zUmO dE pOeSíA

zUmO dE pOeSíA
de todos los colores, de todos los sabores

ALEATORIUM: Saca un poema de nuestro almacén

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domingo, 18 de septiembre de 2011

Correrá todo sin ti (por Fernando Pessoa)

Si te quieres matar, ¿por qué no te quieres matar?
¡Ah, aprovecha! Que yo, que tanto amo la muerte y la vida,
si osase matarme, también me mataría...
¡Ah, si te atreves a hacerlo, atrévete!
¿De qué te sirve el cuadro sucesivo de las imágenes externas
a las que llamamos mundo?
¿La cinematografía de las horas representadas por actores de convenciones
y poses determinadas, el circo polícromo de nuestro dinamismo sin fin?
¿De qué te sirve tu mundo interior que desconoces?
Tal vez, matándote, lo conozcas finalmente...
Y de cualquier forma, si te cansa el ser, ¡Ah, cánsate noblemente,
y no cantes, como yo, la vida, por ebriedad, no saludes como yo la muerte en literatura!
¿Haces falta? ¡Oh, sombra fútil llamada gente!
Nadie hace falta; no haces falta a nadie...
Sin ti, correrá todo sin ti.
Tal vez sea peor para todos tu existir que el que te mates...
Tal vez peses más durando que dejando de durar...
¿El dolor de los otros?...
¿Tienes remordimiento adelantado de que te lloren?
Descansa: poco te llorarán.
El impulso vital apaga las lágrimas poco a poco,
cuando no son por cosas nuestras,
cuando son por lo que les sucede a los otros, sobre todo la muerte,
porque es la cosa después de la cual nada sucede a los otros...
Primero es la angustia, la sorpresa de la venida del misterio y de la falta de tu vida hablada.
Después es el horror del féretro visible y material,
y los hombres de negro que ejercen la profesión de estar allí.
Después la familia para velar,
inconsolable y contando anécdotas lamentando la pena de que hayas muerto,
y tú, mera causa ocasional de aquella lamentación,
tú verdaderamente muerto, mucho más de lo que calculas...
Mucho más muerto aquí de lo que calculas aunque estés mucho más vivo más allá...
Después la trágica retirada para la sepultura o la fosa,
y después el principio de la muerte de tu memoria.
Hay primero en todos un alivio de la tragedia un poco inoportuna de que hayas muerto...
Después la conversación se aligera cotidianamente, y la vida de todos los días retorna a su día...
Después, lentamente te olvidan.
Sólo eres recordado en dos fechas anualmente:
cuando hace años que naciste, cuando hace años que moriste.
Nada más, nada más,
absolutamente nada más.
Dos veces al año piensan en ti.
Dos veces al año suspiran por ti los que te amaron,
y una u otra vez suspiran si acaso se habla de ti.
Encárate en frío, y encara en frío lo que somos...
Si quieres matarte, mátate.
¡No tengas escrúpulos morales, recelos de inteligencia!
¿Qué escrúpulos o recelos tiene la mecánica de la vida?
¿Qué escrúpulos químicos tiene el impulso que genera las savias,
y la circulación de la sangre, y el amor?
¿Qué memoria de los otros tiene el ritmo alegre de la vida?
Ah, pobre vanidad de carne y hueso llamada hombre.
¿No ves que no tienes absolutamente ninguna importancia?
Eres importante para ti, porque es a ti que te sientes.
Eres todo para ti, porque para ti eres el universo,
y el propio universo y los otros satélites de tu subjetividad objetiva.
Eres importante para ti porque sólo tú eres importante para ti.
Y si eres así, oh mito, ¿no serán los otros así?
¿Tienes, como Hamlet, el pavor a lo desconocido?,
pero, ¿qué es lo conocido? ¿qué es lo que tú conoces, para que llames desconocido
a cualquier cosa en especial?
¿Tienes, como Falstaff, el amor aceitoso de la vida?
Si así la amas materialmente, ámala todavía más materialmente,
¡tórnate parte carnal de la tierra y de las cosas!
Dispérsate, sistema fisicoquímico de células nocturnamente conscientes por la nocturna
conciencia de la inconsciencia de los cuerpos,
por la gran manta no-cubre-nada de las apariencias,
por el césped y la hierba de la proliferación de los seres,
por la neblina atómica de las cosas, por las paredes remolineantes del vacío dinámico del mundo.

sábado, 17 de septiembre de 2011

Conocidos (por José Luis Piquero)

Va a seguir, pero duda, y se detiene
a saludar mejor. Acaso entiende
que la frecuencia obliga a cierto aumento
en lo que atañe a tiempo y calidad.
Recuerdo que hace sólo unas semanas
nos cruzábamos y él me saludaba
con hastaluego y mínima sonrisa,
sencillez que también se agradecía
por cómoda y ausente de embarazo
(nunca he sido muy hábil en el trato social).
Luego, y aunque en esta ocasión
todo queda en las frases de rigor,
pienso en que se ha parado y ya lamento
de este engorro de siempre el nuevo ascenso.
Me inquieta no saber lo que pretende:
resultarme simpático, imponerse
a ese miedo trivial, escandaloso,
que tenemos los unos de los otros.

viernes, 16 de septiembre de 2011

La carrera (por Blanca Varela)

digamos que ganaste la carrera
y que el premio
era otra carrera
que no bebiste el vino de la victoria
sino tu propia sal
que jamás escuchaste vítores
sino ladridos de perros
y que tu sombra
tu propia sombra
fue tu única
y desleal competidora.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Un anciano (por Konstantinos Kavafis)

En el lado de adentro del bullicioso café
inclinado sobre la mesa, está sentado un anciano:
con un diario delante, sin compañía.
Y en el desmedro de la aciaga vejez
piensa qué poco gozó los años
en que tenía fuerza, y palabra, y apostura.
Sabe que ha envejecido mucho; lo siente, lo ve.
Y sin embargo el tiempo en que era joven parece
como ayer. Qué breve espacio, qué breve espacio.
Y medita cómo le engañó la Prudencia;
y cómo siempre confió en ella -¡qué locura!-,
la mentirosa que decía: "Mañana. Tienes mucho tiempo".
Recuerda los ímpetus que contenía; y cuánta
alegría sacrificada. Cada ocasión perdida
se burla ahora de su necia prudencia.
...Pero de tanto pensar y recordar
un vértigo le invade. Y se queda dormido
apoyado en la mesa del café.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Has vivido (por Julio Cortázar)

Has visto
verdaderamente has visto
la nieve los astros los pasos afelpados de la brisa
Has tocado
de verdad has tocado
el plato el pan la cara de esa mujer que tanto amás
Has vivido
como un golpe en la frente
el instante el jadeo la caída la fuga
Has sabido
con cada poro de la piel sabido
que tus ojos tus manos tu sexo tu blando corazón
había que tirarlos
había que llorarlos
había que inventarlos otra vez

martes, 13 de septiembre de 2011

Y lo borra todo (por Jacques Prévert)

Dice no con la cabeza
pero dice sí con el corazón
dice sí a quienes quiere
dice no al profesor
está de pie le preguntan
le plantean todos los problemas
de pronto estalla en risas
y lo borra todo
los números y las palabras
los datos y los nombres
las frases y las trampas
y sin prestar atención al enfado del maestro
ni a los gritos de los niños-prodigio
con tizas de todos los colores
sobre la pizarra de la desgracia
dibuja la cara de la felicidad.

lunes, 12 de septiembre de 2011

A veces (por Saiz de Marco)

Entre los mecanismos los ejes las bisagras
a veces una flor
Entre las cañerías los grifos los desagües
a veces una flor
Una flor de esas plantas callejeras anónimas humildes imprevistas
de uno de aquellos brotes que sin licencia emergen en medio del asfalto
Entre los gastados adoquines de las calles
entre las marmóreas baldosas de las aceras
entre los áridos escalones de los días
a veces inesperadamente

una flor

domingo, 11 de septiembre de 2011

Mujer con alcuza (por Dámaso Alonso)

¿Adónde va esa mujer,
arrastrándose por la acera,
ahora que ya es casi de noche,
con la alcuza en la mano?


Acercaos: no nos ve.
Yo no sé qué es más gris,
si el acero frío de sus ojos,
si el gris desvaído de ese chal
con el que se envuelve el cuello y la cabeza,
o si el paisaje desolado de su alma.

Va despacio, arrastrando los pies,
desgastando suela, desgastando losa,
pero llevada
por un terror
oscuro,
por una voluntad
de esquivar algo horrible.

Sí, estamos equivocados.
Esta mujer no avanza por la acera
de esta ciudad,
esta mujer va por un campo yerto,
entre zanjas abiertas, zanjas antiguas, zanjas recientes,
y tristes caballones,
de humana dimensión, de tierra removida,
de tierra
que ya no cabe en el hoyo de donde se sacó,
entre abismales pozos sombríos,
y turbias simas súbitas,
llenas de barro y agua fangosa y sudarios harapientos del color de la desesperanza.

Oh sí, la conozco.
Esta mujer yo la conozco: ha venido en un tren,
en un tren muy largo;
ha viajado durante muchos días
y durante muchas noches:
unas veces nevaba y hacía mucho frío,
otras veces lucía el sol y rejemía el viento
arbustos juveniles
en los campos en donde incesantemente estallan extrañas flores encendidas.
Y ella ha viajado y ha viajado,
mareada por el ruido de la conversación,
por el traqueteo de las ruedas
y por el humo, por el olor a nicotina rancia.
¡Oh!:
noches y días,
días y noches,
noches y días,
días y noches,
y muchos, muchos días,
y muchas, muchas noches.

Pero el horrible tren ha ido parando
en tantas estaciones diferentes,
que ella no sabe con exactitud ni cómo se llamaban,
ni los sitios,
ni las épocas.

Ella
recuerda sólo
que en todas estaba oscuro, y que partir, al arrancar el tren
ha comprendido siempre
cuán bestial es el topetazo de la injusticia absoluta,
ha sentido siempre
una tristeza que era como un ciempiés monstruoso que le colgara de la mejilla,
como si con el arrancar del tren le arrancaran el alma,
como si con el arrancar del tren le arrancaran innumerables margaritas,
blancas cual su alegría infantil en la fiesta del pueblo,
como si le arrancaran los días azules, el gozo de amar a Dios
y esa voluntad de minutos en sucesión que llamamos vivir.
Pero las lúgubres estaciones se alejaban,
y ella se asomaba frenética a las ventanillas,
gritando y retorciéndose,
sólo
para ver alejarse en la infinita llanura
eso, una solitaria estación,
un lugar
señalado en las tres dimensiones del gran espacio cósmico
por una cruz
bajo las estrellas.

Y por fin se ha dormido,
sí, ha dormitado en la sombra,
arrullada por un fondo de lejanas conversaciones,
por gritos ahogados y empañadas risas,
como de gentes que hablaran a través de mantas bien espesas,
sólo rasgadas de improviso
por lloros de niños que se despiertan mojados a la media noche,
o por cortantes chillidos de mozas a las que en los túneles les pellizcan las nalgas,
... aún mareada por el humo del tabaco.

Y ha viajado noches y días,
sí, muchos días,
y muchas noches.
Siempre parando en estaciones diferentes,
siempre con una ansia turbia, de bajar ella también,
de quedarse ella también,
ay,
para siempre partir de nuevo con el alma desgarrada,
para siempre dormitar de nuevo en trayectos inacabables.

...No ha sabido cómo.
Su sueño era cada vez más profundo,
iban cesando,
casi habían cesado por fin los ruidos a su alrededor:
sólo alguna vez una risa como un puñal que brilla un instante en las sombras,
algún cuchillo como un limón agrio que pone amarilla un momento la noche.
Y luego nada.
Sólo la velocidad,
sólo el traqueteo de maderas y hierro
del tren,
sólo el ruido del tren.

Y esta mujer se ha despertado en la noche,
y estaba sola,
y ha mirado a su alrededor,
y estaba sola,
y ha buscado al revisor, a los mozos del tren,
a algún empleado,
a algún mendigo que viajara oculto bajo un asiento,
y estaba sola,
y ha gritado en la oscuridad,
y estaba sola,
y ha preguntado en la oscuridad,
y estaba sola,
y ha preguntado
quién conducía,
quién movía aquel horrible tren.
Y no le ha contestado nadie,
porque estaba sola,
porque estaba sola.
Y ha seguido días y días,
loca, frenética,
en el enorme tren vacío,
donde no va nadie,
que no conduce nadie.

... Y esa es la terrible,
la estúpida fuerza sin pupilas,
que aún hace que esa mujer
avance y avance por la acera,
desgastando la suela de sus viejos zapatones,
desgastando las losas,
entre zanjas abiertas a un lado y otro,
entre caballones de tierra,
de dos metros de longitud,
con ese tamaño preciso
de nuestra ternura de cuerpos humanos.
Ah, por eso esa mujer avanza (en la mano, como el atributo de una semidiosa, su alcuza),
abriendo con amor el aire, abriéndolo con delicadeza exquisita,
como si caminara surcando un trigal en granazón,
sí, como si fuera surcando un mar de cruces, o un bosque de cruces,
o una nebulosa de cruces,
de cercanas cruces,
de cruces lejanas.

Ella,
en este crepúsculo que cada vez se ensombrece más,
se inclina,
va curvada como un signo de interrogación,
con la espina dorsal arqueada
sobre el suelo.
¿Es que se asoma por el marco de su propio cuerpo de madera,
como si se asomara por la ventanilla
de un tren,
al ver alejarse la estación anónima
en que se debía haber quedado?
¿Es que le pesan, es que le cuelgan del cerebro
sus recuerdos de tierra en putrefacción,
y se le tensan tirantes cables invisibles
desde sus tumbas diseminadas?
¿O es que como esos almendros
que en el verano estuvieron cargados de demasiada fruta,
conserva aún en el invierno el tierno vicio,
guarda aún el dulce álabe
de la cargazón y de la compañía,
en sus tristes ramas desnudas, donde ya ni se posan los pájaros?

sábado, 10 de septiembre de 2011

Plenitud de una ola (por Luis Rosales)

Es curioso saber que todo empieza en la transmigración de la saliva
y mis ojos dentro de poco van a cumplir dos años.
Lo cierto está tan cerca que el silencio me ha cortado los pies
y la sangre gotea sobre la alfombra
ya que no basta ver lo que se ve, es necesario adivinarlo.
Lo que se ve es un cuerpo en la penumbra,
un cuerpo que en la noche de amor tiene la plenitud de una
ola inmóvil,
que está siempre en su altura de dominio.
¿Nunca has pensado, amiga mía, que el cuerpo al desnudarse
está más junto?
y luego,
en el momento en que lo miras,
cobra su exactitud porque el mirar lo va configurando.
Todo consiste en la transmigración,
y hoy al verte he sabido
que el tacto es el recuerdo más antiguo que tiene el hombre,
y a veces puede aterrorizarnos
con su temblor de miel
lenta y originaria y envolvente.
El tacto es como el mar
y el cuerpo amado es de agua despacísima que no se mueve
sino hacia adentro,
desnaciéndose,
ya que la carne tiembla porque mira y al entregarse está
mirándonos.
Hay zonas de tu cuerpo que en la sombra relumbran
y tienen un calor reverberante
y un temblor desciñéndose que es la memoria de su origen,
y ya sabes que a veces
el cuerpo participa de la luz
pues el que toca lo cierto muere,
y noche adentro sientes que la profundidad del mar se hace
inmediata
con el roce más leve
pues lo profundo aterra: es desnacer,
y el agua de tu cuerpo está muy junta y muy temblada
ascendiendo de la sombra a la luz,
y nunca acaba su ascensión,
su encendimiento gradual,
y el pulso empieza en las estrellas,
y la creación del mundo se suspende hasta que ya en el mar
sólo queda una ola,
sólo cabe una ola que al llegar a la playa queda en vilo,
sabiendo
que no puede romper sino acabándose.

viernes, 9 de septiembre de 2011

Alto viento (por Tomás Segovia)

Este alto viento helado
es eso que en el mundo
nunca podría corromperse
Así de transparente y fría
debe de ser la sangre de los ángeles niños
Este soplo nos llega desde claras montañas
sin más edad que su impecable altura
que nunca entraron en la historia
Y ahora corre por aquí a empellones
sin poder aguantar las ganas
de volver a empezarlo todo
Y su frío al asalto de tu cara
te prepara a encarar todas las ráfagas
a rostro descubierto
Y no permitirá ni un solo instante
que te distraigas de estar vivo.

jueves, 8 de septiembre de 2011

Esa sombra será la mía (por Alejandro Zambra)

Observo una de las cuatro paredes
Cuando alce una mano
esa sombra será mi sombra
Hace dos horas es tarde
También es tarde en la pared.

Tomo la posición de un cuerpo cansado
Decido que el viento golpea intensamente en la ventana
Decido la situación de mis ojos
Pienso en una fotografía
En la mesa hay un vaso con agua hasta la mitad
Beberlo es lo único que está pendiente.

Observo una de las cuatro paredes
Cuando pienso, esa sombra es sólo una sombra
con bordes exactos e inevitables
una imagen parecida a un cuerpo
Hace dos horas llegué a este cuarto
Al cerrar la puerta sentí el ruido
que hace algo al destruirse
Quizás era la última nuez
o una fotografía difícil
o los restos de un espejo.
Si abriera la puerta no miraría hacia el suelo.
Para qué.

Observo una de las cuatro paredes
Propongo las orillas de mi sombra
Mi sombra se refiere a la pared
Todo se refiere a la pared
En la pared es tarde
Hace dos horas el viento insiste contra la ventana
Traspaso papeles de una caja a otra
No son recuerdos, son fragmentos
que anticiparon esta hora equívoca.

Miro una fotografía
La oculto en un libro
Si alguien lo abriera
pensaría que marqué la página
en que dejé de leer
o que quise recordar ese poema,
este poema.

Puedo asegurar que no es así.
No es así.

No necesito mirar mis manos
Sé que las tengo cerradas
Miro, en cambio, hacia el lugar
donde está la mesa
Veo el vaso y no veo el agua
Veo el agua y no veo el vaso
Es como si pudiera jugar con las palabras.

Observo una de las cuatro paredes
Si alzo una mano esa sombra será la mía
Si hago el menor movimiento
ocurrirá la sombra de alguien
que toma un vaso de agua
y piensa en sí mismo
como en un extraño.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Perros románticos (por Roberto Bolaño)

En aquel tiempo yo tenía veinte años
y estaba loco.
Había perdido un país
pero había ganado un sueño.
Y si tenía ese sueño
lo demás no importaba.
Ni trabajar ni rezar
ni estudiar en la madrugada
junto a los perros románticos.
Y el sueño vivía en el vacío de mi espíritu.
Una habitación de madera,
en penumbras,
en uno de los pulmones del trópico.
Y a veces me volvía dentro de mí
y visitaba el sueño: estatua eternizada
en pensamientos líquidos,
un gusano blanco retorciéndose
en el amor.
Un amor desbocado.
Un sueño dentro de otro sueño.
Y la pesadilla me decía: crecerás.
Dejarás atrás las imágenes del dolor y del laberinto
y olvidarás.
Pero en aquel tiempo crecer hubiera sido un crimen.
Estoy aquí, dije, con los perros románticos
y aquí me voy a quedar.

martes, 6 de septiembre de 2011

Como joya de carne (por Juan Ramón Jiménez)

Como joya de carne, como rosa de vida,
desnuda te sentabas encima de mis piernas.
Eras como una rosa abierta en un ciprés,
como una mariposa en una calavera.
Dios creaba de nuevo el paraíso
si tu risa de oro y plata bordaba mi tristeza.
Yo venía del mundo de los muertos, tan sólo
por tenerte en mis manos temblorosas y ciegas.
Después la brisa que eras tú se fue cantando…
Se apagó el sol. Ya nunca volvió el alba a la tierra.
Y en la sombra constante te perseguí, llorando
como un niño, de cima en cima, en las estrellas.

El que más ame (por W.H. Auden)


Mirando las estrellas, sé muy bien
qué poco les importa que me vaya al infierno,

pero la indiferencia del ser humano o de la bestia
es lo que menos deberíamos temer en este mundo.


¿Nos gustaría acaso que las estrellas se incendiaran

con una pasión hacia nosotros que no pudiéramos corresponder?

Si no es posible que entre nosotros haya igual afecto,

dejen que sea yo el que más ame.


Por muy admirador que yo imagine ser
de las estrellas, a las que esto tiene sin cuidado,
no puedo afirmar, al mirarlas ahora,

que durante todo un día eché de menos a ninguna.


Si todas las estrellas desaparecieran o murieran,

yo debería aprender a contemplar un firmamento vacío

y a sentir que esa absoluta oscuridad es sublime,

pero lograrlo podría llevarme cierto tiempo.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Salir de mí (por Octavio Paz)

La vida, ¿cuándo fue de veras nuestra?,
¿cuándo somos de veras lo que somos?,
bien mirado no somos,
nunca somos a solas sino vértigo y vacío,
muecas en el espejo, horror y vómito,
nunca la vida es nuestra, es de los otros,
la vida no es de nadie, todos somos la vida
—pan de sol para los otros, los otros todos que nosotros somos—,
soy otro cuando soy, los actos míos
son más míos si son también de todos,
para que pueda ser he de ser otro,
salir de mí, buscarme entre los otros,
los otros que no son si yo no existo,
los otros que me dan plena existencia,
no soy, no hay yo, siempre somos nosotros,
la vida es otra, siempre allá, más lejos,
fuera de ti, de mí, siempre horizonte,
vida que nos desvive y enajena,
que nos inventa un rostro y lo desgasta,
hambre de ser, oh muerte, pan de todos.

domingo, 4 de septiembre de 2011

Paréntesis (por Mario Benedetti)

Acompáñenme a entrar en el paréntesis
que alguien abrió cuando parió mi madre
y permanece aún en los otroras
y en los ahoras y en los puede ser
lo llaman vida si no tiene herrumbre
yo manejo el deseo con mis riendas
mientras trato de construir un río
en sus nubes los pájaros se esconden
no es posible viajar bajo sus alas
lo mejor es abrir el corazón
y llenar el paréntesis con sueños
los pájaros escapan como amores
y como amores vuelven a encontrarnos
son sencillos como las soledades
y repetidos como los insomnios
busco mis cómplices en la frontera
que media entre tu piel y mi pellejo
me oriento hacia el amor sin heroísmo
sin esperanzas pero con memoria
por ahora el paréntesis prosigue
abierto y taciturno como un túnel.

sábado, 3 de septiembre de 2011

Muros (por Konstantinos Kavafis)

Sin consideración ni piedad ni vergüenza
alzaron muros a mi alrededor: gruesos y altos.
Y ahora me encuentro aquí, tan desesperado.
No puedo pensar en otra cosa: esta suerte roe mi cerebro...
Y es que ¡ tenía tanto que hacer ahí fuera !
¿Cómo pude no darme cuenta cuando alzaban los muros?
Pero nunca oí a los constructores. Ni un ruido.
Desde fuera imperceptiblemente me encerraron.

viernes, 2 de septiembre de 2011

El guardián del hielo (por José Watanabe)

Y coincidimos en el terral
el heladero con su carretilla averiada
y yo
que corría tras los pájaros huidos del fuego
de la zafra.
También coincidió el sol.
En esa situación cómo negarse a un favor llano:
el heladero me pidió cuidar su efímero hielo.
Oh cuidar lo fugaz bajo el sol…
El hielo empezó a derretirse
bajo mi sombra, tan desesperada
como inútil.
Diluyéndose
dibujaba seres esbeltos y primordiales
que sólo un instante tenían firmeza de cristal de cuarzo
y enseguida eran formas puras
como de montaña o planeta
que se devasta.
No se puede amar lo que tan rápido fuga.
Ama rápido, me dijo el sol.
Y así aprendí, en su ardiente y perverso reino,
a cumplir con la vida:
yo soy el guardián del hielo.

jueves, 1 de septiembre de 2011

Misteriosamente feliz (por Joan Margarit)

La escucho y cae la lluvia,
y pienso en aquel perro solitario
que iba detras del ataúd de Mozart.
Le sigo en los compases de este piano
y en los caminos que dibuja el agua
al irse deslizando en los cristales.
Voy, misteriosamente feliz, siguiendo a un perro
hecho a la vez de música y de lluvia.

miércoles, 31 de agosto de 2011

Éste es otro cantar (por Carlos Marzal)

éste es otro cantar:
el que yo canto
y no acaba de ser el canto mío.
Se dice en esta voz
pero es un préstamo. Por tanta intimidad
ya no es de nadie.
Ni sé cantar, ni sé,
pero me basta
el desentono propio en que murmuro.
Si otro gallo cantara, ¿yo qué haría?
¿Cómo iba a darle sed a esta agua muda?
Escucho mi canción y la obedezco.
La canto a mi dolor, y así se espanta.
Qué bien me satisfago
con este no estar siempre en mis cabales.
Tiempo habrá de venir de ser ninguno.
Vendrá un tiempo después,
no tengo duda.

martes, 30 de agosto de 2011

La esperanza (por Gerardo Diego)

¿Quién dijo que se agotan la curva, el oro, el deseo,
el legítimo sonido de la luna sobre el mármol
y el perfecto plisado de los élitros
del cine cuando ejerce su tierno protectorado?
Registrad mi bolsillo.
Encontraréis en él plumas en virtud de pájaro,
migas en busca de pan, dioses apolillados,
palabras de amor eterno sin
carta de aterrizaje
y la escondida senda de las olas.

lunes, 29 de agosto de 2011

Reloj (por Luzmaría Jiménez)

Reloj: Alimaña con ejes, rubíes, espirales y hasta
con un tic-tac de corazón; mas no percibe
nunca los sonidos del alma.
Horas: Brazadas de palomas en vuelo. Bisturíes
cortando las cintas plateadas del tacto y
de la carne. Miel rezagada que cae sobre los muslos. Negrura atormentada de las noches. Té de las cinco. Damas que te reflejan en los espejos cóncavos y en los
convexos. Monjas sobre reclinatorios. Lenguas bisexuales. Rasos y tules para vestir tu boda. Vientres encinta y en silencio. Babosas empedrando los ojos y
la piel. Procesión de las ánimas. Fragua
de sueños y de huellas. Garantía de origen.
A los pies, toda mansedumbre, se tiende la alimaña
y simplemente espera.

domingo, 28 de agosto de 2011

No, la verdad no (por Fernando Pessoa)

En la calle llena de sol vago hay casas detenidas y gente que
camina.
Una tristeza llena de pavor me atraviesa.
Presiento un suceso más allá de las fachadas y de los movimientos.
¡No, no, eso no!
¡Todo menos saber lo que es el Misterio!
¡Superficie del universo, oh párpados descendidos,
no os alcéis nunca!
¡La mirada de la Verdad Final no debe poder soportarse!
¡Dejadme vivir sin saber nada, y morir sin saber nada!
La razón de que haya ser, la razón de que haya seres, de que haya todo,
debe traer una locura mayor que los espacios
entre las almas y entre las estrellas.
¡No, no, la verdad no! Dejadme estas casas y esta gente;
tal cual, sin nada más, estas casas y esta gente...
¿Qué aliento horrible y frío toca mis ojos cerrados?
¡No los quiero abrir a la vida! ¡Oh Verdad, olvídate de mí!

sábado, 27 de agosto de 2011

Porque hoy te eché de menos (por Ben Clark)

Te escribo este poema (que es de amor)
porque llevo unas horas tanteando
otros temas (cuestiones sin remedio):
la belleza perdida;
la infancia descuajada; la tristeza sin nombre ni motivo.
Pero estas cosas hoy no me interesan.
Hoy sólo sé escribirte este poema.
Porque hoy te eché de menos y tú estabas
en París o en Orlando o en una calle
paralela a la mía eso no importa.
El caso es que no estabas cuando dije
‘Todo admite cien mil puntos de vista
-¿comprendes? No es posible estar seguro-
pero si tú estuvieras frente a mí, ahora, si estuvieras,
sería más sencillo terminar
de una vez (como fuera) este poema'.
Sería más hermoso no escribir.

viernes, 26 de agosto de 2011

Veo a mi padre (por Fabio Morábito)

Veo a mi padre asomado a la ventana.
Sentado en el suelo del cuarto,
miro su espalda ancha. Aún no camino.
Qué hermoso es un padre
cuando, asomado a una ventana,
su espalda se recorta para el hijo.
Le deja impreso su mejor recuerdo.
Padre que encara el mundo,
primera puerta que nos da la infancia,
primer atisbo de que no todo es pecho.

jueves, 25 de agosto de 2011

Acabó el amor (por Vicente Aleixandre)

¿Por qué, por qué llorar? Acabó el amor.
Dime tendida tu secreto. Ya no amas.
Calla. Tendida constas como un río parado.
Azul, tranquilo, el cielo sobre tus ojos consta.
Consta el aire elevado, sus templados destellos.
La vida quieta consta tranquilamente exacta.
Yo, reclinado en tierra de un verdor sin espuma,
transcurro, leve, apenas, como la hierba misma.
Nada llena los aires; las nubes, con sus límites,
derivan. Con sus límites, los pájaros se alejan.

miércoles, 24 de agosto de 2011

Tiempo devorador (por William Shakespeare)

Merma, voraz, las garras del león;
haz que la tierra acabe con sus brotes;
arranca, Tiempo, al tigre sus colmillos;
quema en su sangre al fénix milenario.
Trae estaciones tristes o gozosas
y aquello, Tiempo alado, que prefieras
sobre este mundo de dulzuras breves.
Pero un crimen atroz quiero prohibirte:
no cinceles la frente de mi amada
ni con tu vieja pluma la dibujes;
permite que tu curso no lo dañe,
espejo perdurable de hermosura.
O ensáñate si quieres, Tiempo anciano:
mi amor será en mi verso siempre joven.

martes, 23 de agosto de 2011

Límites (por Juan Gelman)

¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí la sed,
hasta aquí el agua?
¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí el aire,
hasta aquí el fuego?
¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí el amor,
hasta aquí el odio?
¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí el hombre,
hasta aquí no?
Sólo la esperanza tiene las rodillas nítidas.
Sangran.

lunes, 22 de agosto de 2011

Tentaciones (por Hilario Barrero)

El invierno pronuncia tu otro nombre
y comienza el deshielo.
Aventuras el miedo, tienes frío,
atraviesas los primeros abrazos,
reconoces la cuesta, los rostros y la curva,
traduces la inscripción,
resuelves el enigma de la piel y,
liberando la tela metálica de la serpiente
que oscurece la transparencia de tu infancia,
el paisaje recobra su dimensión real:
dueño de tu mirada te ciega los sentidos
y te ofrece el amargo sabor de la maleza,
desde su oscuridad sonora
crecen voces que suben hasta el valle iluminado.
Huye y mírate en el frío tabique del lago,
recuerda su perfil,
apriétate el cilicio del deseo,
enséñale la llave al vigilante,
no olvides la consigna,
vuelve a casa y lávate las manos.
Bien tú sabes que has de volver mañana.

domingo, 21 de agosto de 2011

Hay un himno (por Vicente Gallego)

Hay un himno en la noche más oscura
que no todos consiguen entender;
pero no hay que entenderlo: el himno suena.
Hay un himno en el grito, en el dolor;
sus desgarradas notas
se escuchan en el baile de los huesos,
en el pico del buitre y en las vigas
del hogar destruido.
Hay un canto sutil en la barbarie,
un salvaje concierto en la agonía,
un compás obstinado en el terror.
Hay un coro triunfal
que no apaga la muerte, porque siguen cantando
en él las voces secas de los muertos.
Hay un himno en la vida que es la vida,
su terca pervivencia más allá de nosotros,
el desolado acorde estremecido
de un cielo imperturbable que contempla
la sucesión precisa de la fiesta y el luto.
Hay un himno en el caos, y hay después
ese salmo que clama por el mundo
desde el alma arrasada de nuestro mundo exhausto.
No es sencillo entenderlo: el himno suena
sin contar con nosotros, en el centro sin luz
del extraño destino de la carne.
Dichoso el que en su noche,
rodeado de frío y de tinieblas,
cierra con fe los ojos y es capaz de escucharlo.

sábado, 20 de agosto de 2011

Qué hará ese (por Muñoz Rojas)

Qué hará ese en medio del campo,
escribiendo en medio del campo,
que ha parado su coche
y se ha puesto a escribir.
Ése, que a lo mejor soy yo,
a lo mejor trataba
de contar el sentimiento
de esta tarde tan bella.
Como se sabe, inútilmente.

viernes, 19 de agosto de 2011

Canción del carcelero (por Jacques Prévert)

Dónde vas buen carcelero
con esa llave manchada de sangre
Voy a liberar a la que amo
si aún queda tiempo
y a la que encerré
tiernamente cruelmente
en lo más secreto de mi deseo
en lo más profundo de mi tormento
en las mentiras del porvenir
en las idioteces de los juramentos
Voy a soltarla
quiero que sea libre
incluso para olvidarme
incluso para irse
incluso para volver
y aun para amarme
o amar a otro
si otro le gusta
Y si me quedo solo
y ella se marchó
guardaré solamente
guardaré siempre
en mis dos manos cruzadas
hasta el fin de mis días
la dulzura de sus senos modelados por el amor.

jueves, 18 de agosto de 2011

Todo va a dormir (por Fernando Pessoa)

Comienza a haber medianoche, a haber sosiego
en cada parte de las cosas superpuestas,
los varios pisos que acumulan vida.
Han acallado el piano del tercero...
Ya no oigo los pasos del segundo...
En el entresuelo la radio está en silencio...

Todo va a dormir.

Me quedo a solas conmigo y con el universo entero.
No quiero asomarme a la ventana:
Si mirara, ¡cuántas estrellas!
¡Qué grandes silencios mayores en lo alto!
¡Qué anticiudadano cielo!
Prefiero, recluido
en el deseo de no ser recluso,
escuchar, anhelante, los ruidos de la calle...
un automóvil -¡demasiado deprisa!-.
Los dobles pasos, dialogando, me hablan…
El ruido del portal que cierran bruscamente duele …

Todo va a dormir...

Sólo yo velo, somnoliento, escuchando,
esperando,
algo antes de dormir...
Algo.

miércoles, 17 de agosto de 2011

¿Quién soportaría? (por León Felipe)

Qué pena si este camino fuera de muchísimas leguas
y siempre se repitieran los mismos pueblos, las mismas ventas,
los mismos rebaños, las mismas recuas.
Qué pena si esta vida tuviera -esta vida nuestra-
mil años de existencia.
¿Quién la haría hasta el fin llevadera?
¿Quién la soportaría toda sin protesta?
¿Quién lee diez siglos en la Historia y no la cierra
al ver las mismas cosas siempre con distinta fecha?
Los mismos hombres, las mismas guerras,
los mismos tiranos, las mismas cadenas,
los mismos farsantes, las mismas sectas
y los mismos poetas.
Qué pena, que sea así todo siempre,
siempre de la misma manera.

martes, 16 de agosto de 2011

Peldaños (por Saiz de Marco)

La escalera por la que andan los hombres está llena de
peldaños partidos.
La escalera por la que andan los hombres tiene hendiduras
abiertas por flechas.
Tiene agujeros con forma de bala.
Cuando ya han subido algunos escalones,
se desploma el suelo
y tienen que empezar.
A algunos se les vio por la escalera
chocando unos con otros,
al mismo tiempo subiendo y bajando.
Hay escalones curvados que acaban
más abajo de donde partían.
Hay escalones escurridizos
en los que es fácil resbalar.
Hay escalones que ceden al peso
de los hombres que por ellos ascienden.
Los hombres recomponen la escalera
y más tarde ellos mismos la deshacen.
La escalera que pisan los hombres
se parece a aquel sendero plano que
a lo lejos
se funde en la niebla.
Un millón de años llevan transitándola
y aún están en los primeros escalones
subiendo torpemente,
tambaleándose,
haciendo equilibrios para no caerse.

lunes, 15 de agosto de 2011

Puedes suponer que sigue (por Darío Jaramillo)

Si un amigo vive en otra ciudad y se te muere,
poco importa.
Puedes suponer que sigue lejos, ausente,
que se fue de viaje,
que aún te quiere a pesar de que no escribe
y de que no volvió a llamar.
Pero que sigue trabajando y te recuerda.
Los conocidos lo darán por muerto
pero nunca tendrán un cadáver que sirva como prueba.
Los amigos se extinguen, desaparecen, vuelan. Son eternos.

domingo, 14 de agosto de 2011

Una isla desierta (por Muñoz Rojas)

Alguien me ha hablado
de una isla desierta y yo le he dicho:
¿pero existe una isla desierta?
Claro que en el mundo existen
muchas islas desiertas, es decir,
espacios rodeados de almas
por todas partes que son las aguas,
aunque desierto e isla son términos
imposibles, sobre todo si se piensa
que el amor no tiene refugio
más que en lo hondo de cada uno,
que es lo que le dije cuando me dijo
aquello de la isla desierta.
Y es sabido que cada uno
lleva dentro su isla desierta
y cuando llegas a verla, no está,
y te encuentras que la llevas contigo
donde vayas, esa isla desierta
que somos cada uno de nosotros,
rodeada de nosotros por todas partes,
de manera que no hay manera de llegar.

sábado, 13 de agosto de 2011

Tu vida (por Charles Bukowski)

Tu vida es tu vida
no dejes que sea golpeada contra la húmeda sumisión
mantente alerta
hay salidas
hay una luz en algún lugar
puede que no sea mucha luz pero
vence a la oscuridad
mantente alerta
los dioses te ofrecerán oportunidades
conócelas
tómalas
no puedes vencer a la muerte pero
puedes vencer a la muerte en la vida, a veces
y mientras más a menudo aprendas a hacerlo
más luz habrá
tu vida es tu vida
conócela mientras la tengas
tú eres maravilloso
los dioses esperan para deleitarse
en ti.

viernes, 12 de agosto de 2011

No rechaces los sueños (por Pedro Salinas)

No rechaces los sueños por ser sueños.
Todos los sueños pueden ser realidad,
si el sueño no se acaba.
La realidad es un sueño.
Si soñamos que la piedra es la piedra,
eso es la piedra.
Lo que corre en los ríos no es un agua,
es un soñar, el agua, cristalino.
La realidad disfraza su propio sueño, y dice:
«Yo soy el sol, los cielos, el amor.»
Pero nunca se va, nunca se pasa
si fingimos creer que es más que un sueño.
Y vivimos soñándola.
Soñar es el modo que el alma tiene
para que nunca se le escape lo que se escaparía
si dejamos de soñar que es verdad lo que no existe.
Sólo muere un amor que ha dejado de soñarse
hecho materia y que se busca en tierra.

jueves, 11 de agosto de 2011

No estarás (por Julio Cortázar)

Y sé muy bien que no estarás.
No estarás en la calle,
en el murmullo que brota de noche
de los postes de alumbrado,
ni en el gesto de elegir el menú,
ni en la sonrisa que alivia
los completos de los subtes,
ni en los libros prestados
ni en el hasta mañana.
No estarás en mis sueños,
en el destino original
de mis palabras,
ni en una cifra telefónica estarás
o en el color de un par de guantes
o una blusa.
Me enojaré amor mío,
sin que sea por ti,
y compraré bombones
pero no para ti,
me pararé en la esquina
a la que no vendrás,
y diré las palabras que se dicen
y comeré las cosas que se comen
y soñaré las cosas que se sueñan
y sé muy bien que no estarás,
ni aquí adentro, la cárcel
donde aún te retengo,
ni allí fuera, este río de calles
y de puentes.
No estarás para nada,
no serás ni recuerdo,
y cuando piense en ti
pensaré un pensamiento
que oscuramente
trata de acordarse de ti.

miércoles, 10 de agosto de 2011

Ellos rompen el mundo (por Boris Vian)

Ellos rompen el mundo
En pequeños trocitos
Ellos rompen el mundo
A golpe de martillo
Pero a mí me da lo mismo
Me da lo mismo
Bastante queda para mí
Me queda bastante
Me basta con amar
Una plumita azul
Un camino de arena
Y un pájaro perezoso
Me basta con amar
Una delgada brizna de hierba
Una gota de rocío
Y un grillo del monte
Ellos pueden romper el mundo
En pequeños trocitos
Bastante queda para mí
Me queda bastante
Tendré siempre un poco de aire
Un hilillo de vida
En el ojo algo de luz
Y el viento en las ortigas
E incluso, incluso
Si me meten en la cárcel
Bastante queda para mí
Me queda bastante
Me basta con amar
Esta piedra pulida
Estos ganchos de hierro
Donde queda un poco de sangre
La quiero y la quiero
A la tabla de mi cama dura
Al jergón y a la armadura
Y el polvo en el sol
Me gusta el ventanillo abierto
Y los hombres que entran
Que avanzan, que me llevan
De nuevo a la vida del mundo
Y a encontrar el color
Me gustan esos largos montantes
Ese cuchillo triangular
Esos señores negramente vestidos
Es mi día y estoy orgulloso
Lo quiero y me gusta
Esa panera llena de ruido
Donde poso mi cabeza
Oh, sí, la quiero convencido
Me basta con amar
Una brizna de hierba
Una gota de rocío
Un amor de pájaro perezoso
Ellos rompen el mundo
Con sus pesados martillos
Bastante queda para mí
Queda bastante, corazón mío.

martes, 9 de agosto de 2011

Es imposible callarla (por Federico García Lorca)

Empieza el llanto de la guitarra.
Se rompen las copas de la madrugada.
Es inútil callarla,
es imposible callarla.
Llora por cosas lejanas.
Llora monótona como llora el agua,
como llora el viento sobre la nevada.
Llora flecha sin blanco,
tarde sin mañana
y el primer pájaro muerto
sobre la rama.
Oh guitarra, corazón malherido
por cinco espadas.

lunes, 8 de agosto de 2011

La pantera (por Jorge Luis Borges)

Tras los fuertes barrotes la pantera
repetirá el monótono camino
que es (pero no lo sabe) su destino
de negra joya, aciaga y prisionera.

Son miles las que pasan y son miles
las que vuelven, pero es una y eterna
la pantera fatal que en su caverna
traza la recta que un eterno Aquiles
traza en el sueño que ha soñado el griego.

No sabe que hay praderas y montañas
de ciervos cuyas trémulas entrañas
deleitarían su apetito ciego.

En vano es vario el orbe. La jornada
que cumple cada cual ya fue fijada.

domingo, 7 de agosto de 2011

Cuando el hombre se extinga (por Ángel González)

Cuando el hombre se extinga,
cuando la estirpe humana al fin se acabe,
todo lo que ha creado
comenzará a agitarse,
a ser de nuevo,
a comportarse libremente
—como
los niños que se quedan
solos en casa
cuando sus padres salen por la noche-.

Héctor conseguirá humillar a Aquiles,
Luzbel volverá a ser lo que era antes,
fornicará Susana con los viejos,
avanzará un gran monte hacia Mahoma.

Cuando el hombre se acabe
—cualquier día—,
un crepitar de polvo y de papeles
proclamará al silencio
la frágil realidad de sus mentiras.

sábado, 6 de agosto de 2011

Blues del cementerio (por Antonio Gamoneda)

Conozco un pueblo, no lo olvidaré,
que tiene un cementerio demasiado grande.
Hay en mi tierra un pueblo sin ventura
porque el cementerio es demasiado grande.
Sólo hay cuarenta almas en el pueblo.
No sé para qué tanto cementerio.

Cierto año la gente empezó a irse
y en muchas casas no quedaba nadie.
El año que la gente empezó a irse
en muchas casas no quedaba nadie.
Se llevaban los hijos y las camas.
Tenían que matar los animales.

El cementerio ya no tiene puertas
y allí entran y salen las gallinas.
El cementerio ya no tiene puertas
y salen al camino las ortigas.
Parece que saliera el cementerio
a los huertos y a las calles vacías.

Conozco un pueblo. No lo olvidaré.
Ay, en mi tierra sin ventura,
no olvidaré a mi pueblo.

¡Qué mala cosa es haber hecho
un cementerio demasiado grande!

viernes, 5 de agosto de 2011

Tres cerillas (por Jacques Prévert)

Tres cerillas
Tres cerillas encendidas de noche una a una
La primera para ver tu cara entera
La segunda para ver tus ojos
La última para ver tu boca
Y la oscuridad toda entera para recordarlo
abrazándote.

jueves, 4 de agosto de 2011

Cerremos estos ojos (por Mario Benedetti)

Cerremos estos ojos para entrar al misterio
el que acude con gozos y desdichas
así
en esta noche provocada crearemos por fin nuestras propias estrellas
y nuestra hermosa colección de sueños
el pobre mundo seguirá rodando
lejos de nuestros párpados caídos
habrá hurtos abusos fechorías
o sea el espantoso ritmo de las cosas
allá en la calle seguirán los mismos
escaparates de las tentaciones
ah pero nuestros ojos tapados piensan sienten
lo que no pensaron ni sintieron antes
si pasado mañana los abrimos
el corazón acaso se encabrite
así hasta que los párpados
se nos caigan de nuevo
y volvamos al pacto de lo oscuro

miércoles, 3 de agosto de 2011

Un tren que acaso vuelve (por Luis Rosales)

La tarde va a morir; en los caminos
se ciega triste o se detiene un aire
bajo y sin luz. Entre las ramas altas,
mortal, casi vibrante,
queda el último sol. La tierra huele.
Empieza a oler. Las aves
van rompiendo un espejo con su vuelo.
La sombra es el silencio de la tarde.
Te he sentido llorar: no sé a quién lloras.
Hay un humo distante,
un tren que acaso vuelve, mientras dices:
Soy tu propio dolor, déjame amarte.

martes, 2 de agosto de 2011

Sin entender comprendo (por Octavio Paz)

Soy hombre: duro poco
y es enorme la noche.
Pero miro hacia arriba:
las estrellas escriben.
Sin entender comprendo:
también soy escritura
y en este mismo instante
alguien me deletrea.

lunes, 1 de agosto de 2011

Otra vez soy el tiempo que me queda (por Caballero Bonald)

Solícito el silencio se desliza por la mesa nocturna,
rebasa el irrisorio contenido del vaso.
No beberé ya más hasta tan tarde:
otra vez soy el tiempo que me queda.
Detrás de la penumbra yace un cuerpo desnudo
y hay un chorro de música hedionda
dilatando las burbujas del vidrio.
Tan distante como mi juventud
pernocta entre los muebles el amorfo,
el tenaz y oxidado material del deseo.
Qué aviso más penúltimo amagando en las puertas, los grifos, las cortinas.
Qué terror de repente de los timbres.
La botella vacía se parece a mi alma.

domingo, 31 de julio de 2011

Patrias (por Saiz de Marco)

El sitio en que al rey mago (a un rey mago de pueblo, no al de la cabalgata suntuosa) le conté mis cinco años de vida…
El lugar donde mi padre, a falta de pañuelo, se quitó un calcetín y me limpió los mocos…
La habitación de las lecturas de verano, aquel estante de los libros redentores...
El camino de las moras (moras negras de zarza, moras blancas de árbol) y las hojas que di a los gusanos de seda…
¿qué más da en qué Estado, en qué esquina,
en qué rincón estaban?
(forzosamente estaban en alguno)
si esos granos de tierra de la Tierra
-sean cuales sean su himno, su bandera,
las rayas que en un mapa los encierren-,
si esas partículas de cielo y suelo
donde quiera que se hallen son
mis patrias.

sábado, 30 de julio de 2011

Menos tu vientre (por Miguel Hernández)

Menos tu vientre todo es confuso.
Menos tu vientre todo es futuro fugaz,
pasado baldío, turbio.
Menos tu vientre todo es oculto,
menos tu vientre todo inseguro,
todo postrero,
polvo sin mundo.
Menos tu vientre todo es oscuro,
menos tu vientre claro y profundo.

viernes, 29 de julio de 2011

Pero nadie me dice quién fui yo (por Miguel Labordeta)

Me registro los bolsillos desiertos
para saber dónde fueron aquellos sueños.
Invado las estancias vacías
para recoger mis palabras tan lejanamente idas.
Saqueo aparadores antiguos,
viejos zapatos, amarillentas fotografías tiernas,
estilográficas desusadas y textos desgajados del Bachillerato,
pero nadie me dice quién fui yo.
Aquellas canciones que tanto amaba
no me explican dónde fueron mis minutos,
y aunque torturo los espejos
con peinados de quince años,
con miradas podridas de cinco años
o quizá de muerto,
nadie,
nadie me dice dónde estuvo mi voz
ni de qué sirvió mi fuerte sombra mía
esculpida en presurosos desayunos,
en jolgorios de aulas y pelotas de trapo,
mientras los otoños sedimentaban
de pálidas sangres
las bodegas del Ebro.
¿En qué escondidos armarios
guardan los subterráneos ángeles
nuestros restos de nieve nocturna atormentada?
¿Por qué vertientes terribles se despeñan
los corazones de los viejos relojes parados?
¿Dónde encontraremos todo aquello
que éramos en las tardes de los sábados,
cuando el violento secreto de la vida
era tan sólo
una dulce campana enamorada?
Pues yo registro los bolsillos desiertos
y no encuentro ni un solo minuto mío,
ni una sola mirada en los espejos
que me diga quién fui yo.

jueves, 28 de julio de 2011

Vendrán días (por Manuel García)

Vendrán días en que el peso que hoy te abruma
se hará liviano.
Vendrán días en que ese peso ya no será carga

sino bagaje.
Vendrán días,

han de venir

miércoles, 27 de julio de 2011

Al que no conocí (por José Saramago)

Padre, al que no conocí (pues conocer no es
este engaño de días paralelos,
este tocar de cuerpos distraídos,
estas palabras vagas que disfrazan
el muro infranqueable):
Ya nada me dirás, y no pregunto.
Miro en silencio la sombra que llamé
y acepto el futuro.

martes, 26 de julio de 2011

En la plaza (por Vicente Aleixandre)

Hermoso es, hermosamente humilde y confiante, vivificador y profundo,
sentirse bajo el sol, entre los demás, impelido,
llevado, conducido, mezclado, rumorosamente arrastrado.
No es bueno
quedarse en la orilla
como el malecón o como el molusco que quiere calcáreamente imitar a la roca,
sino que es puro y sereno arrasarse en la dicha
de fluir y perderse,
encontrándose en el movimiento con que el gran corazón de los hombres palpita extendido.
Como ése que vive ahí, ignoro en qué piso,
y le he visto bajar por las escaleras
y adentrarse valientemente entre la multitud y perderse.
La gran masa pasaba, pero era reconocible el diminuto corazón afluido.
Allí, ¿quién lo reconocería? Allí con esperanza, con resolución o con fe, con temeroso denuedo,
con silenciosa humildad, allí él también
transcurría.
Era una gran plaza abierta, y había olor de existencia.
Un olor a gran sol descubierto, a viento rizándolo,
un gran viento que sobre las cabezas pasaba su mano,
su gran mano que rozaba las frentes unidas y las reconfortaba.
Y era el serpear que se movía
como un único ser, no sé si desvalido, no sé si poderoso,
pero existente y perceptible, pero cubridor de la tierra.
Allí cada uno puede mirarse y puede alegrarse y puede reconocerse.
Cuando, en la tarde caldeada, solo en tu gabinete,
con los ojos extraños y la interrogación en la boca,
quisieras algo preguntar a tu imagen,
no te busques en el espejo,
en un extinto diálogo en que no te oyes.
Baja, baja despacio y búscate entre los otros.
Allí están todos, y tú entre ellos.
Oh, desnúdate y fúndete, y reconócete.
Entra despacio, como el bañista que, temeroso, con mucho amor y recelo al agua,
introduce primero sus pies en la espuma,
y siente el agua subirle, y ya se atreve, y casi ya se decide.
Y ahora con el agua en la cintura todavía no se confía.
Pero él extiende sus brazos, abre al fin sus dos brazos y se entrega completo.
Y allí fuerte se reconoce, y se crece y se lanza,
y avanza y levanta espumas, y salta y confía,
y hiende y late en las aguas vivas, y canta, y es joven.
Así, entra con pies desnudos. Entra en el hervor, en la plaza.
Entra en el torrente que te reclama y allí sé tú mismo.
¡Oh pequeño corazón diminuto, corazón que quiere latir
para ser él también el unánime corazón que le alcanza!

lunes, 25 de julio de 2011

Como a un solo ser (por Antonio Gamoneda)

A las cinco del día, en el invierno,
mi madre iba hasta el borde de mi cama
y me llamaba por mi nombre
y acariciaba mi rostro hasta despertarme.

Yo salía a la calle y aún no amanecía
y mis ojos parecían endurecerse de frío.

No era justo, aunque era hermoso
ir por las calles y escuchar mis pasos
y sentir la noche de los que dormían
y comprenderlos como a un solo ser,
como si descansaran de la misma existencia,
todos en el mismo sueño.

domingo, 24 de julio de 2011

Adiós, adiós (por Luis Cernuda)

Muchachos
que nunca fuisteis compañeros de mi vida,
adiós.
Que no seréis nunca compañeros de mi vida,
adiós.
Mano de viejo mancha
el cuerpo juvenil si intenta acariciarlo.
Con solitaria dignidad el viejo debe
pasar de largo junto a la tentación tardía.
Qué dulce hubiera sido
en vuestra compañía vivir un tiempo:
Bañarse juntos en aguas de una playa caliente,
compartir bebida y alimento en una mesa,
sonreír, conversar, pasearse
mirando cerca, en vuestros ojos, esa luz y esa música.
Adiós, adiós, compañeros imposibles.

sábado, 23 de julio de 2011

Para que yo me llame (por Ángel González)

Para que yo me llame Ángel González,
para que mi ser pese sobre el suelo,
fue necesario un ancho espacio
y un largo tiempo:
hombres de todo el mar y toda tierra,
fértiles vientres de mujer, y cuerpos
y más cuerpos, fundiéndose incesantes
en otro cuerpo nuevo.
Solsticios y equinoccios alumbraron
con su cambiante luz, su vario cielo,
el viaje milenario de mi carne
trepando por los siglos y los huesos.
De su pasaje lento y doloroso
de su huida hasta el fin, sobreviviendo
naufragios, aferrándose
al último suspiro de los muertos,
yo no soy más que el resultado, el fruto,
lo que queda, podrido, entre los restos;
esto que veis aquí,
tan sólo esto:
un escombro tenaz, que se resiste
a su ruina, que lucha contra el viento,
que avanza por caminos que no llevan
a ningún sitio. El éxito
de todos los fracasos. La enloquecida
fuerza del desaliento...

viernes, 22 de julio de 2011

Noche negra (por Federico García Lorca)

El corazón
que tenía en la escuela
donde estuvo pintada
la cartilla primera,
¿está en ti,
noche negra?

(Frío, frío,
como el agua
del río.)

El primer beso
que supo a beso y fue
para mis labios niños
como la lluvia fresca,
¿está en ti,
noche negra?

(Frío, frío,
como el agua
del río.)

Mi primer verso.
La niña de las trenzas
que miraba de frente,
¿está en ti,
noche negra?

(Frío, frío,
como el agua
del río.)

Pero mi corazón
roído de culebras,
el que estuvo colgado
del árbol de la ciencia,
¿está en ti,
noche negra?

(Caliente, caliente,
como el agua
de la fuente.)

Mi amor errante,
castillo sin firmeza,
de sombras enmohecidas,
¿está en ti,
noche negra?

(Caliente, caliente,
como el agua
de la fuente.)

¡Oh gran dolor!
Admites en tu cueva
nada más que la sombra.
¿Es cierto,
noche negra?

(Caliente, caliente,
como el agua
de la fuente.)

jueves, 21 de julio de 2011

¿Qué hilitos pusieron? (por Juan Gelman)

En el vestíbulo del corazón
se alza una casa vieja
que el padre cerraba a llave cada noche.
El patio con helechos
amados por la madre, el carbón
de polentas repetidas, su luz
contra la oscuridad de ollas,
el cielo desplomado.
¿Quién romperá esa red?
¿Adónde se dirige?
¿Quién la tejió, qué hilitos
pusieron que atan todavía?
Su abismo más profundo es el más alto.
No romper sus mensajes con
cuchillos peores que la muerte.

miércoles, 20 de julio de 2011

Desayuno (por Jacques Prévert)

Ha puesto café
en la taza
Ha puesto leche
en la taza de café
Ha puesto azúcar
en el café con leche
Con la cucharilla
lo ha removido
Ha bebido el café con leche
Ha dejado la taza
sin hablarme
Ha encendido
un cigarro
Ha hecho círculos
con el humo
Ha dejado la ceniza
en el cenicero
Sin hablarme
sin mirarme
se ha levantado
Se ha puesto
el sombrero en la cabeza
Se ha puesto
su gabardina
porque llovía
Y se ha marchado
bajo la lluvia
sin una palabra
Y yo..., yo he puesto
mi cabeza sobre mi mano
y he llorado.

martes, 19 de julio de 2011

Miedo (por Raymond Carver)

Miedo de ver una patrulla policial detenerse frente a la casa.
Miedo de quedarme dormido durante la noche.
Miedo de no poder dormir.
Miedo de que el pasado vuelva.
Miedo de que vuele el presente.
Miedo del teléfono que suena en el silencio de la noche muerta.
Miedo a las tormentas eléctricas.
Miedo de la mujer de servicio que tiene una cicatriz en la mejilla.
Miedo a los perros aunque me digan que no muerden.
¡Miedo a la ansiedad!
Miedo a tener que identificar el cuerpo de un amigo muerto.
Miedo de quedarme sin dinero.
Miedo de tener mucho, aunque sea difícil de creer.
Miedo a los perfiles psicológicos.
Miedo a llegar tarde y a llegar antes que cualquiera.
Miedo a ver la letra de mis hijos en la cubierta de un sobre.
Miedo a verlos morir antes que yo, y sentirme culpable.
Miedo a tener que vivir con mi madre durante su vejez, y la mía.
Miedo a la confusión.
Miedo a que este día termine con una nota triste.
Miedo a despertarme y ver que te has ido.
Miedo a no amar y miedo a amar demasiado.
Miedo a que lo que ame sea letal para aquellos que amo.
Miedo a la muerte.
Miedo a vivir demasiado tiempo.
Miedo a la muerte.
Eso ya lo dije.

lunes, 18 de julio de 2011

Ven hacia mí, oh noche (por Fernando Pessoa)

Traigo dentro de mi corazón,
como en un cofre que por lleno no puede cerrarse,
todos los lugares donde estuve,
todos los puertos a los que arribé,
todos los paisajes que vi a través de ventanas o vigilias,
o de alcázares, soñando,
y todo eso, que es tanto, es poco para cuanto quiero.
La entrada de Singapur, mañana naciente, color verde,
el coral de las Maldivas en cálido pasaje,
Macau a cierta hora de la noche... Despierto de repente...
Yat-lo-o-o-o-o-o-o-o-o... Ghi — ...
Y aquello suena para mí desde el fondo de otra realidad...
La estatura norte-africana casi de Zanzíbar al sol...
Dar-es-Salaam (la salida es difícil)...
Mahajanga, Nossi Be, verdes paisajes de Madagascar...
Tempestades en torno al Guardafui...
Y el Cabo de Buena Esperanza nítido al sol matinal...
Y la Ciudad del Cabo con la Montaña de la Mesa al fondo...
Viajé por más tierras de aquellas que toqué...
Vi más paisajes que aquellos en que puse los ojos...
Experimenté más sensaciones que todas las sensaciones que sentí,
porque, por más que sintiese, siempre me faltó qué sentir
y la vida siempre me dolió, siempre fue poco, y yo infeliz.
A ciertos momentos del día recuerdo todo esto y me aterro.
Pienso en qué será lo que me quedará de esta vida a bocados, de este auge,
de esta calle en las curvas, de este automóvil a la vera del camino, de este aviso,
de esta turbulencia tranquila de sensaciones desencontradas,
de esta transfusión, de esta insubsistencia, de esta convergencia irisada,
de este desasosiego en el fondo de todos los cálices,
de esta angustia en el fondo de todos los placeres,
de esta saciedad anticipada en el asa de todas las tazas,
del hastío del juego de cartas entre el Cabo de Buena Esperanza y las Canarias.
No sé si la vida es poco o mucho para mí.
No sé si siento de más o de menos, no sé
si me falta escrúpulo espiritual, punto-de-apoyo en la inteligencia,
consanguinidad con el misterio de las cosas, choque
al contacto, sangre a los golpes, estremecimiento a los ruidos,
o si existe otro significado para esto más cómodo y feliz.
Sea lo que fuere, era mejor no haber nacido,
porque, de tan interesante que es en todo momento,
la vida llega a doler, a enojar, a cortar, a rozar, a rasgar,
a dar ganas de gritar, de golpear, de quedarse en el suelo, de salir
fuera de todas las casas, de todas las lógicas y de todas las salidas,
y devenir salvaje para la muerte entre árboles y olvidos,
entre tumbos y peligros y ausencia de mañanas,
y todo esto debería ser cualquier cosa más parecida a cuanto pienso,
a lo que yo pienso o siento, que ni siquiera sé qué es, oh vida.
Cruzo los brazos sobre la mesa, pongo la cabeza sobre los brazos,
y necesito querer llorar, pero no sé ir a buscar lágrimas...
Por más que me esfuerce por tener una gran tristeza por mí, no lloro,
tengo el alma agrietada bajo el indicador curvo que le toca...
¿Qué ha de ser de mí? ¿Qué ha de ser de mí?
A latigazos sacaron al bobo del palacio, sin razón,
hicieron levantarse al mendigo de la escala en que cayera.
Golpearon al niño abandonado y le arrancaron el pan de las manos.
Oh tristeza inmensa del mundo, lo que falta es actuar...
Tan decadente, tan decadente, tan decadente...
Solo estoy bien cuando escucho música, y ni aún entonces.
Jardines del siglo dieciocho antes del 89,
¿dónde estáis vosotros, que quiero llorar de cualquier manera?
Como un bálsamo que no consuela sino por la idea de ser un bálsamo,
la tarde de hoy y de todos los días, poco a poco, monótona, cae.
Encendieron las luces, cae la noche, se sustituye la vida.
Sea de la manera que fuere, es preciso seguir viviendo.
Me arde el alma como si fuese una mano, físicamente.
Estoy en el camino de todos y se tropiezan conmigo.
Mi quinta en la provincia,
que exista menos que un tren, una diligencia y la decisión de partir entre tú y yo.
Así me quedo, me quedo... Yo soy lo que siempre quiere partir,
y permanece siempre, permanece, permanece,
hasta en la muerte se queda, aunque parta,
permanece, permanece, permanece...
Vuélveme humano, oh noche, vuélveme fraterno y solícito.
Sólo humanitariamente es como se puede vivir.
Sólo amando a los hombres, las acciones, la banalidad de los trabajos,
Solo así —¡Ay de mí!—, solo así se puede vivir.
Solo así, oh noche, ¡y yo nunca podré ser así!
Vi todas las cosas y me maravillé de todo,
pero todo sobró o fue poco —no sé qué— y sufrí.
Viví todas las emociones, todos los pensamientos, todos los gestos,
y quedé tan triste como si hubiese querido vivirlos y no lo hubiera conseguido.
Amé y odié como toda la gente,
pero para toda la gente eso fue normal e instintivo,
y para mí fue siempre la excepción, el choque, la válvula, el espasmo.
Ven, oh noche, y apágame, ven y ahógame en ti.
Oh cariñosa del Más Allá, señora del luto infinito,
tristeza externa de la Tierra, llanto silencioso del Mundo.
Madre suave y antigua de las emociones sin gesto,
hermana más vieja, virgen y triste, de las ideas sin nexo,
novia esperando siempre nuestros propósitos incompletos,
la dirección constantemente abandonada de nuestro destino,
nuestra incerteza pagana sin alegría,
nuestra franqueza cristiana sin fe,
nuestro budismo inerte, sin amor por las cosas ni éxtasis,
nuestra fiebre, nuestra palidez, nuestra impaciencia de pusilánimes,
nuestra vida, oh madre, nuestra perdida vida...
No sé sentir, no sé ser humano, convivir
desde dentro del alma triste con los hombres, hermanos míos en la tierra.
Ni aun sintiendo sé ser útil, ser práctico, ser cotidiano, nítido,
tener un lugar en la vida, tener un destino entre los hombres,
tener una obra, una fuerza, una voluntad, una huerta,
una razón para descansar, una necesidad de distraerme,
una cosa venida directamente de la naturaleza hacia mí.
Por eso, sé maternal conmigo, oh noche tranquila...
Tú, que arrancas el mundo del mundo, tú que eres la paz,
tú que no existes, que eres solo la ausencia de la luz,
tú que no eres una cosa, un lugar, una esencia, una vida,
Penélope del tejido, deshecho mañana, de tu oscuridad,
Circe irreal de los febriles, de los angustiados sin causa,
ven hacia mí, oh noche, sobre mi frente...
Tú, cuya llegada es tan suave que parece un alejamiento,
cuyo flujo y reflujo de tinieblas, cuando la luna exhala,
tiene ondas de cariño muerto, frío de mares de sueño,
brisas de paisajes supuestos para nuestra angustia excesiva...
Tú, pálidamente, tú, flébil, tú, líquidamente,
aroma de muerte entre flores, hálito de fiebre sobre los márgenes,
tú, reina, tú señora del castillo, tú, dama pálida, ven...

domingo, 17 de julio de 2011

¿Tuvimos culpa? (por Saiz de Marco)

¿Tuvimos culpa acaso de que hubiera
que combatir
como hienas o lobos que marcan sus linderos con la orina?

¿Tuvimos culpa acaso de que hubiera

que herirnos unos a otros
por la tierra
en la simiesca mañana incipiente?

¿Tuvimos culpa acaso de que hubiera

que agruparse por
clanes tribus patrias
(como otros por manadas por enjambres…)?

¿Tuvimos culpa acaso de que hubiera

que inventar
ritos dioses y cruzadas?

¿Tuvimos culpa acaso?

¿Lo elegimos?
¿Fue aquello en su semilla
culpa nuestra
o simplemente fuimos mal sembrados?

sábado, 16 de julio de 2011

Olvidando (por Darío Jaramillo)

El olvido no es que algo se borre en la memoria,
el olvido te ocupa todo el tiempo, a la hora del trabajo o del aseo, cuando comes o rezas no te olvidas de olvidar.
nadie repite, no hay regresos, lo sabemos, pero no descanso de olvidarte,
me gasto cada noche entera contigo, olvidándote. Tú bien lejos y yo aquí contigo
Te expulso de mí, te exorcizo, te llamo a cada segundo para que salgas de mi alma, para que tu fantasma no me anule.
Ah, nuestros momentos de dicha quedan demasiado lejos y ya no me justifican los insomnios de este olvido minucioso.
Se me va un día entero olvidando cada minuto de nosotros.

viernes, 15 de julio de 2011

No quisiera volver (por Luis Cernuda)

No quiero recordar
un instante feliz entre tormentos;
goce o pena es igual,
todo es triste al volver.

Aún va conmigo como una luz ajena
aquel destino niño,
aquellos dulces ojos juveniles,
aquella antigua herida.

No, no quisiera volver,
sino morir aún más,
arrancar una sombra,
olvidar un olvido.

jueves, 14 de julio de 2011

Esta lluvia (por Jorge Luis Borges)

Bruscamente la tarde se ha aclarado
porque ya cae la lluvia minuciosa.
Cae o cayó. La lluvia es una cosa
que sin duda sucede en el pasado.
Quien la oye caer ha recobrado
el tiempo en que la suerte venturosa
le reveló una flor llamada rosa
y el curioso color del colorado.
Esta lluvia que ciega los cristales
alegrará en perdidos arrabales
las negras uvas de una parra en cierto
patio que ya no existe. La mojada
tarde me trae la voz, la voz deseada,
de mi padre que vuelve y que no ha muerto.

miércoles, 13 de julio de 2011

Y mi voz quemadura (por Xavier Villaurrutia)

En medio de un silencio desierto como la calle antes del crimen
sin respirar siquiera para que nada turbe mi muerte
en esta soledad sin paredes
al tiempo que huyeron los ángulos
en la tumba del lecho dejo mi estatua sin sangre
para salir en un momento tan lento
en un interminable descenso
sin brazos que tender
sin dedos para alcanzar la escala que cae de un piano invisible
sin más que una mirada y una voz
que no recuerdan haber salido de ojos y labios
¿qué son labios? ¿qué son miradas que son labios?
Y mi voz ya no es mía
dentro del agua que no moja
dentro del aire de vidrio
dentro del fuego lívido que corta como el grito
Y en el juego angustioso de un espejo frente a otro
cae mi voz
y mi voz que madura
y mi voz quemadura
y mi bosque madura
y mi voz quema dura
como el hielo de vidrio
como el grito de hielo
aquí en el caracol de la oreja
el latido de un mar en el que no sé nada
en el que no se nada
porque he dejado pies y brazos en la orilla
siento caer fuera de mí la red de mis nervios
mas huye todo como el pez que se da cuenta
hasta ciento en el pulso de mis sienes
muda telegrafía a la que nadie responde
porque el sueño y la muerte nada tienen ya que decirse
.

martes, 12 de julio de 2011

Que por eso está vivo (por Juan Vicente Piqueras)

Nadie es perfecto, claro, y nadie sabe
que por eso está vivo, que le debe
la vida a sus defectos, que vivir
es tarea de astutos, de cobardes.


Si hemos sobrevivido a aquel dolor
que amenazaba con aniquilarnos
es porque no supimos sufrir como queríamos
y fuimos incapaces de fallecer en él.
O fue la vida, que se ama a sí misma
más que nosotros, la que lo impidió.


El miedo es, a menudo, un buen refugio.
La pereza protege. La cobardía salva.
Quizá exagero para que me entiendas:
si seguimos viviendo lo debemos
a no saber sentir, al deterioro
de nuestro asombro, al miedo
y a la astucia de los supervivientes.


Yo sé bien que la muerte se enamora
de los mejores, que se los lleva pronto.
Los demás olvidamos si podemos
que no somos lo que desearíamos,
que la memoria inventa lo vivido
para ayudarnos a seguir viviendo.


Todo nuestro saber es nuestra astucia
en adaptarse al medio, en ir tirando,
en adaptarse al miedo, en no morir.
Y así nos va, nos vamos
perdiendo el tiempo, devorando días
y llevando la vida que podemos
por no saber llevar la que soñamos.

lunes, 11 de julio de 2011

Me alivias tanto (por Ko Un)

¿Podría arrullar a esa niña meciéndola
con estas manos frías
empapadas de sol de otoño?

Duerme, duerme. Me alivias tanto.
A mí mismo me arrullo
cuando te duermo.

domingo, 10 de julio de 2011

Esas grandes preguntas (por Karmelo Iribarren)

Las tres
de la madrugada.
Que vengan
esas grandes preguntas,
que ya tengo mis respuestas:
El viento
y la lluvia
ahí fuera,
y aquí
al lado
tu respiración.

sábado, 9 de julio de 2011

Malos recuerdos (por Antonio Gamoneda)

Llevo colgados de mi corazón
los ojos de una perra y, más abajo,
una carta de madre campesina.

Cuando yo tenía doce años,
algunos días, al anochecer,
llevábamos al sótano a una perra
sucia y pequeña.

Con un cable le dábamos y luego
con las astillas y los hierros. (Era
así. Era así.
Ella gemía,
se arrastraba pidiendo, se orinaba,
y nosotros la colgábamos para pegar mejor).

Aquella perra iba con nosotros
a las praderas y los cuestos. Era
veloz y nos amaba.



Cuando yo tenía quince años,
un día, no sé cómo, llegó a mí
un sobre con la carta del soldado.
Le escribía su madre. No recuerdo:
"¿Cuándo vienes? Tu hermana no me habla.
No te puedo mandar ningún dinero…"

Y, en el sobre, doblados, cinco sellos
y papel de fumar para su hijo.
"Tu madre que te quiere."
No recuerdo
el nombre de la madre del soldado.

Aquella carta no llegó a su destino:
yo robé al soldado su papel de fumar
y rompí las palabras que decían
el nombre de su madre.



Mi vergüenza es tan grande como mi cuerpo,
pero aunque tuviese el tamaño de la tierra
no podría volver y despegar
el cable de aquel vientre ni enviar
la carta del soldado.

viernes, 8 de julio de 2011

La pregunta triste (por Walt Whitman)

¡Oh mi yo! ¡Oh vida! De sus preguntas que vuelven,
del interminable desfile de los desleales, de las
ciudades llenas de necios,
de mí mismo, que me reprocho siempre (pues
¿quién más necio que yo, ni más desleal?),
de los ojos que en vano ansían la luz, de los objetos
despreciables, de la lucha siempre renovada,
de los malos resultados de todo, de las multitudes
afanosas y sórdidas que me rodean,
de los años vacíos e inútiles de los demás, yo
entrelazado con los otros.

La pregunta, ¡oh mi yo!, la pregunta triste
vuelve: ¿qué de bueno hay en medio de estas
cosas, oh mi yo, oh vida?
Respuesta: Que estás aquí, que existe la vida y la identidad,
que prosigue el poderoso drama y que
tú puedes contribuir con un verso.

jueves, 7 de julio de 2011

Mentiras (por Gloria Fuertes)

Hemos de procurar no mentir mucho.
Sé que a veces mentimos para no hacer un muerto,
para no hacer un hijo o evitar una guerra.

De pequeña mentía con mentiras de azúcar,
decía a las amigas: "Tengo cuarto de baño"
—mi casa era pobre, con el retrete fuera—.
"Mi padre es ingeniero" y era sólo fumista,
pero yo le veía ingeniero ingenioso

Me costó la costumbre de arrancar la mentira,
me tejí un vestido de verdad que me cubre,
a veces voy desnuda.

Desde entonces me quedo sin hablar muchos días.

miércoles, 6 de julio de 2011

Cuando tú quedes libre de este cuerpo (por Juan Ramón Jiménez)

Conciencia… Conciencia, yo, el tercero, el caído, te digo a ti (¿me oyes, conciencia?). Cuando tú quedes libre de este cuerpo, cuando te esparzas en lo otro (¿qué es lo otro?), ¿te acordarás de mí con amor hondo; ese amor hondo que yo creo que tú, mi tú y mi cuerpo se han tenido tan llanamente, con un convencimiento doble que nos hizo vivir un convivir tan fiel como el de un doble astro cuando nace en dos para ser uno? ¿Y no podremos ser por siempre, lo que es un astro hecho de dos?

¿No te apena dejarme? ¿Y por qué te has de ir de mí, conciencia? ¿No te gustó mi vida? … ¿Qué sustancia le pueden dar los dioses a tu esencia, que no pudiera darte yo? … ¿Y te has de ir de mí tú, tú, a integrarte en un dios, en otro dios que éste que somos mientras tú estás en mí?

martes, 5 de julio de 2011

Te ofrezco (por Jorge Luis Borges)

¿Con qué puedo retenerte?
Te ofrezco estrechas calles, atardeceres desesperados, la luna de los suburbios derruidos.
Te ofrezco la amargura de un hombre que ha visto mucho tiempo la luna solitaria.
Te ofrezco mis ancestros, mis hombres muertos, los fantasmas que los vivos han honrado en bronce: el padre de mi padre muerto en la frontera de Buenos Aires, dos balas atravesaron sus pulmones, barbado y muerto, fue envuelto por sus soldados en cuero de vaca; el abuelo de mi madre—con tan sólo veinticuatro años—encabezando una cargada de trescientos hombres en Perú, ahora fantasmas en caballos esfumados.
Te ofrezco cualquier acierto que mis libros puedan encerrar, cualquier virilidad o humor en mi vida.
Te ofrezco la lealtad de un hombre que nunca ha sido leal.
Te ofrezco el centro de mí mismo que salvé de algún modo—el corazón central que no utiliza palabras, no trafica con sueños y está intocado por el tiempo, por la desdicha, por las adversidades.
Te ofrezco el recuerdo de una rosa amarilla vista al atardecer, años antes de que nacieras.
Te ofrezco explicaciones de ti mismo, teorías sobre ti mismo, autenticas y sorprendentes noticias de ti mismo.
Te puedo dar mi soledad, mi oscuridad, el hambre de mi corazón; trato de sobornarte con la incertidumbre, con el peligro, con la derrota.

lunes, 4 de julio de 2011

A veces (por Nicolás Guillén)

A veces tengo ganas de ser cursi
para decir: La amo a usted con locura.
A veces tengo ganas de ser tonto
para gritar: ¡La quiero tanto!
A veces tengo ganas de ser un niño
para llorar acurrucado en su seno.
A veces tengo ganas de estar muerto
para sentir, bajo la tierra húmeda de mis jugos,
que me crece una flor, rompiéndome el pecho
una flor, y decir: Esta flor,
para usted.

domingo, 3 de julio de 2011

Un hombre pasa (por César Vallejo)

Un hombre pasa con un pan al hombro.
¿Voy a escribir, después, sobre mi doble?

Otro se sienta, ráscase, extrae un piojo de su axila, mátalo.
¿Con qué valor hablar del psicoanálisis?

Otro ha entrado a mi pecho con un palo en la mano.
¿Hablar luego de Sócrates al médico?

Un cojo pasa dando el brazo a un niño.
¿Voy, después, a leer a André Breton?

Otro tiembla de frío, tose, escupe sangre.
¿Cabrá aludir jamás al Yo profundo?

Otro busca en el fango huesos, cáscaras.
¿Cómo escribir, después, del infinito?

Un albañil cae de un techo, muere y ya no almuerza.
¿Innovar, luego, el tropo, la metáfora?

Un comerciante roba un gramo en el peso a un cliente.
¿Hablar, después, de cuarta dimensión?

Un banquero falsea su balance.
¿Con qué cara llorar en el teatro?

Un paria duerme con el pie a la espalda.
¿Hablar, después, a nadie de Picasso?

Alguien va en un entierro sollozando.
¿Cómo luego ingresar en la Academia?

Alguien limpia un fusil en su cocina.
¿Con qué valor hablar del más allá?

Alguien pasa contando con los dedos.
¿Cómo hablar del no-yo sin dar un grito?

sábado, 2 de julio de 2011

Las hojas que estaban muertas han resucitado (por Jacques Prévert)

Al entierro de una hoja muerta
van dos caracoles
Tienen la concha negra
crespones alrededor de los cuernos
Van por la tarde
una preciosa tarde de otoño
Desgraciadamente cuando llegan
es ya primavera
Las hojas que estaban muertas
han resucitado
y los dos caracoles
se hallan muy decepcionados
Pero he ahí el sol
el sol que les dice
Tomaos la molestia
la molestia de sentaros
Tomad un vaso de cerveza
si os lo pide el cuerpo
Tomad si os apetece
el autocar para París
Saldrá esta tarde
veréis el país
Pero no os pongáis de luto
soy yo quien os lo dice
Ennegrece el blanco de los ojos
y además afea
Las historias de ataúdes
son tristes, no son hermosas
Retomad vuestros colores
los colores de la vida
Entonces todos los animales
los árboles y las plantas
se ponen a cantar
a cantar a voz en grito
la verdadera canción viva
la canción del verano
Y todo el mundo a beber
todo el mundo a brindar
Es una preciosa tarde
una precisa tarde de verano
y los dos caracoles
vuelven a sus casas
Van emocionados
van muy contentos
Como han bebido mucho
titubean un poquito
Pero en lo alto en el cielo
vela por ellos la luna.

viernes, 1 de julio de 2011

Ahora que te has ido (por Raymond Carver)

Ahora que te has ido durante cinco días,
fumaré todos los cigarrillos que quiera y
donde quiera. Haré bollos y me los comeré
con mermelada y tocino. Haré el vago. Seré
indulgente conmigo mismo. Pasearé por la playa solo
si me apetece. Y me apetece, a solas y pensando en mis años de juventud.

En las personas que entonces me amaron más allá de la razón.
Y en cómo yo las amé a ellas sobre todas las demás.
Excepto de una. ¡Estoy diciendo que haré todo
lo que quiera mientras estás fuera!
Pero hay una cosa que no haré.
No dormiré en nuestra cama sin ti.
No. No tengo ganas.
Dormiré ahí donde suelto una blasfemia si me apetece,
ahí donde duermo cuando estás fuera
y no puedo abrazarte como lo hago.
En el sofá roto de mi estudio.

jueves, 30 de junio de 2011

Víspera de viaje (por Fernando Pessoa)

Víspera de viaje, campanilla...
¡No me avisen con excesiva estridencia!

Quiero disfrutar del reposo de la estación del alma que tengo
antes de ver avanzar hacia mí la llegada de hierro
del tren definitivo,
antes de sentir la partida verdadera en la boca del estómago,
antes de poner en el estribo un pie
que nunca aprendió a no emocionarse siempre que tuvo que partir.
Quiero, en este momento, fumando en el apeadero de hoy,
seguir todavía un poco agarrado a la antigua vida.
Vida inútil, que sería mejor dejar, que es una celda…
¿Qué importa?
Todo el Universo es una celda, y estar preso no tiene nada que ver con el tamaño de la celda.

Me sabe a náusea próxima el pitillo. El tren ya partió de la otra estación...
Adiós, adiós, adiós, a todos los que no vinieron a despedirse de mí,
mi familia abstracta e imposible.
¡Adiós día de hoy, adiós apeadero de hoy, adiós vida, adiós vida!
Quedarme como un bulto con etiqueta olvidado,
en un rincón al resguardo de pasajeros del otro lado de la vía.
Ser encontrado por el guarda casual después de la partida.
«¿Y ésta? ¿Se la habrá dejado un tipo aquí?».
Quedarse pensando sólo en partir,
quedarse y tener razón,
quedarse y morir menos...

Voy hacia el futuro como hacia un examen difícil.
¿Y si el tren nunca llegara y Dios se apiadara de mí?

Ya me veo en la estación, hasta aquí simple metáfora.
Soy una persona perfectamente presentable.
Se nota -dicen- que he vivido en el extranjero.
Mis modales son de hombre educado, evidentemente.

Tomo la maleta, rechazando al mozo, como a un vicio vil.
Y la mano con que tomo la maleta me tiembla.

¡Partir!
Nunca volveré.
Nunca volveré porque nunca se vuelve.
El lugar al que se vuelve siempre es otro,
la estación a la que se vuelve es otra.
Ya no está la misma gente, ni la misma luz, ni la misma filosofía.

¡Partir! ¡Dios mío, partir! ¡Me da miedo partir!...

miércoles, 29 de junio de 2011

Vos allí (por Juan Gelman)

En la soledad de ella
me acompaña en días sin rostro conocido,
esperan su visita siempre.
Caminar por el borde
de su constelación es instrumento
de un amor que no supo.
El tiempo no resuelve nada, madre,
ahí estamos, vos allí, yo
huyo en silencio
de lo que no te pude dar cuando
las lágrimas lavaban tus mejillas.
Las batas del verano ciñeron
tus olvidos de vos, otras tierras.
Qué hermosa eras en tu desolación,
te parecías a
la palabra que no alcanzo a decir,
la línea negra de la pureza
que nadie sabe cruzar.

martes, 28 de junio de 2011

¿Qué vine a hacer aquí? (por Saiz de Marco)

¿Qué vine a hacer aquí
en el museo arqueológico del tiempo evadido
en el recinto fósil de los días arrancados
si ya no quedan voces
sólo ecos
si ya no quedan luces
sólo sombras
y todos los demás son ahora otros
y ni siquiera yo soy el mismo?

¿Qué vine a hacer en este
teatro de ruina y óxido
donde sólo subsisten
decorados
muebles
donde no sobrevive más que el
escenario?

lunes, 27 de junio de 2011

Aunque no haya camino (por Princesa Inca)

La mujer agarra sus dientes y sus huesos
y huye a cualquier desierto cercano
los metros registran en sus vías lágrimas y desorden
el cemento manifiesta ganas de llorar y llora entre adoquines
y cigarros apagados
muchas veces siente la libertad en los ojos
mirando cómo huyen las palomas de la muerte
como huye la saliva de boca en boca amándose

la mujer agarra sus bártulos y su olvido y sigue su camino
aunque no haya camino
aunque en lugar de una mujer sea sólo una fuente
las mariposas negras se posan en la lengua de los dormidos
y tragan la sangre de todas las madres que desaparecieron

así se sitúa la vida en el vientre del universo
engañando a los que parecen entenderlo todo
sin recordar que en una hora no conocida serán cadáver y sombra

el hilo del infinito juega con las noches oscuras
mientras dos niñas se besan y desaparecen sus almas
camino de un paraíso irreconocible

yo me desnudo y recorro el cuerpo de los fantasmas
con un miedo atroz a desaparecer en el delirio
y a la vez con unas ganas irresistibles de fundirme en él

mis brazos abrazan el aire y escupen versos
mi garganta sufre humo y palabras

despierto al alba insomne y perdida
con la sangre atiborrada de Litio y espera
con las pupilas grandes y erráticas

mi alma tiene un hambre grande de sueños y vísperas de desorden
mis manos conocen el tacto de otra mano enemiga

así transcurre el tiempo entre muertes y juegos
entre el primer error y el segundo y el tercer error
sin saber dónde situar la verdad y el engaño más absoluto
sin saber el origen de todo lo que parece existir y parpadea

los monstruos sonríen sin saber por qué
aposentan sus faces en los pechos de las luciérnagas desnudas
y confunden su luz con el resplandor del sol muriéndose

así por fin viajaremos al sueño y no volveremos de él
así por fin conoceremos el destino de los enloquecidos
que confunden cadenas con abrazos tibios

así regresaremos al vientre plácido y húmedo
y no volveremos al territorio de la memoria

así las mujeres cogerán su útero y huirán al océano
donde se alimentarán de su propia carne

huirán lejos, lejos, lejos

donde nadie niegue sus delirios de destellos azules

domingo, 26 de junio de 2011

Siempre empezar (por Tomás Segovia)

Todo es siempre empezar.
Volver a sostener la mirada sigue siendo empezar.
Y esta frente desnuda que expongo al viento incauto
gozando todavía de su caricia helada
es la frente de un héroe.

sábado, 25 de junio de 2011

Última forma de amar (por Pedro Salinas)

No quiero que te vayas
dolor, última forma
de amar.

En esa realidad
hundida que se niega
a sí misma y se empeña
en que nunca ha existido,
que sólo fue un pretexto
mío para vivir.
Si tú no me quedaras,
dolor, irrefutable,
yo me lo creería.

Tu verdad me asegura
que nada fue mentira.
Y mientras yo te sienta,
tú me serás, dolor,
la prueba de otra vida
en que no me dolías.

viernes, 24 de junio de 2011

Golpes (por César Vallejo)

Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma... ¡Yo no sé!
Son pocos; pero son... Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros Atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.
Son las caídas hondas de los Cristos del alma
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.
Y el hombre... Pobre... ¡Pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.

jueves, 23 de junio de 2011

Impuro (por Nicolás Guillén)

Yo no voy a decirte que soy un hombre puro,
entre otras cosas
falta saber si lo puro existe
o si es, pongamos, necesario
o posible
o si sabe bien.
¿Acaso tú has probado el agua químicamente pura,
el agua de laboratorio,
sin un grano de tierra o de estiércol,
sin el pequeño excremento de un pájaro,
el agua hecha no más de oxígeno e hidrógeno?
Puaj, qué porquería.
Yo no te digo, pues, que soy un hombre puro.
Soy impuro, ¿qué quieres que te diga?
Completamente impuro.
Sin embargo
creo que hay muchas cosas puras en el mundo
que no son más que pura mierda.

miércoles, 22 de junio de 2011

Quise mirar (por Ángel González)

Quise mirar el mundo con tus ojos
ilusionados, nuevos,
verdes en su fondo
como la primavera.

Entré en tu cuerpo lleno de esperanza
para admirar tanto prodigio desde
el claro mirador de tus pupilas.

Y fuiste tú la que acabaste viendo
el fracaso del mundo con las mías.

martes, 21 de junio de 2011

Entre dos formas de asfixia (por José Emilio Pacheco)

En el último río de la ciudad, por error
o incongruencia fantasmagórica, vi
de repente un pez casi muerto. Boqueaba
envenenado por el agua inmunda, letal
como el aire nuestro. Qué frenesí
el de sus labios redondos,
el cero móvil de su boca.
Tal vez la nada
o la palabra inexpresable,
la última voz
de la naturaleza en el valle.
Para él no había salvación
sino escoger entre dos formas de asfixia.
Y no me deja en paz la doble agonía,
el suplicio del agua y su habitante.
Su mirada doliente en mí,
su voluntad de ser escuchado,
su irrevocable sentencia.
Nunca sabré lo que intentaba decirme
el pez sin voz que sólo hablaba el idioma
omnipotente de nuestra madre la muerte.

lunes, 20 de junio de 2011

La gran ola te trajo (por Jorge Luis Borges)

El inútil amanecer me encuentra en una esquina desierta; he sobrevivido a la noche.
Las noches son olas orgullosas; olas pesadas y oscuras, abrumadas con todos los tintes del despojo, abrumadas con cosas imposibles y deseables.
Las noches tienen un hábito de regalos misteriosos y de rechazos, de cosas a medio entregar, a medio rehusar, de joyas con un hemisferio oscuro.
Las noches actúan de esa manera, te lo advierto.
El oleaje, esa noche, me dejó los acostumbrados retazos y cabos sueltos: algunos odiados amigos para charlar, música para los sueños, y el humear de amargas cenizas. Cosas que no le sirven a mi corazón hambriento.
La gran ola te trajo.
Palabras, unas palabras, tu risa; y tú tan indolente, tan incesantemente hermosa. Charlamos y has olvidado las palabras.
El destrozado amanecer me encuentra en una calle desierta de mi ciudad.
Tu figura que se aleja, los sonidos que van a formar tu nombre, la cadencia de tu risa: estos son los insignes juguetes que me dejaste.
Los pongo de cabeza en la madrugada, los pierdo, los recupero; se lo cuento a un puñado de perros vagabundos y a las pocas estrellas extraviadas de la aurora
Tu oscura y esplendorosa vida...

domingo, 19 de junio de 2011

Pavoroso misterio de haber (por Fernando Pessoa)

A veces medito,
a veces medito, y medito más hondo, y aún más hondo
y todo el misterio de las cosas aparece para mí como aceite en la superficie,
y todo el universo es un mar de caras y de ojos cerrados hacia mí.
Cada cosa —un farol en la esquina, una piedra, un árbol—
es un ojo que me observa desde un abismo incomprensible,
y desfilan en mi corazón los dioses todos, y las ideas de los dioses.

¡Ah, que haya cosas!
¡Ah, que haya seres!
¡Ah, que haya forma de haber seres,
de haber haber,
de haber cómo haber haber,
de haber...!
¡Ah, que exista el fenómeno abstracto —existir,
haber conciencia y realidad—,
lo que quiera que esto sea...!
¿Cómo puedo expresar el horror que todo esto me causa?
¿Cómo puedo decir cómo es esto para que se sienta?
¿Cuál es el alma de que haya ser?

Ah, el pavoroso misterio de que exista la más pequeña cosa.
Por qué el pavoroso misterio de haber cualquier cosa
Por qué el pavoroso misterio de haber...

sábado, 18 de junio de 2011

Pero no apaga los ojos (por Marcel Proust)

Todo lo borra el tiempo como las olas borran
los trabajos infantiles sobre la arena llana.
Habremos de olvidar estas palabras tan precisas, tan vagas,
tras las que cada uno siente el infinito.
Todo lo borra todo el tiempo pero no apaga los ojos,
sean de ópalo, de estrella o de agua clara;
bellos como en el cielo o en un lapidario
arderán para nosotros con fuego alegre o triste.
Unos, joyas robadas de su vivo joyero,
lanzarán a mi corazón sus duros reflejos de piedra
igual que un día en que engastados, sellados en el párpado,
brillaban con fulgor precioso y frustrante.
Otros, dulces fuegos robados también por Prometeo,
chispa de amor que brillaba en sus ojos
y que para nuestro amado tormento hemos llevado,
claridades demasiado puras o joyas demasiado preciosas.
Constelad por siempre el cielo de mi memoria,
inextinguibles ojos de aquellas que amé.
Soñad como los muertos, fulgid como aureolas.
Como una noche de mayo brillará mi corazón.
Borra el olvido como una bruma los rostros,
los gestos adorados en otro tiempo a lo divino,
por quienes estuvimos locos, por quienes fuimos sensatos,
fascinación del error y símbolos de fe.
Todo lo borra el tiempo, la intimidad de las noches,
mis dos manos en su cuello como la nieve virgen,
sus miradas que acarician como un arpegio mis nervios
mientras sobre nosotros la primavera agita sus incensarios.
Otros, sin embargo, los ojos de una mujer alegre,
así como las penas eran vastos y negros.
Espanto de las noches, misterio de las tardes,
entre esas mágicas cejas estaba toda su alma
y su corazón era vano como una mirada alegre.
Otros, como el mar tan cambiante y tan dulce,
nos extraviaban hacia el alma hundida en sus ojos
como en esas tardes marinas a que nos empuja lo ignorado.
Sobre tus claras aguas navegábamos, mar de los ojos,
henchía el deseo nuestras velas remendadas
y olvidando las tempestades pasadas, partíamos
sobre las miradas para descubrir las almas.
Tantas miradas diversas, tan parejas las almas,
qué decepción para nosotros, viejos prisioneros de los ojos.
Habríamos debido quedarnos a dormir bajo la pérgola,
pero os habríais ido igual de haberlo sabido todo.
Para tener en el corazón estos ojos prometedores
como un mar de atardecer que sueña con el sol
habéis realizado gestas inútiles.
Para alcanzar el país soñado que, bermejo,
gemía de éxtasis más allá de las verdaderas aguas
bajo el arca sagrada de una nube que creíamos profética.
Pero es dulce tener estas heridas para un sueño
y vuestro recuerdo fulge como una fiesta.

viernes, 17 de junio de 2011

1938 (por Charles Simic)

Los nazis marcharon sobre Viena.
Superman hizo su debut en Action Comics.
Stalin purgó a sus amigos revolucionarios.
El primer Dairy Queen abrió en Kankakee, Illinois.
Yo, en mi cuna, me meaba en los pañales.

“Debes de haber sido un hermoso bebé”, cantaba Bing Crosby.
Un piloto al que los periódicos llamaron “Camino Equivocado Corrigan”
despegó de Nueva York con dirección a California
y acabó aterrizando en Irlanda mientras yo veía a mi madre
sacarse un pecho del camisón azul y dirigirse hacia mí.

Aquel septiembre hubo un huracán que trasladó un cine
desde la playa de Westhampton a algún sitio en medio del mar.
La gente temía que el mundo estuviera a punto de acabarse.
Un pez que se creía extinto desde hacía setenta millones de años
apareció en una red de pesca en la costa de Suráfrica.

Yo estaba en mi cuna mientras los días se hacían más breves y fríos.
La primera gran nevada cayó durante la noche
sumiendo mi habitación en un gran silencio.
Me parece haberme oído llorar durante mucho, mucho tiempo.

jueves, 16 de junio de 2011

Faltó poco (por Wislawa Szymborska)

Faltó poco
y mi madre podría haberse casado
con el señor Zbigniew Wola.
Y si hubieran tenido una hija, no habría sido yo.
Quizá habría tenido mejor memoria para los nombres
y las caras,
y para las melodías oídas una sola vez.
Habría reconocido sin problemas qué pájaro era cuál.
Habría tenido excelentes notas en física
y química,
peores en lengua,
pero habría escrito a escondidas poemas
claramente más interesantes que los míos.

Faltó poco
y mi padre podría haberse casado en ese mismo momento
con la señorita Jadwiga R.
Y si hubieran tenido una hija, no habría sido yo.
Quizá habría sido más terca en lo de salirse con la suya.
Y se habría lanzado sin temor a aguas profundas,
capaz de abandonarse a emociones gregarias.
Vista continuamente en varios lugares al mismo
tiempo,
pero rara vez entre libros, más a menudo en la calle
jugando a la pelota con los chicos.

Quizá incluso se habrían encontrado ambas
en la misma escuela, en la misma clase.
Pero no habrían sido amigas,
no habrían tenido ningún parentesco,
y en las fotos de grupo estarían lejos una de otra.

Niñas, poneos ahí
-habría dicho el fotógrafo-.
Las más bajas delante, las más altas detrás.
Y sonreíd cuando os dé la señal.
Pero contad antes
si estáis todas.

-Sí señor, estamos todas.

miércoles, 15 de junio de 2011

Dos vidas, un instante (por Vladimir Holan)

Entramos en el ascensor y estábamos allí los dos solos.
Nos miramos sin hacer otra cosa.
Dos vidas, un instante, la plenitud, la felicidad...
En el quinto piso ella bajó y yo, que continuaba,
comprendí que nunca más la vería,
que era un encuentro de una vez para siempre
y que aunque la hubiera seguido lo habría hecho como un muerto,
y que si ella se hubiera vuelto hacia mí
sólo habría podido hacerlo desde el otro mundo.

martes, 14 de junio de 2011

Donde se hunden (por Juan Gelman)

En la intemperie de dos cuerpos
se sabe haber lo que no
se puede haber y el tiempo y la memoria
tejen una belleza diferente. Lento
es el abismo donde se hunden
las asambleas del odio y todo
es un pedazo, menos
el aire absuelto por vos.
La cosa obrada es imperfecta y el vacío
entre las dos verdades parece
un manantial de aguas henchidas
que produce todas las cosas, menos
un ojo más perfecto que el sol
cuando te dora. Es
la libertad que hacés y no cesa,
la palabra que no se esconde en
el banquete de la razón donde
alimañas, sierpes, otras bestias
comen reflejos de la lengua.

lunes, 13 de junio de 2011

Estás enferma, oh rosa (por William Blake)

Estás enferma, ¡oh rosa!
El gusano invisible,
que vuela, por la noche,
en el aullar del viento,
tu lecho descubrió
de alegría escarlata,
y su amor sombrío y secreto
consume tu vida.



domingo, 12 de junio de 2011

Donde antes caminara el sacerdote (por Félix de Azúa)

Por toda referencia
en el paisaje que la nieve ha cubierto
(las sombras ahora resplandecen)
borrado incluso el trecho
donde antes caminara el sacerdote,
un hombre busca el norte, el sur,
el este y el oeste.
El hombre, único en el paisaje,
busca el norte y el sur
y el este y el oeste.

sábado, 11 de junio de 2011

Gana la muerte (por Saiz de Marco)

La muerte gana pero no levanta los brazos
Cuando cruza la meta no descorcha champán
no canta victoria
no hace la uve con los dedos
La muerte gana sin euforia
sin entusiasmo
La muerte gana sin pasión
sin convicción
La muerte gana tímidamente y sin orgullo
(¿quién presumiría de abatir piezas tan frágiles?)
La muerte no goza, no saborea su triunfo
La muerte gana cumpliendo órdenes estrictas
La muerte gana por imperativo legal
La muerte gana con desgana
La muerte gana sin ganas de ganar
Sí, otra vez ganó hoy la muerte y quizás
en el fondo
deseaba perder

viernes, 10 de junio de 2011

A veces (por Nicolás Guillén)

A veces tengo ganas de ser cursi
para decir: La amo a usted con locura.
A veces tengo ganas de ser tonto
para gritar ¡La quiero tanto!
A veces tengo ganas de ser niño
para llorar acurrucado en su seno.
A veces tengo ganas de estar muerto
para sentir, bajo la tierra húmeda de mis jugos,
que me crece una flor, rompiéndome el pecho
una flor, y decir: Esta flor,
para usted.

jueves, 9 de junio de 2011

Donde la rosa estaba (por Walter de la Mare)

Sólo está el viento donde la rosa estaba,
fría la lluvia donde estaba la hierba,
y nubes como ovejas
trepan por los abruptos
y grises cielos donde la alondra estaba.

No está ya el oro donde tu pelo estaba,
no está el calor donde estaba tu mano,
sino vago, perdido
debajo del espino,
tu espectro está donde tu rostro estaba.

Triste el viento donde estaba tu voz,
lágrimas donde mi corazón estaba,
y ya siempre conmigo,
hijo, siempre conmigo,
sólo el silencio donde estaba la esperanza.