fresca (por Juan Ramón Jiménez)



No sé de nada más igual

a tu desnudez fresca que la luna,

ni que tan largamente me retenga

los ojos, en la busca de las buscas.



Todo –color, sabor, olor- se hace música.



¡Embriaguez de frutas con relente,

manos que huelen, labios que oyen música,

ojos que tocan, alas, oídos que sonríen,

silencio iluminado de blancuras;

luna redonda y blanca, acariciada

como te estoy acariciando a ti, desnuda!

lunes, 12 de agosto de 2013

Reinvéntate (por Charles Bukowski)


invéntate y después reinvéntate a ti mismo,

no nades en la misma charca.

invéntate y después reinvéntante a ti mismo

y

no caigas en las garras de la mediocridad.



invéntate y después reinvéntate a ti mismo,

cambia de tono y forma tan a menudo que no puedan

nunca

clasificarte.



revigorízate y

acepta lo que hay

pero sólo [sic] en los términos que tú hayas inventado

y reinventado.



sé autodidacta.



y reinventa tu vida porque así ha de ser;

es tu vida y

su historia

y el presente

te pertenecen sólo [sic]

a ti.

domingo, 11 de agosto de 2013

Lo que hacemos (por Valentín Medina)


los hombres somos

casi definitivamente

lo que hacemos:



quiénes son nuestros amigos

qué real-izamos en realidad

a quién queremos verdaderamente

con qué nos comprometemos.



todo esto nos da una buena

medida

de nosotros

mismos.



lo demás solo sucede

en el espacio

vacío y luminoso a la vez

de las palabras:

simples significantes.



faltan en ellas de entrada la transparencia

de los hechos.

sábado, 10 de agosto de 2013

Tan callada (por Saiz de Marco)

Te reprocho

Felicidad

que seas discreta

que camines en silencio

de puntillas

cabizbaja

como si tuvieras miedo

como si evitaras llamar la atención



Y no es que no vengas

Que sí

sí que vienes

pero lo haces tan callada

tan de incógnito

como una espía o una agente infiltrada



¿ Por qué no aprendes del dolor y la pena

que no reprimen sus gritos lastimeros

sus embestidas bramando a medianoche

sus sollozos con runrún de letanía ?



(Y en cambio tú un rumor tenue

un susurro)



¿ No te das cuenta

Felicidad

de que lo que anhelamos nosotros es mirarte

oírte venir anunciada por trompetas

por tambores

por pasacalles

por músicos

que no parasen de tocar todo el tiempo ?



¿ Es que no puedes tú también hacer ruido

vocear

¡ estoy aquí !

¡ me siento eufórica

radiante por alegrar gente a mi paso ! ?



¿ Es que no puedes gritarlo

proclamarlo

a los cuatro vientos cantar que has venido

siquiera sea para contrarrestar

el estruendo que llega de ahí enfrente ?

viernes, 9 de agosto de 2013

Para matar a un hombre (por Edwin Brock)


Hay múltiples métodos engorrosos para matar a un hombre.
Se le puede obligar a que cargue un tablón de madera
hasta la cumbre de un monte y entonces clavarlo. Para que esto
resulte es necesario una multitud de gente
que lleve sandalias, un gallo que cante, un manto
para disecarlo, una esponja, un poco de vinagre y un
hombre que martille los clavos en su sitio.

O es posible buscarse un pedazo de acero
de forma y monturas tradicionales
y tratar de penetrar esta jaula de metal que lo protege.
Si éste es el caso, te hacen falta cabellos blancos,
árboles ingleses, hombres con arcos y flechas,
dos banderas por lo menos, un príncipe y un
castillo donde celebrar el banquete.

Dejando de lado los escrúpulos, puedes también, si el viento
lo permite, asfixiarlo con gas. Pero entonces necesitas
una milla de fango tallada por trincheras,
sin olvidar las botas negras, los cráteres de bombas,
más fango, una plaga de ratas, docenas de canciones
y algunos sombreros circulares hechos de acero.

En una era de aviación, puedes volar
a muchas millas por encima de tu víctima y liquidarla
con sólo apretar un botoncito. Todo lo que se requiere,
en este caso, es un océano que los separe, dos
sistemas de gobierno, los científicos del país,
algunas fábricas, un psicópata y un pedazo de
tierra que nadie va a necesitar por varios años.

Estos son, como dije antes, métodos engorrosos
para matar a un hombre. Más sencillo, directo, y mucho
más limpio es asegurarse de que vive en algún lugar
del siglo veinte, y ahí dejarlo.

jueves, 8 de agosto de 2013

Como obsequios (por José Luis Piquero)


Esta noche los cuatro
nos damos libremente, como obsequios.
Ya no somos parejas y formamos
un cí­rculo perfecto.

Un placer sin palabras,
algo así­ como un juego de calor,
mas con las mismas mañas
del amor entre dos.

Y el latido de manos y de bocas
con su idioma de sed:
en cada piel absorta que se posan
tocan un corazón bajo la piel.

Sobre este cuarto ha descendido el mundo,
la luz intacta de la vida breve
envolviéndonos juntos
mientras la noche afuera dura y llueve.

No volveré a estar solo.
Después de haber amado así­, la muerte
no me tendrá del todo.

miércoles, 7 de agosto de 2013

Cambios (por Yalal ad-Din Muhammad Rumí)


¿Quién hace estos cambios?
Disparo una flecha a la derecha,
cae a la izquierda.
Cabalgo tras de un venado y me encuentro
perseguido por un cerdo.
Conspiro para conseguir lo que quiero
y termino en la cárcel.
Cavo fosas para atrapar a otros
y me caigo en ellas.

Debo sospechar
de lo que quiero.

martes, 6 de agosto de 2013

Transfigurado en alegría (por Eloy Sánchez Rosillo)

Con pie lento anduviste por mi vida,
dolor de aquellos tiempos,
y nunca terminabas de pasar.
Días que eran la noche,
años empantanados en las aguas
de un presente ofuscado y sin salida.
Perplejo aún, puedo afirmar ahora
que al fin no te marchaste,
ni te apagaste porque te extinguieras,
sino que por amor, por gracia pura,
fuiste transfigurado
en alegría misericordiosa
sin que yo en un principio lo advirtiese.
¿Cómo pudo ocurrir aquel prodigio
de que al llegar a un punto, a tal momento,
tú ya no fueras tú
y fueras justamente tu contrario?
Qué enigmático es todo, qué aventura
esta ignorancia ciega del vivir.

lunes, 5 de agosto de 2013

En la ficción del tiempo (por Juan Goytisolo)



Al admirar tu cuerpo,
recio el calzón de los membrudos,
lamento mi extravío
en la ficción del tiempo.
Imposible acogerse
al pecho hircino
y al vigor de tus brazos.
El abismo de un siglo nos separa.
Mas tu borrosa estampa,
al hilo de los años,
impugna
lo efímero mezquino
y me concede,
don del espejismo,
tu plenitud recobrada.

domingo, 4 de agosto de 2013

¿ Me podréis perdonar? (por Pedro Salinas)



¡Oh, vosotros, hermanos!,

en la gran lejanía

de esa tierra altanera

que me estáis defendiendo

a mí, que nací en ella,

¿me podréis perdonar

esto que yo no sufro?

¿Me podréis perdonar

el crujido del pan

limpio cuando se quiebra

vosotros, devorados

por la araña del hambre?

¿Me podréis perdonar

este techo de silencio,

estas cuatro paredes,

vosotros, sin más techo

que un cielo de metrallas,

sin más muros que cuatro

horizontes siniestros

por donde están rampando,

en vez de mis auroras,

sucios soles de odio?

¿Podrá esa guerra vuestra

perdonarme mi paz,

esta paz que me pesa

como otra guerra oscura?

¿Y podrán vuestras muertes,

tú, y la tuya, y la tuya,

y la del otro, y tantas,

diez, veinte, ciento, mil

muertes bajo la tierra,

perdonar una vida

que sigue en pie en mi pecho?

sábado, 3 de agosto de 2013

Esos pájaros (por Nuno Júdice)


¿Qué saben los pájaros del otoño que llega,
con su fondo de nubes, derramando cenizas
sobre el cielo de la memoria? Los oigo, de madrugada,
anunciando la partida, y veo el horizonte llenarse
con su emigración, llevando a otros lares
la nostalgia del estío.

Los sigo con los ojos; y el tiempo que
me dejan se vacía de música, como si
el silencio no tuviera su ruido inmenso,
y una vibración de nada no me trajera
a los oídos su eco, robado a un
pozo cerrado de una infancia distante.

¿Cuántas veces me avisaron, esos pájaros, de
lo que había de venir? Leí en su pecho abierto
un futuro blanco; y les llené de sombra
las entrañas para que, donde hubo un corazón,
la vida aún palpitase, incluso aunque no fuese más
que el diseño pálido de un ser antiguo.

Pero es en el presente cuando su canto
me trastoca; y les doy, en el abrigo de la estrofa,
un nido de palabras donde su sueño
se ampare del invierno, y sus ojos cerrados
guarden la imagen del azul, el deseo del vuelo, y
un crujir de hojas con el viento de la tarde.

viernes, 2 de agosto de 2013

Las mismas calles (por Álvaro Valverde)

Una ciudad es todas las ciudades.

Cruzas el mismo andén, las avenidas
iguales y lejanas, tan inhóspitas
como esos edificios que proyectan
su luz vítrea y opaca en el asfalto.

Una ciudad es sólo un sentimiento
de euforia o de catástrofe, un círculo
que es suma de otros círculos
igual de fantasmales.

Es un azar, una ciudad; un tramo
entre dos direcciones de ida y vuelta,
y un idéntico fin y un mismo origen.

Con la mirada hundida, el paso rápido,
recorres sin cesar las mismas calles
que desoladas cercan tu destino.

jueves, 1 de agosto de 2013

Hacia aquellas aguas (por Blanca Sandino)



Todo está lleno de dioses

que recorriendo túneles del tiempo me ocultan las estrellas

cuando intuyo que aunque no puedes verme, me adivinas.

Y en tanto hilo silencios, teje sus porqués la noche,

y a oscuras me pregunto quién podría querer ser extranjero,

quién profeta, quién sombra, sólo sombra,

o quién bajar al averno, a lo confuso,

en un rincón inhóspito el libro egipcio de los muertos

espera que le preste mis manos, pase página,

me adentre por caminos de agua (una aproximación serena hacia la muerte),

y a bocajarro me tope con sus dioses.

Sus dioses, ésos que oigo bajo mi piel cuando me laten gemidos paralelos,

cuando me respiran, o acompasan las horas y me ocultan seis cifras: una fecha.

O mil fechas (Ay, poder morir. Poder morir mil veces, hasta quedar exhausta de morirme.)

Debo volver -me digo-, recompongo la luz en mi memoria: tras los párpados,

lloran los ojos aguanieve de albedo, amargo albedo.

Y vuelvo. Oigo mi nombre (la querencia me vence hacia tu orilla,

desnuda mar sobre la piedra) y entonces

hacia aquellas aguas, amor, aquellas aguas, vuelo.

miércoles, 31 de julio de 2013

Todo lo que escribí sobre nosotros (por Nazim Hikmet)

La separación estaba sobre la mesa, entre la taza de café
y el vaso de limonada.
Fuiste tú quien la puso ahí.
Un cuenco era el agua en el fondo del pozo.
Contemplaba inclinándome.
Una criatura gigantesca sonreía lentamente a una nube.
Yo gritaba.
Mi voz te había perdido.
Su eco retrocedía.
La separación estaba sobre la mesa en la cajetilla de tabaco.
La trajo el camarero de gafas, sin que la hubieras encargado.
Era humo retorciéndose en tus ojos
en la punta de tu cigarrillo,
en la palma de tu mano, dispuesta para decir adiós.
La separación estaba sobre la mesa
en el punto donde apoyabas el codo.

En lo que pasaba por tu mente estaba la separación,
en lo que escondías en mí, en lo que no escondías,
la separación estaba en tu serenidad.
En tu miedo ilimitado estaba la separación.

Enamorarse, así, de repente, como si se abriera una puerta...

Mentira todo lo que hemos escrito sobre nosotros.
No ha sido lo que fue, sino lo que quise
que fuera entre nosotros.
Eran mis anhelos puestos en mis inalcanzables ramas,
era mi sed, sacada del pozo de mis sueños.
Los había dibujado sobre la luz.
Todo lo que escribí sobre nosotros es verdad.
Tu belleza:
es decir, un cesto de frutas o bien una comida campestre;
estar lejos de ti:
es decir, el que me vuelva el último farol
en la última calle de la última esquina de la ciudad.
El que esté celoso de ti:
es decir, el que corra, con los ojos vendados, de noche, tras los trenes.
Mi felicidad:
es decir, el río soleado que rompe su dique y corre.

Todo lo que escribí sobre nosotros es mentira.
Todo lo que escribí sobre nosotros es verdad.

martes, 30 de julio de 2013

........Nota de servicio........

zUmO dE pOeSíA no cierra durante agosto. Así pues, seguirá apareciendo el poema diario.

Durante una parte del mes hemos dejado entradas programadas. Los comentarios que enviéis pueden tardar más tiempo del normal en ser publicados.

Granada (España) 30 julio 2013 

En una isla creada por ti (por Brian Patten)


Es horrible no saber adónde ir.

Llevas la calle como un abrigo.
Ciertas cosas son amigas, otras
no pueden visitarse ya.
Los viejos amores acechan en los portales;
tras las ventanas las mujeres envejecen. Florece el abandono.

Has declinado numerosas invitaciones,
dejado los teléfonos sin contestar y has dicho "no"
a los pocos que te necesitaban.
Abandonado en una isla creada por ti
has lanzado llamadas, anhelos.

Qué inútil es saber que adonde quieres ir
no está exactamente en ninguna parte.
Los trenes no te llevarán allí,
los autobuses rojos pasan de largo sin detenerse.

No hay taxis libres.

lunes, 29 de julio de 2013

Nadie cree que esté sucediendo (por Czeslaw Milosz)



El día del fin del mundo
la abeja gira encima de la flor de capuchina.
El pescador repara una red brillante.
En el mar los delfines saltan alegres.
Los gorriones jóvenes se agarran del canalón
y la serpiente tiene piel dorada, como debe tenerla.

El día del fin del mundo
las mujeres cruzan el campo bajo las sombrillas,
un borracho se duerme a la orilla del césped,
en la calle pregonan los verduleros
y una lancha con vela amarilla llega a la isla,
el son del violín en el aire persiste
y abre la noche estrellada.

Y quienes esperaban relámpagos y truenos
están decepcionados.
Y quienes esperaban señales y trompetas de arcángeles
no creen que esté sucediendo ya.
Mientras el sol y la luna están arriba,
mientras el abejorro visita a la rosa,
mientras nacen los niños rosados,
nadie cree que esté sucediendo ya.

Sólo un viejito cano, que hubiera sido profeta,
pero no es profeta porque tiene otro quehacer,
dice amarrando los tallos de tomates:
No habrá otro fin del mundo,
no habrá otro fin del mundo. 

domingo, 28 de julio de 2013

Nada podría habernos unido tanto (por William Carlos Williams)

Lo que me daban aquellas mujeres
es difícil decirlo
Flossie

tú no
tú viviste conmigo
muchos años recuerda
el año en que tuvimos
aquel magnífico tiesto
de peonias

qué contentos estábamos
los dos con ellas
pero una noche
nos las robaron
compartimos la pérdida
ninguno pudo pensar
en nada más
durante todo un día
nada podría
habernos unido tanto


llevábamos
casados diez años

sábado, 27 de julio de 2013

Y yo lo pasaré (por Juan Ramón Jiménez)


Éste es el verdadero río, amor soñado.

Tú estás en la nada y yo en la vida.

Sólo el tiempo corre entre los dos. 



La orillas son iguales

pero apenas se ve de la otra,

ahora que el río es tan ancho. 


Pero el río se irá estrechando. 


Y yo te veré amor soñado,

y yo lo pasaré

y me quedaré contigo para siempre.

viernes, 26 de julio de 2013

Olas cansadas de horizonte y retornos (por Derek Walkott)


Esquizofrénico, desterrado por dos estilos,

uno de una escindida prosa alquilada, me gano

mi exilio. Avanzo millas de playa bajo la hoz del claro de luna,


bronceado, quemado, echado fuera

de este amoroso océano que a sí mismo se ama.


Para cambiar tu lengua debes cambiar tu vida.


No puedo corregir viejos errores.

Olas cansadas de horizonte y retornos.

Gaviotas chillan con oxidadas lenguas

sobre las piraguas podridas de la playa,

fueron una venenosa nube picuda en Charlotteville.


Una vez pensé que el amor a la patria era suficiente,

ahora, incluso si lo decido, no le encuentro lugar en el pensamiento.


Veo las mejores mentes pedir como perros

por migajas de favores.

Estoy cerca de la mitad

de mi vida, mi piel quemada

se deshace en mis manos como papel, fina como piel de cebolla,

al igual que el acertijo de Peer Gynt.


En el corazón no hay nada,

ni el horror de la muerte. Conozco muchas muertes.

Me son todas familiares, todas dentro de su papel,

e incluso cómo murieron. Encendida, la carne

ya no teme la boca de caldera

de la tierra,


ese horno de ceniza del sol,

ni este nubarrón, despejando la hoz de la luna

otra vez palideciendo esta playa como una hoja en blanco.


Su indiferencia total es otra clase de rabia.

jueves, 25 de julio de 2013

Pan duro (por Jaime García-Máiquez)


La madre de mi madre se tomaba
el pan del día anterior o el de hacía dos días
para desayunar, con su café manchado.
Era como un gorrión. Emocionaba ver
a aquella señorita de Alicante
con más de ochenta años de ternura
nutrirse despacito igual que un pobre
cartujo, allí sentada en su butaca.
Mi madre sonreía al verme sorprendido
contemplando a su madre, en una casa
cuya despensa inmensa
se parecía a un bodegón de Snyders.
Y alguna vez, para explicarme aquello
me dijo llanamente: es por la guerra;
no te preocupes, Jaime, es por la guerra.
Dos décadas después, y a casi un siglo
de la Guerra Civil, ahora soy yo
el que coge el pan duro
y lo besa despacio
y se lo come haciéndolo migajas
con un café con leche.
Mi mujer no da crédito, y se queda
alucinada cuando le contesto
completamente en serio que no le dé importancia,
que lo hago por la Guerra.

miércoles, 24 de julio de 2013

Bastante movedizo a su manera (por Wislawa Szymborska)

Le dio por la felicidad,
le dio por la verdad,
le dio por la eternidad,
¡miradlo!

Apenas distinguió entre realidad y sueño,
apenas comprendió que él era él,
apenas chapuceó con su mano nacida de una aleta
una piedra de lumbre y una nave espacial,
capaz de ahogarse en una cucharada de océano,
poco gracioso incluso para la vacuidad,
sólo ve con sus ojos,
sólo oye con sus oídos,
su gran logro lingüístico es el condicional,
usa su razón para increpar a la razón,
en una palabra: es un cero a la izquierda,
pero por la cabeza le rondan la libertad, la omnisciencia y el ser
fuera de la carne tonta,
¡miradlo!

Porque parece existir,
haber llegado a ser de veras
bajo una de las estrellas provincianas.
Vivaz y bastante movedizo a su manera.
Pese a ser un bastardo de un cristal
está harto estupefacto.
Pese a haber vivido una infancia difícil entre las necesidades de la manada
no está mal individualizado.
¡Miradlo!

¡Adelante, aún por un instante,
por un abrir y cerrar de una menuda galaxia!
Que por fin se vea a grandes rasgos
quién será, dado que existe.
Porque es tenaz.
Muy tenaz, a decir verdad.
Con ese aro en la nariz, con esa toga, con ese jersey.
En fin, es una monada.
Pobrecito.
Todo un hombre.

martes, 23 de julio de 2013

Niña que nunca te has ido (por Norma Jean Baker -Marilyn Monroe-)


No vuelvas a visitarme,

niñita sola y asustada,

no vuelvas nunca más,

no vuelvas cuando todos me miran,

cuando mi amor me abraza,

cuando cientos de manos

aplauden fervorosas

y cientos de ojos

me desean.

No vuelvas nunca más,

niña que nunca te has ido

de mi lado.

lunes, 22 de julio de 2013

La obstinada piedra (por Philip Larkin)

Si la pena pudiera quemarse
como sumergido carbón
el corazón descansaría sosegado,
el alma desalquilada
sería aún como un velo.
Pero he mirado toda la noche
el fuego crecer en silencio,
la gris ceniza deshacerse.
Y avivo la obstinada piedra
que las llamas han dejado,
y la pena se aviva, y el sordo
corazón se queda sin fuerzas.

domingo, 21 de julio de 2013

sábado, 20 de julio de 2013

Para el polvo (por Antonio Machado)

¿Y ha de morir contigo el mundo mago
donde guarda el recuerdo
los hálitos más puros de la vida,
la blanca sombra del amor primero,
la voz que fue a tu corazón, la mano
que tú querías retener en sueños,
y todos los amores
que llegaron al alma, al hondo cielo?


¿Y ha de morir contigo el mundo tuyo,
la vieja vida en orden tuyo y nuevo?

¿Los yunques y crisoles de tu alma
trabajan para el polvo y para el viento?

viernes, 19 de julio de 2013

Se precisaron todas esas cosas (por Jorge Luis Borges)

Los ponientes y las generaciones.
Los días y ninguno fue el primero.
La frescura del agua en la garganta
de Adán. El ordenado Paraíso.
El ojo descifrando la tiniebla.
El amor de los lobos en el alba.
La palabra. El hexámetro. El espejo.
La Torre de Babel y la soberbia.
La luna que miraban los caldeos.
Las arenas innúmeras del Ganges.
Chuang-Tzu y la mariposa que lo sueña.
Las manzanas de oro de las islas.
Los pasos del errante laberinto.
El infinito lienzo de Penélope.
El tiempo circular de los estoicos.
La moneda en la boca del que ha muerto.
El peso de la espada en la balanza.
Cada gota de agua en la clepsidra.
Las águilas, los fastos, las legiones.
César en la mañana de Farsalia.
La sombra de las cruces en la tierra.
El ajedrez y el álgebra del persa.
Los rastros de las largas migraciones.
La conquista de reinos por la espada.
La brújula incesante. El mar abierto.
El eco del reloj en la memoria.
El rey ajusticiado por el hacha.
El polvo incalculable que fue ejércitos.
La voz del ruiseñor en Dinamarca.
La escrupulosa línea del calígrafo.
El rostro del suicida en el espejo.
El naipe del tahúr. El oro ávido.
Las formas de la nube en el desierto.
Cada arabesco del calidoscopio.
Cada remordimiento y cada lágrima.
Se precisaron todas esas cosas
para que nuestras manos se encontraran.

jueves, 18 de julio de 2013

Hay un desconocido que me habita (por Gabriel Celaya)

¡Qué extraño es verme aquí sentado,
y cerrar los ojos, y abrirlos, y mirar,
y oír como una lejana catarata que la vida se derrumba,
y cerrar los ojos, y abrirlos, y mirar!

¡Qué extraño es verme aquí sentado!
¡Qué extraño verme como una planta que respira,
y sentir en el pecho un pájaro encerrado,
y un denso empuje que se abre paso difícilmente por mis venas!

¡Qué extraño es verme aquí sentado,
y agarrarme una mano con la otra,
y tocarme, y sonreír, y decir en voz alta
mi propio nombre tan falto de sentido!

¡Oh, qué extraño, qué horriblemente extraño!
La sorpresa hace mudo mi espanto.
Hay un desconocido que me habita
y habla como si no fuera yo mismo.

miércoles, 17 de julio de 2013

Contigo (por Roberto Juarroz)


Estoy contigo.

Pero por encima de tu hombro

me dice adiós tu mano que se aleja.

Entonces yo contengo mi mano

para que no nos traicione ella también.

E insisto:

estoy contigo.

Los innegables títulos del adiós

abandonan entonces provisoriamente sus derechos.

Y nuestras manos se aquietan

en las equidistancias de estar juntos.



martes, 16 de julio de 2013

Me refiero a las flores de cuneta (por Miguel d´ Ors)


No tienen el prestigio de la rosa,

ni ocupan con su aroma los crepúsculos, como

los dondiegos de noche y los jazmines,

ni se andan con las ínfulas heráldicas

de las flores de lis,

ni se mantienen lejos de la vida,

como el acanto (al que jamás ha visto

nadie bajarse de los capiteles

corintios) o los graves aligustres

que cantan los poeti laureati,

ni llegan a las masas como esos

claveles encarnados que suenan como un «ole»

si una mujer morena se los pone en el pelo.


Me refiero a las flores de cuneta,

esas que nunca vemos

en los poemas: simples margaritas,

collejas, corregüelas, malvas, dientes

de león, digitales, las niñas amarillas

de la xesta y el tojo, y esas otras

tan bonitas –no sé cómo se llaman–

que lucen, agrupadas como en constelaciones,

una versión barata del azul

de las gencianas de los Pirineos.


Ya sé que les da cosa salir en los papeles

y se sienten cohibidas en los endecasílabos,

pero, por ser humildemente humildes

(no como la violeta,

muy modestiña, sí, pero ahí la tienes,

pregonada en el Guiness con el número 1

en el ranking worldwide

de la modestia), porque me conmueve

ver cómo van creciendo

–buenas vecinas de las lagartijas–

entre los tapacubos expósitos, las latas

de refrescos, el óxido y los bichos

espachurrados, porque si las miras

con buenos ojos tienen su belleza

–de arte menor si quieres, pero segura: como

la de una novia de tu mismo pueblo–,

porque de alguna forma luchan en la frontera,

porque son la vanguardia de mi misma

guerra con el asfalto y el CO2,


que, con palabras tan fáciles como ellas,

estos versos les rindan homenaje.

lunes, 15 de julio de 2013

Yo y la casa (por Juan Ramón Jiménez)



¡Qué bien la casa

conmigo;

como un cuerpo gustoso

con su corazón!



Cuando me voy,

¡qué tristes yo y la casa,

como dos hondamente enamorados

que no se ven!



¡Qué ritmo plácido y tranquilo

el que se siente ella

en plenitud de plenitudes!

¡Cómo todo se inunda de mi sangre!



¡Cómo sus cuartos, cómo

las cámaras del corazón

se llenan de mi sangre!

domingo, 14 de julio de 2013

Antes de los nombres (por John Burnside)


Sueño con el silencio
del día anterior a que Adán
diera nombre a las bestias,

desprendidas sus pieles de oro
de los dedos de los brillantes de Dios,
contenidas aún en esa luz.

Un día, tal vez, como éste:
su blancura invernal
cautivando la creación

como a nosotros, a veces,
nos cautiva el espacio
que llenamos, o las formas

que habríamos podido conocer
antes de los nombres, más allá
de la pátina de las cosas.

sábado, 13 de julio de 2013

Cualquier cosa que sirva (por Charles Bukowski)


Por el huevo roto en el suelo
Por el 5 de julio
Por el pez en la pecera
Por el viejo de la habitación nº 9
Por el gato sobre el muro

Por ti mismo

no por la fama
ni por el dinero

tienes que seguir luchando

Cuanto te haces viejo
disminuye el atractivo

es más fácil cuando se es joven


Cualquiera puede alcanzar
las alturas alguna que otra vez

La clave consiste en
resistir


Cualquier cosa que sirva
para que

esta vida siga bailando

frente a
doña Muerte.
 

viernes, 12 de julio de 2013

Instante con mi padre (por Geraldino Brasil)


Un día yo estaba triste (y mirando al suelo)
y él creyó erradamente, como casi siempre
se piensa de un niño, que dormía en paz.
Pero yo miraba al suelo y vi acercarse sus pies.
Y porque no me llamó, yo sabía
que él estaba mirándome
y que su mirada me envolvía dulcemente.
Entonces todavía por algunos segundos simulé dormir,
e hice como que despertaba y reconocía sus zapatos,
y cuando levanté la cabeza él esperaba mi mirada
con una sonrisa.

jueves, 11 de julio de 2013

De tu clavo, alegría (por Rubén Bonifaz)


Ábrese el fuego, y salta la burbuja
metálica de un pez; barre los ojos
una flor instantánea; doble salto
mortal, ensaya el corazón. Amigos,
algo mejor gocemos que un lamento.

Ya, para no caerme, estoy colgado
de tu clavo, alegría; de tu absorto
badajo, de tu azúcar infalible
de mujer conseguida.

Has caminado
de gusto, te has sentado de gusto,
has llorado de gusto hasta reírte.
Eras tuya, y bailabas, y las piernas
no te dolían tanto. Y es domingo.

Escaleras del aire, pan del día,
turquesa el vuelo entre nosotros.

Y de pronto es domingo,
y hay gente, y es de fiesta
y fraterna la gente, y es ahora,
y hay el viaje y la carta recibida
y el intercambio de la contraseña,
y la risa espiral regocijada.

Risa del pobre, cúpula sin suelo
por sí misma orquestándose;
música sin orquesta que la amarre,
deslimitándome, soldándome,
compacta, el dentro y el afuera.

Desde la almendra glandular me encumbras,
desde las cuatro alcobas
cordiales, me trabajas, alegría;
plural jarabe, rosa visitante,
llave de toda cerradura.

Amigos, ha pasado la nocturna
concepción de los cantos, y la víspera
de cristal doloroso, y la semilla,
y está el deleite con nosotros
como vino de suyo madurado.

Y está en las manos el solemne
fulgor; el número premiado
en esta lotería de campanas.

miércoles, 10 de julio de 2013

Yo me remonto a mayo de 1937 (por Sharon Olds)


Les veo, de pie, a las puertas rituales de sus universidades,
veo a mi padre paseándose
bajo el arco de piedra arenisca, color almagre,
los azulejos rojos centelleando
como torcidos platos de sangre detrás de su cabeza,
veo a mi madre con unos cuantos libros triviales a su lado,
de pie, donde la columna hecha de pequeños ladrillos,
con la puerta de hierro forjado todavía abierta detrás de ella,
sus puntas de espada negras en el aire de mayo;
están a punto de graduarse, a punto de casarse,
son chavales, son tontos, lo único que saben es
que son inocentes, nunca harán daño a nadie.
Quiero acercarme a ellos y decir, ¡alto!
No lo hagáis: ella no es la mujer,
él no es el hombre que quieres, haréis cosas
que no podéis imaginar jamás haríais,
haréis cosas malas a niños,
sufriréis de manera inconcebible,
querréis morir. Quiero
acercarme a ellos allí a la luz solar de un mayo tardío y
decírselo,
la cara de ella, deseosa, bonita y vacía volviéndose a mí,
su pobre cuerpo hermoso, no tocado,
pero no lo hago. Quiero vivir.
Les recojo como esas muñequitas de papel,
hombre y mujer, les empujo uno contra el otro
por las caderas, como astillas de pedernal como para
encender una chispa de los dos, digo:
haced lo que vais a hacer, y yo lo contaré.

martes, 9 de julio de 2013

Su propia luz (por Lao Tsé)


Quien se alza de puntillas no se yergue firmemente. 


Quien se apresura no llega lejos. 

Quien intenta brillar vela su propia luz. 

Quien se define a sí mismo no puede saber quién es realmente.

Quien ejerce poder sobre otros no tiene poder sobre sí. 

Quien se aferra a su trabajo no creará nada duradero. 

Si quieres armonizar con el Tao, haz tu tarea y suéltala luego.

lunes, 8 de julio de 2013

Que tanto amor queme sus naves (por Eduardo Lizalde)


Que tanto y tanto amor se pudra, oh dioses;
que se pierda
tanto increíble amor.
Que nada quede, amigos,
de esos mares de amor,
de estas verduras pobres de las eras
que las vacas devoran
lamiendo el otro lado del césped,
lanzando a nuestros pastos
las manadas de hidras y langostas
de sus lenguas calientes.

Como si el verde pasto celestial,
el mismo océano, salado como arenque,
hirvieran.
Que tanto y tanto amor
y tanto vuelo entre unos cuerpos
al abordaje apenas de su lecho se desplome.

Que una sola munición de estaño luminoso,
una bala pequeña,
un perdigón inocuo para un pato,
derrumbe al mismo tiempo todas las bandadas
y desgarre el cielo con sus plumas.

Que el oro mismo estalle sin motivo.
Que un amor capaz de convertir al sapo en rosa
se destroce.

Que tanto y tanto amor, una vez más, y tanto,
tanto imposible amor inexpresable,
nos vuelva tontos, monos sin sentido.

Que tanto amor queme sus naves
antes de llegar a tierra.

Es esto, dioses, poderosos amigos, perros,
niños, animales domésticos, señores,
lo que duele.

domingo, 7 de julio de 2013

Prestada (por Emily Dickinson)


Tal vez quisieras comprar una flor,
pero yo nunca podría venderla.
Si quieres tomarla prestada,
hasta que el narciso

despliegue su sombrero amarillo
bajo la puerta del pueblo,
hasta que las abejas saquen, de las hileras de tréboles,
su jerez y su vino del Rin,

bien, te la prestaré hasta entonces,
¡pero ni una hora más!

sábado, 6 de julio de 2013

Apocalipsis (por Saiz de Marco)



como en Pompeya

desciende la lava

líquido ardiente que brota de dentro

y vuelve piedra todo cuanto toca



señores y esclavos

pobres y ricos

déspotas

sabios

parias de la tierra

fieles y traidores

ruines y honestos

animales

plantas

estatuas

puentes

casas suntuosas

cabañas

cárceles

proyectos

recuerdos

horrores

sueños

dolor y placer

sonrisas y lágrimas



todo es ahora un Vesubio

un cráter ígneo

un manantial que fluye a borbotones

que se derrama

que anega los suelos que



incontenible

se esparce y avanza



como un torrente hirviendo en la ladera



magma abrasador

pira funeraria

lengua de fuego que todo lo lame



sin distinguir (no sabe de justicia

no entiende de maldades ni bondades)

sin nada exceptuar

sin salvar nada



como en Pompeya cae

montaña abajo

petrificando todo cuanto cubre



la lava que clausura el episodio

la lava final que sepulta al mundo

la lava que todo lo inunda y sumerge

la lava que todo lo lava

viernes, 5 de julio de 2013

Esta vieja de paso monótono (por Sully Prudhomme)

La costumbre es una forastera
que suplanta a nuestra razón,
una vieja ama de casa que se instala en el hogar.
Es discreta, humilde y fiel.
Conoce todos los rincones.
Nunca nos ocupamos de ella
porque sus atenciones son invisibles.

Conduce los pasos del hombre
por el camino que él habría elegido.
Sabe los fines que él persigue
sin que haya de señalárselos,
y con voz queda le dice: «Por aquí. »

Trabajando en silencio para nosotros
con ademán seguro y siempre el mismo,
tiene la vigilancia en la mirada
y la dulzura del sueño en los labios.
¡Pero imprudente aquél
que se abandona a su yugo, una vez conocido!

Esta vieja de paso monótono
va adormeciendo la joven libertad,
y todos los que, insensiblemente,
se han dejado ganar por su oscura fuerza,
por fisionomía son hombres
pero por sus movimientos son cosas.

jueves, 4 de julio de 2013

Ausencia de amor (por Juan Gelman)


Cómo será pregunto.
Cómo será tocarte a mi costado.
Ando de loco por el aire
que ando que no ando.

Cómo será acostarme
en tu país de pechos tan lejano.
Ando de pobre cristo a tu recuerdo
clavado, reclavado.

Será ya como sea.
Tal vez me estalle el cuerpo todo lo que he esperado.
Me comerás entonces dulcemente
pedazo por pedazo.

Seré lo que debiera.
Tu pie. Tu mano.