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viernes, 2 de octubre de 2015

Cuando todo se entienda (por Saiz de Marco)


Cuando caigan los velos,
las vendas de los ojos,
¿cómo será, cómo se verá
todo?:

lo oscuro,
lo insondable,
lo real imperceptible,

lo absurdo,
lo aleatorio,
los efectos,
las causas,

el sinsentido,
el caos,

las falsas evidencias,
los errores veraces,

lo trágico,
lo injusto,

la razón,
la locura,

los rodillos del odio,
la crueldad desde dentro,
la estructura del mal,

el dolor que sentiste,
el daño que infligí,

el yo,
el aquí,
el ahora...

Cuando todo se aclare y se ilumine,
cuando todo se encienda,
cuando todo se entienda...,
¿qué aspecto tendrá entonces?

¿Qué forma adquirirá cuando se muestre entero,
no sólo este rincón
lleno de sombras?

¿Cómo será, cómo se verá todo
-el todo,
todo el todo-
después de irse la niebla,
cuando se haga la Luz?


5 comentarios:

Indecible dijo...

Sería como un ciego (¿acaso no lo somos?) que de pronto abre los ojos y VE.

Anónimo dijo...


Yo creo que podría ser al revés. La luz podría deslumbrarnos e incluso cegarnos.

cajón desastre dijo...

Platón ha muerto, Hegel ha muerto, Nietzsche ha muerto... y yo no me encuentro nada bien.

(DUMOULIN)

hAiKu dijo...

Jamás el Cid
tuvo un despertador
en su mesilla.

(CUQUI COVALEDA)

cajón desastre dijo...


A veces nos sucede con lo que se niega o se calla, con lo que se guarda y se sepulta, que va difuminándose sin remedio y llegamos a descreer que en verdad existiera o se diera, tendemos a desconfiar increíblemente de nuestras percepciones cuando ya son pasado y no se ven confirmadas ni ratificadas desde fuera por nadie, renegamos de nuestra memoria a veces y acabamos por contarnos inexactas versiones de lo que presenciamos, no nos fiamos como testigos ni de nosotros mismos, sometemos todo a traducciones, las hacemos de nuestros nítidos actos y no siempre son fieles, para que así los actos empiecen a ser borrosos, y al final nos entregamos y damos a la interpretación perpetua, hasta de lo que nos consta y sabemos a ciencia cierta, y así lo hacemos flotar inestable, impreciso, y nada está nunca fijado ni es definitivo nunca y todo nos baila hasta el fin de los días, quizá es que no soportamos las certezas apenas, ni siquiera las que nos convienen y reconfortan, no digamos las que nos desagradan o cuestionan o duelen, nadie quiere convertirse en eso, en su propio dolor y su lanza y su fiebre.

(MARÍAS)